El menú del día a 15 euros vacía las mesas de los bares
Son las dos de la tarde y en más de una calle de polígono la estampa se repite: furgonetas alineadas y trabajadores comiendo el
táper sobre el capó. No hace tanto, esa misma gente ocupaba las mesas del bar de la esquina. El menú del día, ese invento que durante décadas alimentó a media España a mediodía, se ha convertido en un gasto que muchos ya no pueden asumir. El precio de referencia dejó atrás los 9,99 euros. En 2022 raro era verlo por debajo de 12. Ahora son
15 euros de media y hasta 18 en según qué sitios.
La aritmética no da tregua. Quince euros por treinta días suman
450 euros al mes solo en comer, según el cálculo que se repite en el hilo. Con un sueldo de 1.200 y un alquiler de 800, la cuenta no sale por ningún lado en ese mismo ejemplo. «Eso son lujos que no se pueden permitir», resume quien echa números, y recuerda que para muchos trabajadores solteros el menú era la única comida equilibrada del día: un día judías, otro lentejas, pescado, carne, y a casa a cenar cualquier cosa. Ahora ni eso.
¿Cuánto se lleva el menú del día del sueldo medio?
El cálculo que mejor retrata el problema es el de cuatro jornadas: si se come fuera de lunes a jueves y el sueldo más común ronda los
1.200 euros, solo el menú se come unos
280 euros al mes. Un
25% del salario en la comida del trabajo, según esa estimación. Contando los treinta días, la cifra trepa a 450. De ahí que muchos hayan decidido que comer en el bar es un lujo reservado a quien no paga la cuenta: la mesa que aguanta es la del que va con gasto de empresa.
El café de 1,10 a 1,50: el ahorro empieza en casa
No todo se mide en menús. El café diario, que hace dos años se pagaba a
1,10 euros, hoy se cobra a
1,50 y en muchos sitios roza los
2. El carajillo ni se pregunta. La caña y el refresco siguen la misma curva: una bebida de cola a 2,50 euros, unas bravas a
10 euros cuando la patata se compra a un euro el kilo, y helados de los que ya ninguno baja de 2,50. La respuesta de una parte de los clientes ha sido drástica: preparar el café en casa y llevarse la comida en tartera térmica.
Táper, microondas y el menú casero que sigue lleno
La vuelta al
táper no es una teoría de sobremesa. Hay quien describe calles enteras de trabajadores comiendo detrás de la furgoneta, gente que antes iba de menú a diario. Y aparece el reverso esperanzador: pueblos donde un menú casero diario por
10 euros, con vino de la casa y postre, mantiene el local siempre lleno. La comparación que más escuece, en cambio, es institucional: según el relato de un participante, el restaurante del Congreso de los Diputados sirve dos platos, bebida, postre y café por
6,45 euros.
¿Están de verdad los bares vacíos?
Aquí el diagnóstico se parte en dos. Frente a quien sostiene que las mesas del menú diario están medio vacías, hay quien responde que
las terrazas siguen llenas y que el cliente de tapeo no ha desaparecido. También hay quien recuerda que apalancarse en la terraza con una sola consumición es costumbre vieja en algunas ciudades.
Las cadenas de precio medio, atrapadas por el private equity
El dinero institucional que entró en la restauración tiene un problema, según un análisis que se cita en el hilo. Los fondos propietarios de cadenas de ticket medio por debajo de 30 euros compraron barato en crisis contando con vender caro en la recuperación, pero el consumo de ese tramo no se recupera y quien quiera salir de esas acciones tendrá que hacerlo con pérdidas. En esa lectura, la subida de precios no siempre es margen: a veces es el intento de cuadrar cuentas con menos clientes por mesa.
Por qué el hostelero tampoco va sobrado
Subir precios no equivale a enriquecerse. Una parte del análisis señala que el pequeño negocio ha perdido la ventaja del precio mayorista: compra casi al mismo coste que el cliente final, porque ir al mercado central a las cinco de la mañana y aguantar hasta medianoche no está al alcance de cualquiera. Cuando el producto sube y el cliente se cae, el margen se estrecha por los dos lados y la solución suele ser recortar cantidad: menos pan, menos vino, platos que parecen de menú infantil.
¿Sube el SMI para nada si los precios se disparan?
La subida del salario mínimo no arregla la ecuación si los precios la absorben. Es la conclusión más repetida: da igual elevar el suelo salarial si comer fuera sube más rápido, porque el poder de compra se queda donde estaba. Una parte del análisis responsabiliza directamente a la política económica del Gobierno, mientras otra pone el foco en el coste del producto y en los márgenes del negocio. El resultado, en cualquier caso, es el mismo: el ciudadano que paga de su bolsillo es el que se queda sin menú.
El menú del día, de icono a reliquia
La escalada de precios ha traído un debate de fondo. Hay quien sostiene que el menú del día era comida grasienta y poco sana, y que su retroceso hasta es buena noticia para la salud y el bolsillo. Otros defienden lo contrario: para muchos asalariados era la única comida decente del día, y presumir de cocinar mientras se cena un yogur a las once de la noche no es ninguna victoria. No falta la
guasa de ver en el menú diario un invento del pasado al que algunos atribuyen hasta etiqueta política, entre bromas sobre su desaparición.
Con el menú a 15 euros en la calle y a 6,45 dentro del Congreso, según ese relato, la pregunta ya no es si comer en el bar sale caro. Es por qué la misma comida cuesta menos de la mitad según el edificio en el que se siente el comensal.