León mueve ficha para ser la comunidad autónoma número 18
Un pleno de la Diputación de León, con los votos del PSOE y de Unión del Pueblo Leonés, ha respaldado la iniciativa para que la provincia se constituya en comunidad autónoma propia. En la calle se ha hablado de «independencia», pero el texto que se tramita no va de eso: se apoya en el
artículo 143 de la Constitución, el que abre el autogobierno a las provincias con entidad regional histórica. Con ese aval institucional, León queda un paso más cerca de convertirse en la
decimoctava comunidad autónoma española. Y bajo el trámite, una pregunta incómoda: si La Rioja, Cantabria o Madrid son comunidades, ¿por qué no León?
¿Qué ha votado la Diputación de León?
La Diputación ha dado luz verde a la iniciativa del proceso autonómico con los votos del PSOE y de la Unión del Pueblo Leonés. La vía elegida es la del artículo 143, que atribuye la iniciativa a las diputaciones interesadas y a las dos terceras partes de los municipios de provincias con entidad regional histórica y características comunes. El paso no crea todavía ninguna institución: abre un procedimiento.
Porque de lo que se discute no es de separarse de España, sino de dejar de colgar del Gobierno de Castilla y León. La comunidad se diseñó con
Valladolid como sede administrativa y principal polo de inversión, y ese es el agravio que sostiene todo lo demás: una provincia con la historia y el peso de León quedó subordinada a un eje administrativo. De ahí la fórmula que resume el enfado: Castilla y León, sin León, se queda sin el nombre que le da la mitad de su apellido.
El agravio histórico: Cortes medievales y un escudo sin Valladolid
El argumento más repetido tiene siglos. El reino de León figura en el
escudo de España junto a Castilla, Navarra y Aragón, y la reivindicación insiste en que fue la cuna del parlamentarismo europeo. De ahí la contradicción que se señala una y otra vez:
la cuna del parlamentarismo europeo no tiene parlamento propio.
A eso se suma el reproche de manual: La Rioja, Cantabria y la Comunidad de Madrid son comunidades uniprovinciales, y el leonismo los usa como espejo. Hay quien recuerda además que ya en la Segunda República Madrid se concibió como contrapeso de las fuerzas regionalistas, y que Madrid no se integró en Castilla porque no interesaba a ese equilibrio. Aplicado al caso leonés, la conclusión que se saca es que el mapa autonómico se dibujó con criterios de conveniencia, no de historia.
¿Cuánto costaría sostener una comunidad autónoma más?
Aquí se rompe cualquier consenso. Una estimación que circula en el debate cifra en
50.000 euros por habitante la factura de levantar policía, sanidad y el resto de estructuras propias. Sobre esa base, el escenario pesimista es directo: duplicar administraciones empobrece aún más a una provincia que, según se sostiene en el hilo, es netamente receptora de fondos y no aportadora a las arcas comunes.
El escenario optimista parte de otro punto: si León está en decadencia es precisamente por depender de Valladolid, que concentra la inversión y las sedes autonómicas. El cierre de la minería, el desmontaje industrial y la pérdida de peso agrario explican el desplome demográfico, según el diagnóstico que se repite en el debate, y ahí es donde el leonismo sitúa la prueba de que el modelo actual no funciona. Sobre el terreno, la provincia se describe como un erial con población envejecida, sin juventud y sin industria relevante.
El efecto taifa: Cartagena, La Sagra y El Bierzo entran en la lista
Con León en marcha, la conversación se ha llenado de candidaturas. Aparecen
Cartagena, la comarca toledana de
La Sagra o
El Bierzo libre con capital en Bembibre, y la broma recurrente es trocear cualquier comunidad hasta que cada uno tenga su chiringuito. La sospecha de fondo se resume en una expresión clásica: divide et impera. Más taifas, más redes clientelares, más comisiones y más estructuras que sostener.
Ese es el eje de la crítica más dura: que ampliar el mapa autonómico no reparte riqueza, sino cargos. La respuesta desde el otro lado no es menos incómoda: el despilfarro se critica cuando lo pide el vecino y se tolera cuando ya existe. La pregunta sin resolver es por qué una comunidad uniprovincial creada hace décadas parece normal y la siguiente siempre es un despilfarro.
Zamora, Salamanca y el cálculo electoral que nadie quiere mirar
Hay un dato que incomoda a ambos bandos. Un cálculo que circula en el debate sostiene que en una hipotética región formada por León, Zamora y Salamanca, el PSOE tendría
cero posibilidades de gobernar, porque en Zamora y Salamanca el voto a la derecha se movería entre el
60% y el 70% en autonómicas y generales. La geometría electoral de la nueva comunidad no la decide la historia.
A eso se añade la resistencia que se atribuye a las provincias vecinas. También pesa el recuerdo de agravios internos: parte del debate sostiene que desde León se ha hecho más daño a Zamora que desde Valladolid, con el episodio del AVE a Galicia como ejemplo, cuando la ruta acabó pasando por Zamora y no por León y Ponferrada.
Con las cuentas así, hay quien sostiene que la provincia que reclama su parlamento es la misma que menos aporta a la caja común, y que dos de las tres provincias del supuesto nuevo mapa votan mayoritariamente a la derecha. Ninguno de esos números ha detenido el proceso. Tampoco lo ha explicado del todo: el leonismo no pide dinero, pide dejar de ser la mitad silenciosa de un nombre compuesto.