La izquierda y los venezolanos: el 'error de Sánchez' desata un cisma interno
La declaración de la periodista Maestre llamando 'gusanera fascista' a los venezolanos en España no ha sido un desliz, sino la punta del iceberg de una contradicción que lleva años cocinándose: la izquierda, que siempre se ha presentado como defensora de la inmigración, ahora se enfrenta a un colectivo que mayoritariamente huye del socialismo real y vota a la derecha. El debate, lejos de ser anecdótico, revela las costuras de la política de asilo en España y el uso electoral de la inmigración.
El estatus de refugiado se concede en España a tasas bajísimas: apenas el 1-2% de los solicitantes de países como Venezuela logran la protección. Sin embargo, desde 2018, más de 700.000 venezolanos han llegado a España, muchos con recursos y formación, y su peso económico e influencia política es creciente. El 'error' que Maestre atribuye a Sánchez no es numérico, sino estratégico: haber asumido que todo inmigrante vota a la izquierda. La realidad, como muestran los datos de voto en las últimas elecciones, es que la mayoría de los venezolanos se inclinan por partidos de derecha o extrema derecha.
La 'facherización' de la izquierda: cuando el inmigrante no vota como toca
El análisis más repetido en el debate es el que apunta a una doble moral: se acepta al inmigrante mientras sea un 'buen refugiado' que piensa como los progres. Cuando el venezolano huye precisamente de las políticas que la izquierda defiende, el discurso cambia. 'Por primera vez hemos visto que lo que lleva a la izquierda a querer expulsar a un inmigrante no es que sea delincuente, sino que no vote a la izquierda', resume un argumento extendido. Las etiquetas de 'fascista' o 'fachapobre' se utilizan ahora contra un colectivo que, paradójicamente, fue recibido con los brazos abiertos hace unos años.
La comparación con otros flujos migratorios es inevitable. Mientras que la izquierda ha defendido la acogida de inmigrantes norteafricanos o musulmanes, ahora se muestra crítica con los venezolanos precisamente por su capacidad de organización política y su poder adquisitivo. El término 'gusanera', utilizado por Maestre, es el mismo que el régimen cubano emplea contra sus opositores. La copla no es casual.
El voto venezolano como amenaza electoral
El temor real no es la migración en sí, sino su traducción en votos. Con más de 700.000 venezolanos en España, muchos de ellos nacionalizados, su peso electoral es cada vez más decisivo en comunidades como Madrid o Canarias. Partidos como Vox han sabido capitalizar este voto, mientras que la izquierda ve cómo se le escapa un colectivo que consideraba propio. Las declaraciones de Maestre no son un exabrupto aislado, sino la expresión de una tensión creciente: cuando el inmigrante deja de ser un sujeto pasivo para convertirse en un actor político que no se alinea con los intereses de sus anfitriones, el relato se cae.
Las críticas, no obstante, también han llegado desde la derecha, que señala que el problema no es la inmigración en sí, sino la selectividad de la izquierda. 'Los venezolanos son escoria', se ha llegado a decir, en un extremo que revela que la xenofobia no entiende de colores políticos. Pero el dato más llamativo es que el debate ha servido para que muchos progresistas 'salgan del armario' en su rechazo a ciertos inmigrantes, algo que antes era impensable.
¿Hacia una política de asilo partidista?
El cisma abierto por las declaraciones de Maestre no se cerrará fácilmente. La concesión de asilo, que debería ser un derecho humanitario, se está convirtiendo en un arma política. Mientras la izquierda se debate entre sus principios y su base electoral, la derecha observa y recoge votos. La pregunta que queda en el aire es si la política migratoria española conseguirá algún día ser coherente o seguirá siendo un reflejo de las contradicciones ideológicas de cada partido.
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