El gasto público en sanidad no llega al 7% del PIB
El dinero de los impuestos no se reparte como dice el relato oficial. El gasto público en sanidad no salva la barrera del
7% del PIB y se queda lejos de la media de la Unión Europea, mientras el presupuesto de defensa sube
4.000 millones y el de educación baja
1.000 millones. Ese es el punto de partida de una discusión que lleva meses girando sobre la misma pregunta: si la sanidad y la educación son la prioridad, ¿por qué son las primeras partidas que se recortan cuando hay que cuadrar cuentas?
La respuesta que se repite en los datos no es tranquilizadora. Los hospitales cerrarán este verano más de
10.200 camas por falta de personal para cubrir vacaciones, según las cifras que manejan las administraciones. La posibilidad de aprovechar el verano para reducir listas de espera, señalan, ha vuelto a descartarse. Y el
42% de los españoles vive en autonomías con servicios sociales debilitados.
Qué dicen los datos sobre el gasto sanitario en España
El gasto sanitario público se queda por debajo del 7% del PIB, lejos de la media europea. Esa brecha no es un detalle estadístico: marca cuánto se puede contratar, cuántas camas se abren y cuánto se tarda en operar. Mientras tanto, las familias españolas han aumentado su gasto en educación un
14% y en sanidad un
10,5% ante un sistema público que, según los propios datos, no da respuesta.
Hay quien sostiene que el problema no es de dinero, sino de gestión. En Andalucía, la consejera de Salud recortó un
8% el gasto sanitario y despidió a
8.000 sanitarios, según las cifras que se citan. El resultado, argumentan desde el otro lado, es el que se ve en las clínicas concertadas: máquinas amortizadas en hospitales públicos sin usar, mientras las concertadas se forran derivando pacientes del SAS. Un testimonio directo lo describe sin adornos: cita para una resonancia en mes y medio, salas a tope de gente derivada, y la sensación de que el sistema público paga la fiesta a la privada.
El empleo público en sanidad: 34.000 puestos destruidos
La destrucción de empleo en el sector sanitario es otro de los hilos que recorren la discusión. CSIF tachó de
vergüenza la destrucción de
34.000 empleos en sanidad en pleno inicio de la campaña de vacunación. No es un dato aislado: los sindicatos llevan meses advirtiendo de que la falta de personal es la causa directa del cierre de camas y de la saturación de urgencias.
La saturación tiene consecuencias medibles. Un hombre de
82 años murió tras esperar
40 horas en Urgencias del Hospital del Mar, y los sindicatos han llevado el caso ante el juez. La anécdota, si se puede llamar así, es el ejemplo extremo de una tendencia que los propios profesionales describen como insostenible.
La corrupción como partida oculta del presupuesto
Una parte del análisis sostiene que el problema no es solo cuánto se gasta, sino en qué se gasta. La corrupción política aparece en la discusión como una partida invisible que se come recursos que deberían ir a servicios públicos. Los casos que se citan van desde las mordidas del PSOE hasta el hermano de Sánchez, pasando por el cuñado que recibió
16 millones en deducciones tras ser fichado, o el uso de la Agencia Tributaria para aplazar deudas a empresas vinculadas a la trama.
La pregunta que se repite es incómoda: si hay dinero para esto, ¿por qué no hay para contratar sanitarios? La respuesta que da una parte del análisis es que el dinero sí está, pero se desvía. Otra parte responde que la corrupción, siendo grave, no explica por sí sola el déficit estructural de sanidad y educación. Ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.
Educación: el nivel que baja mientras el gasto se estanca
El profesor de Matemáticas Àlex Torío lo resumió con una frase que se ha repetido:
tengo alumnos de 18 años que no saben las tablas de multiplicar. La brecha en competencias básicas entre España y la OCDE se ha triplicado desde la generación EGB, y los adultos españoles en edad de trabajar son los que menos han mejorado en lectura y matemáticas.
El dato no es solo un problema de recursos. Es un problema de resultados. Y los resultados, cuando se comparan con lo que se gasta, no cuadran. La educación pública madrileña, según quienes la conocen de cerca, está en un estado que no se corresponde con el discurso oficial.
Solo hay que ver el estado en que se encuentra, resume un comentario que se repite.
El BCE retira 40.000 millones y el gasto militar sube
El BCE dejará de financiar a España más de
40.000 millones en plena escalada del gasto militar. Esa es la pinza que se cierne sobre el presupuesto: menos financiación externa, más gasto en defensa, y las partidas sociales como variable de ajuste. El patrón se repite en cada crisis.
La pregunta que nadie responde del todo es por qué el ajuste siempre cae del mismo lado. Hay quien sostiene que es una decisión ideológica; hay quien responde que es una imposición de Bruselas. Lo cierto es que el resultado es el mismo: sanidad y educación son las primeras en notar el recorte y las últimas en recuperarse.
Con estos números, la conclusión más honesta es que el relato de que los impuestos van a sanidad y educación no se sostiene sin matices. Una parte del gasto va ahí, sí. Otra parte se pierde en el camino. Y mientras se discute dónde, las camas se cierran, los profesores se jubilan sin relevo y las familias pagan la diferencia de su bolsillo. Si la tendencia no cambia, el próximo verano tendrá las mismas cifras de cierre de camas y las mismas excusas. O peores.