Pura Sangre
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En breves en España... al tiempo
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Izquierda/derecha, Aahh, qué conceptos. Creo que murieron hace unos 50 años, más o menos.Pues el IVA es un impuesto que afecta principalmente a los pobres, que se gastan en consumir casi todo lo que ganan y ahorran muy poco
No veo que sea una medida propia de un político de izquierdas. Un político de izquierdas bajaría el IVA y subiría los impuestos a las rentas de capital, y al rentismo inmobiliario de quienes tienen el dinero paralizado en inmuebles para sangrar a quienes no pueden acceder a los mismos vía alquileres
A mí el iva me parece el impuesto más injusto que existe. Lo paga todo cristo aunque sea un niño sin capacidad de trabajar o un mendigo que vive apartado de la sociedad. Un impuesto al consumo en una sociedad de consumo. El chiste se cuenta solo.
Lo que dices tampoco es factible. Cuando suben impuestos no bajan el IRPF porque los gastos son enormes y bajar IRPF de forma notoria equivale a mucha menos recaudación.
El IVA al menos lo paga todo el mundo por igual.
No hay quien evite el IVA.
Prefiero que suban IVA y bajen IRPF.
Pero esa cuota de IVA es una locura.
A disfrutar de lo votado.El costo del populismo: el IVA del 31,3% de Lula convertirá a Brasil en la nación más cara
Estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión revelan que el esquema fiscal promovido por la administración de Luiz Inácio Lula da Silva disparará la tributación sobre el consumo hasta un histórico 31,3%. Impulsado por un descontrolado gasto público y un déficit persistente
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Por UHN Plus
oct. 31, 2026 11:27 AM 2 min de lectura
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Luiz Inácio Lula da Silva/@LulaOficial
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El desbalance en las cuentas públicas y la elevada carga fiscal que caracterizan a la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva han puesto a Brasil al borde de un récord alarmante: la imposición de la carga tributaria sobre el consumo más alta del planeta. Tras la implementación de la reforma fiscal promovida por el Ejecutivo, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) combinado alcanzará un 31,3%, con un impacto considerable en el bolsillo de los ciudadanos y en la competitividad de las empresas.
De acuerdo con las estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), la alícuota de la Contribuição sobre Bens e Serviços (CBS) alcanzará un 11,3%, mientras que el Impuesto sobre Bens e Serviços (IBS) ascenderá hasta el 20%. La suma de ambos tributos ubicará al gigante hispanoamericano por encima de Hungría (27%) y muy lejos de la media de la OCDE, consolidando una presión fiscal elevada derivada del modelo intervencionista del Planalto para financiar un aparato estatal cada vez más grande.
La decisión de fijar tasas récord responde de forma directa a la dificultad del Gobierno brasileño para contener el elevado gasto público, el crecimiento continuo de la deuda y un déficit fiscal que amenaza la estabilidad macroeconómica. En lugar de aplicar un plan de austeridad responsable, la administración de Lula prefirió garantizar el sostenimiento de los ingresos del Estado penalizando el consumo popular y la producción nacional.
Intervencionismo estatal y castigo a la iniciativa privada
Especialistas en economía tributaria coinciden en que la rigidez de la estructura fiscal aprobada actúa como un desincentivo directo para la inversión extranjera y el libre mercado. Mientras las pequeñas y medianas empresas intentan recuperarse del impacto de la inflación, el marco regulatorio del Ejecutivo obligará a los contribuyentes a soportar mayores costos operativos, trasladando la factura del sobreendeudamiento estatal al ciudadano de a pie.
El fracaso en la contención del gasto gubernamental demuestra las graves inconsistencias del modelo centralista. En lugar de simplificar y aliviar la carga sobre los generadores de empleo, el sistema diseñado bajo la administración actual garantiza que el aparato estatal nunca pierda recaudación, sin importar las consecuencias para el tejido industrial y comercial del país.
Ahora los brasileños a afrontar las consecuencias.
