Gasolina en Rusia: el doble que en EE.UU. con salarios que no llegan al 15%
Pagar 0,95 dólares por litro de gasolina frente a 1,13 dólares en EE.UU. no parece una gran diferencia. Pero cuando el salario medio ruso apenas supera los 9.000 dólares anuales —frente a los 70.000 dólares de un estadounidense— la paradoja se convierte en una losa. Según datos de GlobalPetrolPrices del 22 de junio, un ruso necesita destinar un porcentaje mucho mayor de su renta para llenar el depósito.
El cálculo de poder adquisitivo es demoledor. Un conductor en Moscú paga entre 10 y 12 veces más por litro que uno en Nueva York, ajustado por ingresos. Mientras un trabajador medio en EE.UU. puede permitirse llenar el tanque varias veces al mes con poco esfuerzo, en Rusia la gasolina se ha convertido en un lujo cada vez más inaccesible. La brecha se ha disparado desde 2021, cuando la diferencia era menos pronunciada.
La trampa de los precios nominales
Quienes defienden que la gasolina rusa sigue siendo barata en términos absolutos ignoran el contexto salarial. El dato de 0,95 dólares por litro es cierto, pero engañoso: en marzo de 2022, antes de las sanciones, el precio rondaba los 0,60 dólares. La subida ha sido del 58% en poco más de un año, mientras los salarios apenas han crecido un dígito. Mientras tanto, en EE.UU. el precio ha subido un 12% desde entonces, pero con un poder adquisitivo muy superior.
Un usuario del sector energético ironizaba: «Eché gasoil a 1,307 euros el litro, un poco más que los 1,13 que marca el cartel, y creo que gano un poco más que el ruso medio». La frase resume la brecha real: el español medio, con un salario en torno a los 30.000 euros, también está mejor que el ruso, aunque peor que el estadounidense.
Una cuestión de supervivencia económica
El encarecimiento de la gasolina en Rusia no es un capricho del mercado: las sanciones occidentales han encarecido la logística y reducido la oferta de crudo refinado. A esto se suma la devaluación del rublo, que encarece las importaciones de componentes. El resultado es que, según algunas estimaciones, en regiones remotas el precio puede dispararse hasta hacer imposible el desplazamiento en coche.
La comparación con EE.UU. es brutal: mientras un estadounidense medio destina menos del 2% de su salario a gasolina, un ruso medio puede llegar al 15%. Para los trabajadores de las ciudades pequeñas, donde el transporte público escasea, la movilidad se convierte en un problema de primer orden. El gobierno ruso ha intentado contener los precios con subsidios, pero el margen fiscal se ha reducido por la guerra.
Con estos datos, la pregunta que flota en el aire es: ¿hasta cuándo podrá el Kremlin mantener la ficción de una economía estable mientras el ciudadano de a pie paga cada vez más por lo básico y gana cada vez menos?