Los centros de datos de Amazon (AWS) en Aragón consumirán más electricidad que toda la comunidad autónoma
El impacto energético de los megaproyectos de Amazon en Aragón ha desatado un cruce de cifras y posturas enfrentadas. Según datos de Red Eléctrica (2023-2025), el consumo actual de toda la comunidad aragonesa se sitúa entre 9.679 y 10.659 GWh al año. La proyección para los centros de datos de AWS, cuando todas las fases estén operativas, supera los 10.800 GWh anuales. Dicho de otro modo: Amazon consumirá, por sí solo, más electricidad que el conjunto de hogares, industria, servicios y agricultura de Aragón.
El monstruo energético que viene
El gigante tecnológico planea un despliegue masivo en la comunidad, con varios edificios y ampliaciones. En municipios como Villanueva de Gállego, el complejo ocupará una superficie superior a la del propio casco urbano y el consumo de agua se quintuplicará. Aunque AWS asegura que la refrigeración por aire reduce el uso hídrico al 0,03% de la demanda industrial de la Demarcación Hidrográfica del Ebro, y que Microsoft, también presente, empleará refrigeración líquida directa a chip sin consumo de agua, la discusión se centra en el verdadero coste: o se gasta agua o se gasta electricidad, y en ambos casos el impacto es colosal.
La comparación con otras industrias pesadas es inevitable. Un forero recordó que 10.000 GWh es lo que genera una central nuclear de gran potencia funcionando a pleno rendimiento los 365 días del año. La pregunta es si la infraestructura eléctrica aragonesa –y la red nacional– está preparada para soportar esa demanda sin que el ciudadano acabe pagando la factura.
Más ruido que nueces: empleo y tejido productivo
Uno de los puntos más conflictivos es la creación de empleo. Mientras los defensores del proyecto hablan de ingresos fiscales y actividad económica, los críticos sostienen que los centros de datos generan poco empleo directo: unos pocos ingenieros de guardia, seguridad y limpieza, y mucho teletrabajo externalizado. Se argumenta que la mano de obra cualificada no será local, sino importada de otros países con salarios más bajos, lo que agravaría la precariedad en una región que ya sufre despoblación.
En el lado optimista, hay quien señala que la inversión privada y los impuestos asociados pueden aliviar el déficit de la Seguridad Social o financiar infraestructuras. Sin embargo, la experiencia con otras macroinstalaciones no invita al optimismo: a menudo las multinacionales negocian condiciones fiscales ventajosas y las inversiones en redes eléctricas acaban repercutiendo en el recibo del consumidor. “Estos no van a pagar un solo euro de las multimillonarias inversiones eléctricas”, se advierte.
¿Realidad o humo? La viabilidad a debate
No todos los proyectos anunciados son firmes. Según fuentes del sector, de todos los centros previstos por AWS, solo el de Castejón (en fase de finalización) tiene visos de materializarse. El resto sería humo, y el plan de Microsoft se considera inviable en un horizonte de cinco años, entre otras razones porque las prioridades de infraestructuras de la DGA son otras. Esta incertidumbre relativiza el alarmismo, pero también siembra dudas sobre la estrategia de atracción de inversiones.
Paralelamente, resurge la paradoja ecológica. La transición energética predicaba ahorro y renovables, pero ahora se alimenta al monstruo de la inteligencia artificial a cualquier precio. La ironía no escapa a los comentaristas: mientras se pide a los ciudadanos que reduzcan su consumo, las tecnológicas llegan dispuestas a duplicarlo.
Agua, luz y cemento: el precio de ser la “India de Europa”
La discusión de fondo no es solo técnica, sino de modelo de desarrollo. Aragón se postula como destino barato para centres de datos, con suelo, agua y electricidad supuestamente abundantes. Pero los datos muestran que los recursos no son ilimitados. En un contexto de sequía y de restricciones al consumo doméstico, ver cómo una empresa privada puede quintuplicar el gasto de agua de un municipio entero genera malestar.
Y luego está el espacio físico: los centros de datos son devoradores de terreno. En Villanueva de Gállego, el complejo ocupará más superficie que el propio pueblo. Algo que recuerda a las viejas fábricas de automóviles, pero sin el empleo masivo que aquellas generaban.
Con estos mimbres, el debate queda abierto. Unos ven en la megainversión el futuro económico de la región; otros, un espejismo que dejará facturas energéticas y medioambientales sin repartir. Lo único seguro es que, si todo el plan se ejecuta, Aragón pasará a exportar datos, pero quizá a costa de importar problemas.