España cae a 1,2 hijos por mujer y el relevo generacional se aleja
Una familia come con su bebé y el local los acomoda en la zona menos deseada. La escena, repetida con variantes, funciona como síntoma en una discusión que arranca de un mapa: el de los países con fecundidad por debajo del reemplazo. Sobre él, un comentario difundido por François Valentin resume el ánimo: «Spain is especially dramatic». El diagnóstico que se extrae es que la natalidad española se ha quedado en torno a
1,2 hijos por mujer, muy por debajo del umbral necesario, y que ninguna política parece enderezarlo.
Del 1,79 de Francia al suelo que se atribuye a España
El punto de partida es comparativo. Francia registra
1,79 hijos por mujer, un dato que muchos matizan por su composición: parte de esa cifra correspondería, según el reparto que circula, a nacimientos de madres de origen migrante. No hay desglose contrastado, solo el apunte. En el caso español, la estimación más pesimista que se maneja sostiene que, aislando a la población de origen extranjero, la fecundidad de las nacidas en el país quedaría
por debajo de un hijo por mujer. Es un cálculo atribuido, no una cifra oficial, pero marca el tono de todo lo que viene después.
¿Por qué el precio de la vivienda aparece como anticonceptivo?
Una frase con sorna —el mejor anticonceptivo es el precio de la vivienda— vertebra buena parte de los argumentos económicos. El ejemplo se concreta: un piso viejo en Madrid o Barcelona se alquila por
900 o 1.000 euros, cuando hace tres décadas el mismo tipo de vivienda costaba
10.000 pesetas. Con salarios que se describen en el entorno de los
1.200 euros, la cuenta no sale. En el mismo paquete entran la fiscalidad, el coste de vida y la ausencia de ayudas directas a la familia.
El argumento tiene réplica. Se recuerda que bisabuelos más pobres criaban más hijos, de modo que el precio no lo explica todo. Y se añade un detalle cotidiano: lo más asequible que encuentra quien busca comprar es un dos dormitorios, y ahí no cabe una familia numerosa.
Cuánto sostiene la inmigración la tasa de natalidad
Un segundo bloque se apoya en la composición demográfica. Quienes lo defienden sostienen que las cifras solo cuadran al incorporar a la población de origen migrante: atribuyen a los marroquíes
2,2 hijos por mujer, con alrededor de un millón de residentes, y a peruanos y ecuatorianos
1,8, con 400.000 y 500.000 personas respectivamente. Sumando esos grupos a otros colectivos se llegaría a los
12 millones —entre nacionalizados, legales e irregulares— que, según este cálculo, evitan que la media se hunda más.
No es una tesis pacífica. Frente a ella se recuerda que la fecundidad cae en todo el mundo y también dentro de esas comunidades, y que la inmigración no compensa el relevo a largo plazo. Otros apuntan que se pone el foco en la tasa de fecundidad y no en la tasa de natalidad precisamente para que un descenso acusado parezca menos abrupto.
La tesis cultural: el problema no sería el dinero
Hay una tercera corriente que desplaza el foco del bolsillo a los valores. Su razonamiento es simple: si los bisabuelos, más pobres, tenían más hijos, el freno no está en la vivienda ni en el salario. Señalan un cambio de prioridades hacia el consumo, el ocio y la carrera profesional, y en su versión más dura colocan en el centro un cambio de modelo social. Es una lectura ideológica, discutida dentro y fuera de la conversación, y convive con otra más neutra: la falta de tiempo y de red familiar —antes había tres o cuatro generaciones bajo el mismo techo— también pesa.
Dos generaciones para perder tres cuartas partes
El horizonte que algunos dibujan es alarmante. Si la fecundidad se mantiene, se afirma que la población podría caer en torno a un
75% en solo dos generaciones, y que esto ocurre mientras la natalidad baja en el conjunto del planeta. El contrapeso llega desde una lectura global: la población mundial pasó de
1.000 millones a comienzos del siglo XX a cerca de
10.000 millones, de modo que el descenso no sería una catástrofe por sí mismo. Las excepciones se concentran en el África subsahariana y algunos países de Asia central, aunque incluso allí las tasas se aproximan al umbral.
Los casos que se citan ilustran la tendencia: Perú registra
1,98 hijos por mujer en 2023, por debajo del reemplazo pese a ser un país de renta menor.
Donde no hay acuerdo es en la salida. Unos piden política de familia; otros lo creen irreversible. Y el cálculo que atribuye a España ese 1,2 concluye con un dato que descoloca: aislada, la fecundidad de las nacidas aquí no llegaría ni a un hijo por mujer.