El problema es que uno de los mecanismos más importantes que tiene la naturaleza para regular las poblaciones es la depredación, pero en lugares como la Alpujarra, de donde soy, no hay depredadores para mantener a dosis de poleo especies como la cabra montés o el jabalí, por ejemplo.
Donde vivo estamos sufriendo una auténtica plaga de cabra montés, algo que no había visto nunca. Supongo que se debe, al abandono del campo y, por ende, de la caza. Se acercan hasta la puerta de mi casa manadas de unas 20 cabras que destrozan todo tipo de cultivos y llegan a romper incluso los troncos de los árboles jóvenes.
Y es aquí donde entra otro mecanismo natural de control de plagas: las enfermedades. Una de ellas es la sarna sarcóptica, bastante común entre las cabras monteses, cuya propagación se acelera cuanto mayor es la densidad de la población.
Hay tantas cabras que hasta los perros abandonados se las comen. Hace unos meses, mi padre vio cómo dos de estos perros le arrancaron la cabeza a una.
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