Una columna de El País equipara votar a Vox con votar a Franco
Una columna firmada por Jordi Amat en
El País sostiene que «si votas a
Vox, votas a Franco en 2023» y describe el programa del partido como el que entronca más nítidamente con la ideología y política franquista. El texto, difundido en redes, ha generado una reacción inmediata: lejos de erosionar a Vox, buena parte de los lectores interpreta que la pieza funciona como publicidad gratuita del partido. La paradoja es elocuente: un medio que pretendía alertar contra la ultraderecha termina siendo señalado como su mejor altavoz.
Qué dice exactamente la columna
La tesis del artículo es nítida: el 23 de julio representa una oportunidad histórica y votar a Vox equivale a votar a Franco. No se trata de una metáfora aislada, sino del eje argumental: el programa de Vox entroncaría con la ideología y política franquista como ninguna candidatura lo había hecho antes. La afirmación, publicada en un medio de referencia, ha sido recibida con escepticismo incluso entre quienes no simpatizan con el partido.
La reacción más repetida no niega el pasado franquista, sino que cuestiona la utilidad del marco. Hay quien sostiene que la comparación es tan burda que desactiva cualquier debate real sobre el programa. Otros apuntan algo más incómodo: que el artículo moviliza a un votante que no se siente interpelado por las alertas morales.
El efecto llamada que nadie quería
El patrón se repite en decenas de respuestas: el artículo ha sido leído como un argumento a favor de Vox. «Esto son votos para VOX», resume una de las intervenciones más valoradas. La lógica es sencilla: si un medio hostil te ataca con un marco tan grueso, el ataque refuerza tu posición entre los tuyos. La campaña de
El País se convierte, paradójicamente, en campaña de Vox.
La cifra que planea sobre el debate es la de los 80 escaños. No es una proyección electoral, sino el umbral que algunos lectores manejan como escenario posible si la campaña mediática sigue este tono. El dato no está verificado, pero circula con fuerza en la conversación.
Franco como fantasma rentable
Una de las observaciones más repetidas es que Franco se ha convertido en el espantapájaros más rentable de la historia. La referencia al dictador aparece en el artículo, pero también en la reacción: hay quien bromea con votar a Franco, quien recuerda que ya no existe y quien ironiza sobre la incapacidad de la izquierda de encontrar un marco nuevo.
El argumento más incómodo para la tesis del artículo es que Vox no es sucesor de Franco, sino un partido vendido a intereses que no son España ni los españoles. Esa lectura, minoritaria pero persistente, desmonta la equiparación desde dentro: si Vox no es franquista, el ataque de
El País se queda sin objeto.
El problema de la comparación histórica
La comparación con Franco tiene un problema de precisión. El franquismo fue una dictadura, y Vox es un partido que se presenta a elecciones. La distancia es evidente. Pero el artículo no habla de dictadura, sino de programa e ideología. Ahí el debate se vuelve más resbaladizo: ¿basta la coincidencia en políticas para equiparar un partido con un régimen?
La respuesta no es unánime. Hay quien sostiene que la alerta es legítima y quien cree que banaliza el franquismo. En medio, una evidencia incómoda: la campaña de
El País ha puesto a Vox en el centro del debate, que es exactamente donde el partido quiere estar.
El resultado, a la fecha de esta discusión, es una campaña que se ha vuelto contra quien la lanzó. Vox no ha necesitado responder: el artículo ha hecho el trabajo. La pregunta que queda flotando no es si Vox es franquista, sino por qué un medio de referencia elige un marco que, lejos de frenar al partido, le regala el titular que más le conviene.