15.399 barcos hundidos en la IIGM, uno a uno en un mapa interactivo
El mapa Sunken Ships of the Second World War permite recorrer con zoom, buscador y filtros los 15.399 barcos hundidos durante la Segunda Guerra Mundial. Detrás de cada punto hay tres cifras que rara vez se ven juntas: 43.658.518 toneladas de arqueo y 567.518 víctimas. Paul Heersink ha invertido años y más de cien fuentes en levantar la base de datos. No es un catálogo de acorazados célebres, sino la contabilidad brutal de una guerra que se libró tanto en el agua como en los despachos.
España también aparece en el mapa, aunque nadie lo contara
La España no beligerante tiene sus propios puntos. El vapor Banderas, de 2.140 TRB, fue el primer barco español víctima de la contienda: torpedeado el 18 de febrero de 1940 por el U-53 a tres millas al noroeste de cabo Villano, con 22 muertos y 7 supervivientes. Casi dos años después, el 13 de diciembre de 1941, el buque tanque Badalona de CAMPSA, 4.202 TRB, fue detenido a la altura de Motril, en las coordenadas 36º43N - 003º30W, por el U-453, que dio diez minutos a la tripulación antes de hundirlo. Tres víctimas. Y a la lista se suma el petrolero Campo Manes, esta vez por obra de un submarino estadounidense.
El desastre italiano que nadie avisó a tiempo
Mussolini declaró la guerra a Francia y Reino Unido el 10 de junio de 1940 sin avisar a su marina mercante, que tenía buena parte de sus barcos en alta mar. El resultado fue un tercio de la capacidad perdida de golpe: más de 1.200.000 toneladas, en su mayoría apresadas antes de que nadie pudiera reaccionar.
En el norte de África la guerra fue, sobre todo, de suministros. El Eje perdió alrededor de 1.300 mercantes cargados de material y tropas. De poco servía acumular montañas de equipo en Nápoles si la capacidad de desestiba de los puertos libios y egipcios era la que era: los barcos esperando turno eran blanco fácil.
El pecio como cantera: acero anterior a Hiroshima
Hay un negocio turbio debajo del agua. En el sudeste asiático se están desguazando pecios de la Segunda Guerra Mundial, muchas veces tumbas de guerra, para extraer acero de baja radioactividad: metal fabricado antes de Hiroshima y Nagasaki, y protegido del aire por el mar, que se cotiza para instrumentos y sensores de precisión.
También circula la leyenda de que el Ark Royal, hundido cerca de Almería según esa misma versión, guarda motores Merlin embalados y perfectamente conservados. El valor real de un cargamento así es discutible: se trata de coleccionismo, y depende por completo de la escasez del objeto.
Lo que la base de datos no resuelve es cuánto material militar acabó en el fondo. Se cuentan toneladas, no el contenido. Nadie sabe cuántos carros M4 Sherman, cuántos cazas o qué porcentaje exacto de la producción de guerra se quedó bajo el agua, a la espera de que alguien lo sume.