Madrid y los cartones: la paradoja de la vivienda que expulsa a quien la habita
¿Por qué hay cada vez más personas durmiendo entre cartones en las calles de Madrid? El fenómeno, que se extiende también a otras grandes ciudades y a sus entradas y salidas, tiene una explicación incómoda: la misma ciudad que atrae a cientos de miles de personas cada año es la que ha visto cómo el precio del alquiler, incluso por una habitación, se ha vuelto inalcanzable para quien llega con lo puesto. La escena ya no se limita al extrarradio. Como resume un participante, en Madrid los ves en plena Gran Vía, en el Retiro, en el aeropuerto y en la plaza Mayor, y son muchos más.
La discusión sobre las causas se divide entre quienes señalan el descontrol de los flujos migratorios, quienes apuntan a la falta de vivienda construida durante años y quienes cargan contra las medidas que, lejos de abaratar el alquiler, han reducido el parque disponible. Lo que casi nadie discute es el resultado:
una habitación a 500 euros y una calle que se llena de gente que no puede pagarla.
El precio de una habitación que expulsa a quien la necesita
El argumento más repetido es el del coste. Una habitación de alquiler a 500 euros es, para muchos recién llegados, la diferencia entre tener un techo y dormir a la intemperie. El cálculo es simple: si el salario de los trabajos poco cualificados no cubre ni el alquiler de una habitación, la calle se convierte en la única opción.
Era cuestión de tiempo, resume un mensaje, que las calles se llenasen de personas sin hogar.
Hay quien sostiene que la solución pasaría por que quienes no pueden mantenerse aquí regresen a su país, en lugar de quedarse mendigando. Otros, en cambio, apuntan a que la mayoría quiere quedarse precisamente en Madrid, cuando lo lógico sería huir a provincias con vivienda más barata. La paradoja es que la ciudad que más empleo genera en hostelería y servicios es también la que tiene los alquileres más altos para quienes cobran esos sueldos.
Vivienda construida, okupas y seguridad jurídica: el debate de fondo
Una parte del análisis carga contra la política de vivienda. Se argumenta que llevamos años sin construir vivienda suficiente, que se legisla de forma que los propietarios no tienen seguridad jurídica frente a okupas e inquilinos morosos, y que eso reduce el parque en alquiler. Cada vez que se anuncia una medida para atajar el problema, el resultado sería el contrario: menos oferta y precios más altos.
El cálculo que manejan quienes defienden esta tesis es que, si se diera seguridad a los propietarios, se añadirían muchas más viviendas al mercado del alquiler. Enfrente, la tesis de que el problema es de demanda descontrolada: se sostiene que entran más de medio millón de personas al año, muchas sin cualificación, y que el sistema no puede absorber ese volumen ni en vivienda ni en sanidad. La conclusión de este bando es que el país no puede asimilar semejantes flujos anuales.
¿Por qué no se van a provincias si allí la vivienda es más barata?
La pregunta tiene respuesta en el propio material: porque la gente quiere el jolgorio y el fornicio de Madrid, no vivir en un pueblo de Teruel. La atracción de la gran ciudad pesa más que el coste. Además, muchos de los trabajos disponibles —hostelería, servicios— están precisamente en los núcleos urbanos, no en las provincias despobladas.
El resultado es una concentración de población en las zonas más caras, con el consiguiente desbordamiento de servicios públicos. Como resume un mensaje,
todos los servicios públicos se desbordan debido al aumento descontrolado de usuarios. La sanidad, la vivienda y las ayudas se tensan en los mismos puntos donde se concentra la demanda.
La comparación europea: ¿es España un caso excepcional?
Frente a la tesis de que el fenómeno es global, se aporta una experiencia concreta: quien ha viajado por Europa sostiene que la tasa de personas en esta situación es infinitamente menor en otros países. En dos días en Carcassonne, se afirma, solo se vieron dos personas de origen dominicano. En España, en cambio, están por todos sitios por millones.
El argumento de este bando es que la mayoría quiere estar aquí y que, de la forma en que viven aquí, no vivirían en ningún otro sitio. Se añade que no quieren aprender un nuevo idioma y que aquí se les deja construir. La comparación con Suecia o Escocia se usa como contraste para sostener que el caso español es excepcional.
El trasfondo político: Aznar, el PP y la ley de nietos
La discusión deriva hacia la responsabilidad política. Hay quien sitúa el inicio de la gran oleada en los gobiernos del PP de Aznar, con la llegada de un volumen importante de personas de Ecuador en pocos meses. Otros replican que entonces la constitución socialista ya estaba vigente, con impuestos, deuda y sobrerregulación, y que culpar a un gobierno concreto es como culpar a Brad Pitt de no follar.
Se menciona también la ley de nietos, con
2,3 millones de españoles latentes en sus países preparados para dar el salto con derechos adquiridos, según un mensaje. La conclusión de quien lo plantea es que vamos a pasar a la historia por cómo no se deben gestionar los flujos migratorios. El debate, en todo caso, sigue abierto.
Con estos mimbres, lo lógico sería que la migración interior hacia provincias con vivienda barata fuera masiva. No lo es. Y mientras tanto, Madrid sigue llenándose de cartones en las aceras.
Disfruten del estercolero, ironiza alguien. El problema, desde luego, no se ha ido a dormir a otro sitio.