1538: América ya tenía universidad antes que Harvard
En 1538 abría en Santo Domingo la Universidad de Santo Tomás de Aquino. Casi cien años después, en 1636, se fundaba Harvard. Entre medias, según el recuento que sostiene el planteamiento de este asunto, la Corona española había puesto en marcha 18 universidades y 14 colegios superiores. La cifra global que se reivindica: alrededor de
30 universidades y una veintena de colegios de educación superior repartidos entre América y Asia.
La lista arranca en 1533 con el Real Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y llega hasta 1808, con el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando, en Lima. Pasa por San Marcos (1551), México (1551), La Plata (1552), Manila (1590) o Córdoba (1613). No es una relación neutral: es el núcleo del argumento de que el legado español en América fue, sobre todo, institucional y educativo.
Y ahí empieza el ruido.
¿Había un Imperio Español o solo una dinastía con varias coronas?
La objeción más repetida no discute los edificios, sino el sujeto que los construyó. Se sostiene que no existía un Estado español propiamente dicho: ni leyes comunes, ni ejército, ni marina, ni idioma único. Solo una casa dinástica, los Habsburgo, con un conjunto de reinos en herencia.
La réplica llega por el lado del derecho sucesorio. El primer Habsburgo que se sentó en los tronos de Castilla y Aragón lo hizo como nieto de los Reyes Católicos, no como conquistador. La casa se dividió con Carlos V en dos ramas, la española y la austriaca, y los territorios americanos y asiáticos quedaron del lado español. Se compara con el caso británico, donde dinastías de origen alemán o neerlandés reinaron sin que nadie discutiera la existencia del imperio.
El punto de fondo es cuánto pesa la estructura jurídica frente a la práctica administrativa y qué se entiende por Estado en el sentido contemporáneo.
Catedrales con fecha: el problema de atribuir todo lo que sigue en pie
El listado de catedrales mexicanas es donde el inventario se rompe. Junto a templos del siglo XVII aparecen otros levantados después de la independencia: la catedral de Matehuala se construyó entre
1906 y 1930, y las de Matamoros, Mazatlán o la actual de Tepic también son posteriores a la ruptura colonial. La catedral de Bogotá que se cita es de factura neoclásica, de cronología tardía.
No invalida el conjunto, pero obliga a separar dos cosas: lo que la Corona financió y lo que se construyó después invocando esa herencia. Es la diferencia entre un dato y un marco mental.
Vauban, la traza italiana y las fortalezas de ultramar
El mismo problema aparece en la arquitectura defensiva. Los baluartes pentagonales de América se despachan como copias del modelo francés de Vauban. La respuesta técnica es que la llamada
traza italiana se usaba antes de que Vauban naciera, y que la monarquía hispánica la desarrolló con criterios propios, adaptados a costas, puertos y climas distintos.
Discutir quién copió a quién en poliorcética cuatro siglos después tiene algo de ejercicio circular. Pero revela el mecanismo: cualquier obra española se lee como derivada, cualquier obra ajena como original.
Balmis, las mantas y la guerra de relatos
El contraste más citado es sanitario. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida por Balmis, llevó la vacunación contra la viruela desde La Habana hasta Macao. Frente a eso, se afirma que la potencia rival distribuía mantas infectadas entre poblaciones indígenas. Es una acusación que se lanza sin pruebas en el material y que conviene no dar por buena sin matices.
Conviene separar los hechos verificables —una campaña de vacunación documentada— de las imputaciones retroactivas. Ambas cosas se mezclan en la misma frase, y de esa mezcla sale una conclusión que dice más del presente que del siglo XVIII.
La independencia, los ingleses y las dos leyendas
La segunda capa del asunto es latinoamericana. Se sostiene que la emancipación de los virreinatos estuvo teledirigida por intereses británicos, que buscaban mercados y gobiernos afines, y que el resultado fue una fragmentación en múltiples repúblicas. Se apoya en análisis como los del historiador argentino Patricio Lons, divulgados en entrevistas.
Del otro lado, la lectura opuesta: el atraso posterior no se explica por conspiraciones externas, sino por guerras civiles, dictaduras militares y modelos económicos fallidos. El ejemplo que se pone es el de Argentina, que a comienzos del siglo XX competía en renta con las economías avanzadas y acabó por detrás de otros países de la región.
Ninguna de las dos versiones cierra el asunto.
El dato que no encaja
La catedral de Matehuala, en San Luis Potosí, se terminó en la década de 1930. Sigue formando parte del paisaje que se atribuye al imperio en las listas. Casi un siglo después de la independencia, la huella y el relato seguían construyéndose a la vez. Es difícil saber dónde acaba una y empieza el otro.