Irlanda tiene pleno empleo y sus jóvenes siguen haciendo las maletas
En marzo de 2023, Eurostat situaba a Irlanda con un paro del
4,3% y un desempleo juvenil del 10%. En España, las mismas estadísticas marcaban un
12,8% y un 29,5%. Sobre el papel, Dublín es ese paraíso laboral que aquí se cita en cada comida familiar para explicar por qué los jóvenes se marchan. Sobre el terreno, la paradoja es la contraria: también los irlandeses emigran, y muchos lo hacen con un contrato en el bolsillo. La crisis de vivienda irlandesa no está en la nómina. Está en la puerta de casa.
Un mercado laboral que roza el pleno empleo y una generación incapaz de independizarse suenan a contradicción, pero sostienen el mismo edificio: una economía que produce salarios altos y cero vivienda asequible para quien los cobra.
Sueldos que aguantan la comparación y no dan para vivir solo
Los casos que cruzan el mapa apuntan todos al mismo sitio. Una joven española instalada en Dublín cobraba de recepcionista allí más de lo que ingresaba en España como analista de inversiones, según el relato de su entorno familiar. En tres meses cambió de puesto y ya estaba en un nivel igual o superior al que tenía aquí. La carrera sube; el problema aparece cuando toca buscar techo.
Ese mismo relato describe una ciudad donde el sueldo alto no compra intimidad. Empezó compartiendo piso, como casi todo el mundo, y su primera vivienda irlandesa fue una
habitación en casa de una mujer de la edad de su madre.
El sueldo no era el problema: la vivienda no existía
Un año después, con un buen contrato, podía pagar de sobra un alquiler completo. No había qué alquilar. Tenía activadas las alertas de todos los portales inmobiliarios y recibía, de media,
una notificación por semana. Una semana, un anuncio. En un país con el paro en el 4,3%.
Las explicaciones que se manejan van del alquiler turístico a la compra de pisos como activo financiero, pasando por una mucho más terrenal: construir hoy es más caro, más lento y más arriesgado que hace medio siglo.
¿Por qué no se construye más vivienda si sobra suelo?
Porque el suelo disponible no equivale a promociones en marcha. Alrededor de Dublín hay terreno de sobra para levantar lo que haga falta, como muestra cualquier mapa por satélite. Lo que no hay es una máquina administrativa que convierta ese suelo en ladrillo a la velocidad que exige la demanda.
El argumento financiero pesa más que el urbanístico. Promover para vender o alquilar exige creer que el comprador tendrá ingresos estables durante los
20 o 30 años que dura una hipoteca media. Sin esa previsión, nadie pone la primera piedra. Y así el mercado se queda quieto esperando que otro apueste primero.
El ejemplo de Silicon Valley y el frenazo en la China de Hangzhou
La comparación con Silicon Valley se repite: las regiones que concentran el empleo mejor pagado del planeta acaban expulsando a quien no trabaja en ese sector. Hay quien añade que la llegada constante de profesionales de otros países amplifica la demanda de alojamiento sin que la oferta acompañe.
El caso de Hangzhou se cita como excepción: la ciudad que alberga la joya tecnológica china habría decidido frenar la compra de pisos como pura especulación. La idea que subyace —quien no aporta producción, solo compra para alquilar, encarece el suelo de todos— también recorre la conversación europea.
Gravar el segundo piso y sacar el empleo de la capital
Las recetas que se repiten van por ahí. Impuestos duros a todo lo que no sea primera vivienda, porque mantener un piso vacío apenas cuesta y por eso hay tantos inmuebles fuera del circuito. Y una segunda pata geográfica: mientras los puestos cualificados se concentren en dos o tres áreas metropolitanas, la presión sobre su suelo será inevitable. La propuesta es deslocalizar trabajo fuera de Madrid o Barcelona, por las buenas o por las malas.
Como curiosidad, circula la comparación de que un piso en Marbella cuesta lo que en Dublín una plaza en una habitación compartida.
El espejo español: tasa de actividad por debajo del 51%
Conviene mirar el reverso. En el primer trimestre de 2023, la tasa de empleo sobre población activa en España no llegaba al
51%, el desempleo juvenil marcaba un 29,5% y los parados mayores de 45 años superaban el 57% del total, el nivel más alto registrado. Con ese cuadro, señalar al casero o al turista como único culpable se queda corto.
Hay quien sostiene, además, que el empleo público pesa ya más que el privado en el cómputo de nóminas, un lastre que condiciona cualquier política de choque en vivienda. Con esa carga, el margen para construir a lo grande se estrecha solo.
También circula el cálculo histórico:
5 millones de viviendas de protección oficial levantadas en España en quince años durante los años cincuenta, sesenta y setenta. La comparación se usa como reproche a la inacción actual.
Con esos mimbres, la conclusión se atasca en el mismo punto que en Dublín. Todo el mundo identifica el problema; casi nadie acepta el precio de la solución, que pasa por construir más, gravar más o mover el empleo. Y, mientras, la isla que lleva dos siglos exportando gente vuelve a hacer lo que mejor sabe: preparar la maleta.