Hacendado y Palacios: la tortilla y su fábrica, según un forero
Una pregunta sin respuesta recorre el hilo entero: ¿los productos de marca blanca de Mercadona son una porquería o la mejor relación calidad-precio del supermercado español? El pistoletazo de salida lo dio una lista concreta. Tortilla de patatas precocinada, lasaña, guacamole, helado con nueces y caramelo, contramuslo de pollo marinado. Y un reto: que los críticos pongan encima de la mesa productos que los superen.
La tesis de partida era tajante. La única tortilla precocinada decente es la de Hacendado. Su lasaña aguanta —y gana— frente a la lasaña fresca envasada de otros supermercados. El helado carga más nueces y caramelo que el de
Häagen-Dazs a un tercio del precio. Y el contramuslo marinado está, literalmente,
muy muy bueno. Todo con un argumento doméstico de fondo: hacerse una tortilla solo para uno es un coñazo.
¿Por qué se critica el consumo de precocinados?
El primer muro fue sanitario. La respuesta llegó con el aviso de
hínchate a conservantes y con la idea de que aquí lo que se defiende es comida basura. Una parte de las réplicas apeló al sentido común doméstico: quien no sabe hacerse una tortilla tiene un problema, y tardar diez minutos no debería ser obstáculo. Otra puso el foco en lo que llevan dentro los preparados industriales —conservantes, saborizantes, aditivos— y sostuvo que esa dieta acaba en
diabetes tipo 2 a los 45 años.
Conviene precisar que se trata de un aviso de consumidores, no de un diagnóstico médico. Pero resume el eje moral del asunto: lo natural contra lo industrial. El contraataque no tardó. Si el problema es la salud, quienes presumen de comida real también acumulan grasa y poca masa muscular, vino a decirse. El intercambio se degradó hasta el insulto personal, y de ahí ya no se sale.
¿Quién fabrica la tortilla precocinada de Hacendado?
Aquí aparece el detalle que desarma medio argumento. Según un forero, la tortilla de Hacendado la fabrica
Palacios, la misma primera marca a la que el planteamiento inicial llamaba más cara. Si es el mismo producto con distinta etiqueta, la jerarquía de calidad que sostiene toda la pelea se cae por su base, al menos en ese estante.
No significa que todo Hacendado salga de fábricas de primer nivel, pero sí que la etiqueta no siempre ordena la calidad. Otro remate: ninguna tortilla prefabricada vale para nada, porque una decente se hace en
diez minutos.
La lista de productos Hacendado que se defienden
Los favoritos que reaparecen son siempre los mismos, y alguno con nombre propio: la lasaña de ricota y espinacas, el guacamole, las pechugas de pollo y unas hamburguesas de vacuno que se describen como dignas de hamburguesería.
- Tortilla de patatas: la mejor entre las precocinadas, según el planteamiento inicial
- Lasaña: «más que aceptable» frente a la fresca envasada de la competencia
- Helado: más nueces y caramelo que Häagen-Dazs, a un tercio del precio
El problema, admiten incluso algunos defensores, es que un producto bueno no equivale a un producto sano.
El pulso entre producto español e importado
El origen es el otro frente abierto. Frente a la afirmación de que más del
85% de los productos de Mercadona son de España, según cifras que cita la propia empresa, se lanzó la afirmación de que la cadena vende el
90% de su mercancía de Marruecos. No hubo forma de sostener ese porcentaje: los enlaces aportados no lo respaldaban y el intercambio derivó en acusaciones cruzadas sin resolver.
Un tercer frente metió al pescado. Un forero sostuvo que buena parte llega a través de una filial,
Caladero, con origen en África —Namibia, Egipto—, y advirtió de que quien conozca el sector allí no se atrevería a comerlo. Es una sospecha lanzada sin prueba, pero deja flotando la duda sobre su salubridad.
Lidl, Carrefour y la guerra de las marcas blancas
El reto derivó en comparativa entre cadenas. La lasaña de Carrefour o Lidl, se dijo,
sabe a pasta de dientes, y la marca blanca del Lidl es
malísima en buena parte de su catálogo. Enfrente, la respuesta de siempre: la manía a Mercadona nace del éxito y del prejuicio, no del producto.
La balanza se movió entre la defensa del control de calidad —solo se vende lo que lo supera, viene a decirse— y la acusación de precios inflados y calidad ínfima. También apareció el nombre de
Juan Roig, en términos de una dureza desproporcionada que no conviene repetir.
¿Cocinar en casa o comprar preparado?
Debajo de todo late un choque de tiempo y de generación. A quien compra preparado se le reprocha que no sepa hacer un sofrito o un pollo asado, y se le recuerda que vivir solo no impide cocinar. Del otro lado se responde que exigir cocina diaria a quien llega reventado del trabajo es moralina de quien tiene ayuda en casa.
La ironía más repetida apunta a un reparto doméstico que nadie discute de frente: si alguien tiene tiempo para guisar a diario, se insinúa, es porque otro se lo libera. Ahí, más que en los conservantes, se atasca el asunto.
Con la tortilla de Hacendado que un forero atribuye a Palacios y el helado a un tercio del precio de Häagen-Dazs, el bando del preparado tiene munición. Con diez minutos para una tortilla casera y una etiqueta llena de aditivos, el bando de la cocina tiene la suya. Al término del hilo, nadie ha movido al otro del sitio.