Ni el Montoro.El costo del populismo: el IVA del 31,3% de Lula convertirá a Brasil en la nación más cara
Estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión revelan que el esquema fiscal promovido por la administración de Luiz Inácio Lula da Silva disparará la tributación sobre el consumo hasta un histórico 31,3%. Impulsado por un descontrolado gasto público y un déficit persistente
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El desbalance en las cuentas públicas y la elevada carga fiscal que caracterizan a la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva han puesto a Brasil al borde de un récord alarmante: la imposición de la carga tributaria sobre el consumo más alta del planeta. Tras la implementación de la reforma fiscal promovida por el Ejecutivo, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) combinado alcanzará un 31,3%, con un impacto considerable en el bolsillo de los ciudadanos y en la competitividad de las empresas.
De acuerdo con las estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), la alícuota de la Contribuição sobre Bens e Serviços (CBS) alcanzará un 11,3%, mientras que el Impuesto sobre Bens e Serviços (IBS) ascenderá hasta el 20%. La suma de ambos tributos ubicará al gigante hispanoamericano por encima de Hungría (27%) y muy lejos de la media de la OCDE, consolidando una presión fiscal elevada derivada del modelo intervencionista del Planalto para financiar un aparato estatal cada vez más grande.
La decisión de fijar tasas récord responde de forma directa a la dificultad del Gobierno brasileño para contener el elevado gasto público, el crecimiento continuo de la deuda y un déficit fiscal que amenaza la estabilidad macroeconómica. En lugar de aplicar un plan de austeridad responsable, la administración de Lula prefirió garantizar el sostenimiento de los ingresos del Estado penalizando el consumo popular y la producción nacional.
Intervencionismo estatal y castigo a la iniciativa privada
Especialistas en economía tributaria coinciden en que la rigidez de la estructura fiscal aprobada actúa como un desincentivo directo para la inversión extranjera y el libre mercado. Mientras las pequeñas y medianas empresas intentan recuperarse del impacto de la inflación, el marco regulatorio del Ejecutivo obligará a los contribuyentes a soportar mayores costos operativos, trasladando la factura del sobreendeudamiento estatal al ciudadano de a pie.
El fracaso en la contención del gasto gubernamental demuestra las graves inconsistencias del modelo centralista. En lugar de simplificar y aliviar la carga sobre los generadores de empleo, el sistema diseñado bajo la administración actual garantiza que el aparato estatal nunca pierda recaudación, sin importar las consecuencias para el tejido industrial y comercial del país.
Ahora los brasileños a afrontar las consecuencias.
Pues no sé de dónde serán pero de España ya te digo yo que no.Si te crees que cualquier pyme que facture algo paga el total del IVA que recoge haciendo de recaudador del Estado, es que como mínimo eres un poquito crédulo, y las grandes ya ni te cuento.
El costo del populismo: el IVA del 31,3% de Lula convertirá a Brasil en la nación más cara
Estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión revelan que el esquema fiscal promovido por la administración de Luiz Inácio Lula da Silva disparará la tributación sobre el consumo hasta un histórico 31,3%. Impulsado por un descontrolado gasto público y un déficit persistente
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El desbalance en las cuentas públicas y la elevada carga fiscal que caracterizan a la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva han puesto a Brasil al borde de un récord alarmante: la imposición de la carga tributaria sobre el consumo más alta del planeta. Tras la implementación de la reforma fiscal promovida por el Ejecutivo, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) combinado alcanzará un 31,3%, con un impacto considerable en el bolsillo de los ciudadanos y en la competitividad de las empresas.
De acuerdo con las estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), la alícuota de la Contribuição sobre Bens e Serviços (CBS) alcanzará un 11,3%, mientras que el Impuesto sobre Bens e Serviços (IBS) ascenderá hasta el 20%. La suma de ambos tributos ubicará al gigante hispanoamericano por encima de Hungría (27%) y muy lejos de la media de la OCDE, consolidando una presión fiscal elevada derivada del modelo intervencionista del Planalto para financiar un aparato estatal cada vez más grande.
