El culto a los Casio vintage: póker en la muñeca y años de batería
Un forero contó que perdió un reloj digital de plástico durante tres años en el jardín de su abuela. Cuando apareció, seguía funcionando: lo único que fallaba era la hora, desajustada por el cambio horario. La anécdota resume por qué los
relojes Casio más baratos se han convertido en objeto de culto décadas después de salir de fábrica. No son mecánicos, no son caros y no aspiran a heredarse. Y sin embargo, hay quien acumula unos cuantos muertos de risa en un cajón y quien paga por un modelo descatalogado más de lo que costaba nuevo.
Todo el fenómeno se ordena, según los aficionados, alrededor de un dato: la relación calidad-precio. Cuando alguien prueba un Casio sencillo y comprueba que
dura años y apenas desfasa unos segundos al mes, lo normal —dicen— es que acabe comprando otro. Es la puerta de entrada a una afición que empieza costando veinte euros.
El F-91W: el reloj que se compra por obligación
Hace tiempo que el F-91W dejó de ser un reloj para convertirse en un peaje. Hay quien sostiene que hay que tener uno sí o sí, y a partir de ahí comienza la escalada: 50 metros, 100, 200, cuenta atrás, cinco alarmas, alimentación solar, radiocontrolado, G-Shock, triple sensor. La secuencia se repite tanto que ya funciona como rito de iniciación.
No todos comulgan. Existe una corriente que no entiende el culto al F-91W: quienes lo usaron durante años y lo abandonaron en cuanto tuvieron un móvil con cuenta atrás, porque querían seguir usando la función de reloj de arena. Varios de esos aparatos acaban muertos de risa en un cajón, sin que nadie se moleste en llevarlos a un punto limpio. El objeto de devoción y el trasto olvidado son, sospechosamente, el mismo modelo.
Los Casio que jugaban al póker y apagaban la tele
Lo que engancha no es solo el precio. Es que durante décadas la marca metió funciones absurdas dentro de una caja de resina. Hubo un modelo, el
GC-10W, que permitía jugar al póker en el propio reloj: finito, de diseño sencillo, con ese aire vintage minimalista. Hubo otro, el
CyberMax JG 300, con sensor de aceleración para medir la potencia de los puñetazos. Y un tercero, el JC-11, que funcionaba como podómetro y obligaba a adaptar los pasos al ritmo de unos pitidos.
El más celebrado, por utilidad real, fue el mando a distancia. El Wrist Remote Controller permitía apagar el televisor de un bar en medio de un partido, con la pantalla apagándose de golpe ante la estupefacción general. Un uso que se reproducía en institutos cuando alguien conseguía apagar el proyector o acelerar las diapositivas de una presentación. El TC500, un reloj calculadora con pantalla táctil de los ochenta —veinte años antes del primer iPhone—, cerraba el catálogo de cachivaches.
Cuánto cuesta un Casio: de 16 a 150 euros
El atractivo económico sigue intacto. Los precios que maneja la afición van de los 16 euros de un A158 comprado en eBay a los 140-150 de un WVQ-110TDE, de titanio, solar y radiocontrolado. En medio, un Marlin MDV-106 a 48 euros o el Data Bank calculadora por 34. El MRW-200H, uno de los más repetidos para trabajar, se mueve entre 23 y 28 euros según la relojería.
La lectura no es solo de ahorro. La comparación con un smartwatch es inevitable: un Casio aguanta años sin cargar, mientras un reloj inteligente pasa por el cable cada poco. Esa brecha —batería contra batería— es la que sostiene el argumento antiobsolescencia.
Por qué la resistencia al agua de 50 metros no sirve para nadar
Porque esa cifra no significa lo que parece. La resistencia equivalente en profundidad es
presión estática y con el reloj nuevo. La brazada genera presiones muy superiores, así que cualquier reloj de menos de 100 metros no debería meterse en el agua ni usarse para nadar. Para bucear con garantías hacen falta modelos muy específicos.
En el hilo apareció un caso concreto: un forero recordaba que su reloj digital con radio —llevaba dos pilas, una para la radio— dejó de funcionar al sumergirlo sin querer. Con 100 metros basta para lavarse las manos sin quitárselo y darse unas brazadas en verano. Por debajo de esa cifra, la humedad acaba entrando.
El Marlin, el G-Shock y el problema del precio vintage
Frente a los modelos de plástico, una parte de la afición reivindica los que no parecen un juguete. El Marlin, con su estética de buceo, tiene devotos: quien lo calza asegura haberle dado un golpe contra el filo de una mesa que habría rajado otros cristales, y que el reloj ni se enteró. Su único defecto, añade, es el lumen, flojo comparado con los Seiko. El G-Shock 5600 es, para otro forero, el Casio que más le ha durado y el que echa de menos.
El problema aparece cuando el reloj es viejo. Un Moon Graph, con su cometa cruzando el display de lado a lado, se encuentra hoy en eBay y plataformas similares a precios de Rolex. Quien lo tuvo de joven no comprende cómo su reloj más bonito se ha convertido en objeto de especulación. La nostalgia tiene tarifa, y no es barata.