Nuevo tratamiento para la esclerosis múltiple progresiva: entre lo convencional y lo alternativo
Un paciente diagnosticado de esclerosis múltiple progresiva primaria (EMPP) inicia mañana un tratamiento con pectina para frenar el deterioro cognitivo. El diagnóstico llegó tras un síntoma sutil en 2022: arrastrar el pie derecho mientras trabajaba. Desde entonces, ha recibido Ocrelizumab (Ocrevus), un anticuerpo monoclonal que ralentiza la enfermedad, pero que no logra detener la progresión. La EMPP afecta aproximadamente al 15% de los pacientes con esclerosis múltiple y se caracteriza por un empeoramiento continuo sin brotes claros.
Ocrelizumab: eficacia limitada en la forma progresiva
Ocrelizumab es el único fármaco aprobado para EMPP, pero su eficacia es modesta: reduce la progresión en un 24% comparado con placebo, según ensayos clínicos. El paciente reporta que la enfermedad está «ralentizada», pero recalca que la medicina actual cronifica, no cura. Esta limitación empuja a muchos pacientes a buscar alternativas más allá de la neurología convencional.
La brecha con la medicina alternativa
En la comunidad de pacientes, la desconfianza hacia la farmaindustria es palpable. «La ciencia pasó a $ien$ia hace 20 años», señala el paciente. Surgen opciones como el cannabis medicinal –desestimado por su neuróloga–, el Protocolo Coimbra (altas dosis de vitamina D), suplementos remielinizantes o aceites esenciales. El aceite de orégano concentrado se vende a 68,30 € por 100 ml, y el agua de mar de la marca Quinton facturó 7,5 millones de euros en 2022. Sin embargo, la evidencia científica de estas terapias es escasa o ausente.
Pectina para el cerebro
El nuevo tratamiento a base de pectina –una fibra soluble– se dirige al deterioro cognitivo, una preocupación central para quien ya afronta problemas motores. Aunque hay estudios preliminares sobre su efecto antiinflamatorio, no existe consenso médico sobre su utilidad en EM. El paciente lo asume con escepticismo: «Ya sabemos cronificar, no curar».
El coste de la esperanza
La búsqueda de soluciones se convierte en un laberinto de opciones caras y sin garantías. Entre fármacos de alto precio y suplementos sin respaldo, los pacientes invierten tiempo y dinero en lo que promete alivio. La pregunta que queda abierta: ¿dónde está el límite entre la medicina basada en evidencia y la esperanza de una cura que aún no llega?
Este artículo no constituye consejo médico. Consulte a su especialista.
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