Empezar a correr después de años: un kilómetro a 8 km/h es más inteligente de lo que parece
Imagínese a alguien que, tras años de sedentarismo, se calza las zapatillas y completa un kilómetro en siete minutos. Suena modesto, incluso decepcionante. Pero no lo es. Quien vuelve a correr sabe que el primer día no se mide por la distancia, sino por la decisión de salir. Y esa decisión, con datos de la OMS en la mano, ya cubre una parte significativa del objetivo semanal de ejercicio intenso.
La Organización Mundial de la Salud recomienda 75 minutos semanales de actividad vigorosa. Una sesión de 25 minutos a 10 km/h, tres días a la semana, cumple ese mínimo. Pero el primer día no hay que obsesionarse con el cronómetro. Lo sensato es empezar combinando carrera y marcha, como hizo este corredor novel: 1 km corriendo y 3 andando. Esa pogre evita lesiones y construye base aeróbica.
Slow jogging y zapatillas: las dos grandes polémicas
Entre las recomendaciones que circulan entre aficionados al running, el slow jogging gana adeptos. Consiste en correr a un ritmo muy suave, apenas superior a la marcha rápida, pero manteniendo la técnica de carrera. Sus defensores aseguran que se puede practicar a diario sin riesgo de lesión y que es más saludable a largo plazo.
La otra discusión recurrente es el gasto en calzado. Frente a zapatillas de 200 euros de marcas como ASICS, muchos corredores ocasionales optan por modelos más asequibles, como los de Adidas, argumentando que para ritmos moderados y sin ambiciones competitivas la amortiguación básica basta. La clave no es el precio, sino la comodidad y que no aparezcan molestias.
El error de convertir los primeros pasos en un examen
Uno de los errores más comunes entre quienes retoman el running es fijarse metas ambiciosas de velocidad y distancia desde el día uno. Los expertos en rendimiento recomiendan aumentar solo una variable cada vez: minutos, días o intensidad. Convertir los primeros 4 km en una prueba de fuego solo conduce a la frustración o a la lesión.
La adaptación llega por semanas acumuladas sin dolor, no por un primer día heroico. Y el dato que descoloca: con esa primera sesión de 25 minutos, el umbral mínimo semanal ya está cubierto. El resto es mejora pogre.