El Supremo impone penas máximas a la trama Koldo: señal de que el poder judicial aún puede poner freno a la podredumbre política
La Sala Segunda del Tribunal Supremo ha dictado este miércoles una sentencia que marca un antes y un después en la lucha contra la corrupción. Siete jueces, por unanimidad, han impuesto las penas más altas posibles a los principales implicados en el caso Koldo, entre ellos José Luis Ábalos y el propio Koldo García. La condena, que ha cogido por sorpresa al PSOE –según El Mundo, Koldo reaccionó con un encabronamiento mayúsculo al grito de “ejjj que la pena es muy altaaa...”–, envía un mensaje nítido: quien delinca, pagará caro.
La sentencia no solo castiga a los corruptos, sino que premia la colaboración. Quien haya ayudado a destapar la trama, como el comisionista Víctor de Aldama, se beneficia de una rebaja sustancial. Los jueces han querido marcar territorio: solo con penas ejemplares se disuade a la clase política de tentar al diablo.
Pero en un país donde los indultos bajan como el aceite, nadie se fía. Ya hay quien apunta que el PP, cuando llegue, indultará a los condenados. Otros ven una derrota del sanchismo sin paliativos. Lo cierto es que la sentencia llega en un momento crítico para el Ejecutivo, con Sánchez resistiendo a duras penas el embate de los juzgados. La pregunta que queda en el aire: ¿aguantará el pulso o acabará pactando con el PP un indulto exprés?
Por ahora, el Supremo ha puesto los huevos –nunca mejor dicho– sobre la mesa. El resto está en manos de la política, esa misma que hoy celebra el varapalo judicial pero que mañana, quizás, lo perdona todo.