La decisión de fijar tasas récord responde de forma directa a la dificultad del Gobierno brasileño para contener el elevado gasto público, el crecimiento continuo de la deuda y un déficit fiscal que amenaza la estabilidad macroeconómica. En lugar de aplicar un plan de austeridad responsable, la administración de Lula prefirió garantizar el sostenimiento de los ingresos del Estado penalizando el consumo popular y la producción nacional.
Intervencionismo estatal y castigo a la iniciativa privada
Especialistas en economía tributaria coinciden en que la rigidez de la estructura fiscal aprobada actúa como un desincentivo directo para la inversión extranjera y el libre mercado. Mientras las pequeñas y medianas empresas intentan recuperarse del impacto de la inflación, el marco regulatorio del Ejecutivo obligará a los contribuyentes a soportar mayores costos operativos, trasladando la factura del sobreendeudamiento estatal al ciudadano de a pie.
El fracaso en la contención del gasto gubernamental demuestra las graves inconsistencias del modelo centralista. En lugar de simplificar y aliviar la carga sobre los generadores de empleo, el sistema diseñado bajo la administración actual garantiza que el aparato estatal nunca pierda recaudación, sin importar las consecuencias para el tejido industrial y comercial del país.
Ahora los brasileños a afrontar las consecuencias.
Nadie invade Brasil y prohibe el comunismo y pasan estas cosas.El costo del populismo: el IVA del 31,3% de Lula convertirá a Brasil en la nación más cara
Estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión revelan que el esquema fiscal promovido por la administración de Luiz Inácio Lula da Silva disparará la tributación sobre el consumo hasta un histórico 31,3%. Impulsado por un descontrolado gasto público y un déficit persistente
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El desbalance en las cuentas públicas y la elevada carga fiscal que caracterizan a la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva han puesto a Brasil al borde de un récord alarmante: la imposición de la carga tributaria sobre el consumo más alta del planeta. Tras la implementación de la reforma fiscal promovida por el Ejecutivo, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) combinado alcanzará un 31,3%, con un impacto considerable en el bolsillo de los ciudadanos y en la competitividad de las empresas.
De acuerdo con las estimaciones del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), la alícuota de la Contribuição sobre Bens e Serviços (CBS) alcanzará un 11,3%, mientras que el Impuesto sobre Bens e Serviços (IBS) ascenderá hasta el 20%. La suma de ambos tributos ubicará al gigante hispanoamericano por encima de Hungría (27%) y muy lejos de la media de la OCDE, consolidando una presión fiscal elevada derivada del modelo intervencionista del Planalto para financiar un aparato estatal cada vez más grande.
La decisión de fijar tasas récord responde de forma directa a la dificultad del Gobierno brasileño para contener el elevado gasto público, el crecimiento continuo de la deuda y un déficit fiscal que amenaza la estabilidad macroeconómica. En lugar de aplicar un plan de austeridad responsable, la administración de Lula prefirió garantizar el sostenimiento de los ingresos del Estado penalizando el consumo popular y la producción nacional.
Intervencionismo estatal y castigo a la iniciativa privada
Especialistas en economía tributaria coinciden en que la rigidez de la estructura fiscal aprobada actúa como un desincentivo directo para la inversión extranjera y el libre mercado. Mientras las pequeñas y medianas empresas intentan recuperarse del impacto de la inflación, el marco regulatorio del Ejecutivo obligará a los contribuyentes a soportar mayores costos operativos, trasladando la factura del sobreendeudamiento estatal al ciudadano de a pie.
El fracaso en la contención del gasto gubernamental demuestra las graves inconsistencias del modelo centralista. En lugar de simplificar y aliviar la carga sobre los generadores de empleo, el sistema diseñado bajo la administración actual garantiza que el aparato estatal nunca pierda recaudación, sin importar las consecuencias para el tejido industrial y comercial del país.
Ahora los brasileños a afrontar las consecuencias.
Precisamente porque lo paga todo el mundo es justo. Estoy cansado de quienes cobran el salario mínimo y defienden a gloria los impuestos cuando apenas pagan IRPF y son receptores netos de ayudas.