Madonna, el perreo y las rodillas que ya no perdonan
Madonna puede con todo, excepto con el perreo. El último vídeo que circula por redes muestra a la reina del pop intentando seguir el ritmo con movimientos de cadera, y el resultado ha desatado las burlas y también las defensas. A sus 60 y tantos —los años que calla la Wikipedia pero que las redes se encargan de recordar—, la artista demuestra que el escenario sigue siendo su casa, pero el suelo ya no es su amigo.
Lo que unos ven como un ridículo, otros lo leen como la prueba de una ética de trabajo feroz. Hay quien sostiene que Madonna podría estar disfrutando de sus millones en una playa privada, y sin embargo ahí está, dándolo todo ante el público. No es la primera vez que se enfrenta al espejo de la edad: la comparación con la longeva Alaska, que ha hecho del no-baile un arte, sobrevuela cada debate sobre el declive de las divas.
El negocio de la nostalgia
El asunto tiene miga económica. Las giras de los grandes nombres del pop son la máquina de ingresos más rentable de la industria, muy por encima de la venta de discos. Mientras la artista salga a escena, la taquilla responde: el público paga por ver al mito, no por su precisión coreográfica. Las rodillas fallarán, pero el contrato con la nostalgia sigue vigente.
La defensa inesperada
En el otro extremo, hay quien compara su entrega con la fortaleza de otras figuras públicas, aunque las analogías puedan resultar forzadas. La polémica se convierte así en un espejo de cómo tratamos el envejecimiento en la industria del espectáculo: se exige perfección eterna, y cuando el cuerpo dice basta, la carcajada es la respuesta más rápida. La reserva escéptica es una: habrá que ver cuánto dura la gira, pero el meme ya es imborrable.