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Un usuario de X califica de «brutal» el último vídeo de campaña de Pedro Sánchez y afirma que su victoria es «imparable». La publicación convierte una pieza de propaganda electoral en objeto de burla y la comparte como si fuera un anuncio corporativo.
Un usuario de X califica de «brutal» el último vídeo de campaña de Pedro Sánchez y afirma que su victoria es «imparable». La publicación convierte una pieza de propaganda electoral en objeto de burla y la comparte como si fuera un anuncio corporativo.
El vídeo de campaña del PSOE se ha colado en las timelines por la puerta de atrás. No por su mensaje, sino por la forma. Un usuario de X lo ha compartido con una frase que resume el tono: «El último vídeo de campaña de Sánchez es brutal. Su victoria es imparable». La publicación, acompañada de un clip, ha convertido la pieza en un fenómeno de burla amable.
La pieza imita el lenguaje de los vídeos institucionales de empresa: planos cuidados, música inspiracional y un discurso que promete un futuro mejor. Ese formato, que en publicidad comercial vende desde coches hasta seguros, aplicado a un candidato produce un efecto extraño. La parodia no necesita exagerar nada. Basta con reconocer el molde.
El tuit no discute el programa electoral ni las cifras de paro. Celebra el vídeo como un objeto estético. Esa es la clave: la política electoral se consume cada vez más como entretenimiento. Un anuncio bien producido se comparte aunque no se comparta su mensaje. La ironía del usuario es seca, casi entusiasta, y eso despista.
Los vídeos de campaña ya no se estrenan en televisión. Se sueltan en redes y se dejan circular. La reacción del público forma parte del espectáculo. Que un usuario celebre el vídeo como «brutal» sin aclarar si va en serio o en broma es la prueba de que el formato ha ganado la partida al contenido. La victoria que se anuncia en el tuit no es un dato electoral, es una forma de hablar.
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