Multimillonarios se mudan a búnkeres subterráneos: moda o profecía autocumplida
Omar Montes, el polémico cantante, apareció hace meses en un solar de un PAU con un cartel que anunciaba: «Aquí estamos haciendo un búnker». Mientras, la excavadora cavaba y el responsable de la obra aseguraba que en dos semanas estaría listo —cuando apenas empezaban a mover tierra—. La escena, entre lo cutre y lo surrealista, ilustra la última tendencia entre quienes tienen demasiado dinero: prepararse para el fin del mundo bajo tierra.
El negocio de los búnkeres de lujo
No es solo Omar Montes. Varios desarrollos inmobiliarios ofrecen refugios subterráneos por 48 millones de euros, con restaurantes, spas y seguridad privada. La pregunta es obvia: ¿por qué una élite global está invirtiendo en vivir bajo tierra? Algunos apuntan a una estrategia de marketing vinculada a la serie de Netflix «El refugio atómico», cuyo estreno está previsto para el 19 de septiembre de 2025. La serie presenta un complejo subterráneo exclusivo llamado Kimera Underground Park, donde la verdadera tensión no está fuera, sino dentro.
La paradoja del poder enterrado
Pero hay quien lo toma en serio. Se habla de un evento de extinción, de la inestabilidad social, del colapso ecológico. Sin embargo, la lógica se vuelve en contra de los inquilinos: en un escenario post-apocalíptico, los guardias de seguridad —armados y organizados— no tardarían en tomar el control, convirtiendo a los millonarios en rehenes o algo peor. La historia de las guardias pretorianas se repite. Un análisis de las obras calcula que para una urbanización de diez casas subterráneas haría falta una excavación equivalente al tamaño de Barcelona, algo que pone en duda la viabilidad real.
Marketing o profecía
La discusión se divide entre quienes ven esto como una mera campaña publicitaria —Omar Montes como gancho— y quienes creen que la élite sabe algo que no contamos. La referencia a la novela de H.G. Wells sobre los morlocks, una raza subterránea que se alimenta de los habitantes de la superficie, resuena como una advertencia. Mientras tanto, los búnkeres se siguen vendiendo, y la serie de Netflix llega en septiembre de 2025.
El dato final: la rampa de acceso para un búnker a 275 metros de profundidad tendría que medir más de 1,7 kilómetros con una pendiente del 16%. La obra civil para diez parcelas requeriría mover tierra suficiente para crear un muelle del tamaño de Barcelona. Y luego dicen que hay crisis.
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