Los loteros quieren subir el décimo de Navidad a 25 euros: la puntilla para el 'impuesto a los tontos'
Llevamos años oyendo que la Lotería de Navidad es el impuesto a los tontos. Ahora, los loteros quieren hacerlo más caro: subir el décimo de 20 a 25 euros. La propuesta no ha sentado bien entre quienes ya consideran el sorteo una estafa para pobres. Y con razón: el premio gordo, 300.000 euros al décimo, se queda en 248.000 tras impuestos. Con eso, en muchas ciudades ni te compras un piso decente. En España, ganar 43.000 euros al año te sitúa en clase alta, así que 248.000 te convierten en alta aristocracia, pero el problema de fondo es otro.
La clave está en la elasticidad de la demanda. Los loteros asumen que la venta de décimos no caerá aunque suban el precio un 25%. Si venden el mismo número de boletos, ingresarán un 25% más. Pero el estado no se va a quedar de brazos cruzados: de esos 5 euros extra, Hacienda se quedará probablemente con 4,5, según los cálculos más afinados. Además, el mínimo exento de impuestos sobre los premios no subirá, con lo que el Estado recuperará aún más. El resultado es que el lotero apenas gana, el Estado recauda más, y el comprador paga más por lo mismo.
Por otro lado, hay quien sostiene que el décimo debería ser incluso más caro, pero con premios mayores. Si el gordo subiera a 500.000 euros limpios, quizá el juego sería más atractivo. Pero no es el caso. Lo que se plantea es simplemente encarecer el billete sin mejorar el premio real. Una medida que ahuyentaría a los compradores más sensibles al precio y que, de paso, encajaría con la voracidad recaudatoria del Estado. Al final, el que pierde es siempre el mismo: el que juega.
Con esta subida, la Lotería de Navidad se consolida como un negocio redondo para el estado y una ruina para el iluso que sueña con el gordo. Porque, como bien dice el refrán, 'la lotería es el impuesto a los que no saben matemáticas'. Y ahora, más caro.