Las personas con tatuajes tienen un 21% más de riesgo de linfoma maligno.

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Tatuajes y linfoma: el titular alarmista que se desinfla con los datos Circuló esta semana un titular inquietante: las personas con tatuajes tienen un 21% más de riesgo de linfoma maligno. El dato procede de un estudio publicado en The Lancet, pero la forma en que se ha comunicado esconde un problema estadístico que conviene desentrañar antes de tirar los botes de tinta.

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jalp9000

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Las personas con tatuajes tienen un 21% más de riesgo de linfoma maligno.

La eliminación con láser se asoció con un aumento de casi el 200% en el riesgo (posiblemente por la descomposición de compuestos tóxicos).
 
Más sobre: Cáncer · Ciencia
Que conste que soy la persona más antitatuajes del planeta, pero ese titular es un tanto clickbait y alarmista.

Si una persona sin tatuajes tiene un 1 % de probabilidades de tener linfoma (por decir una cifra), esa noticia significaría que una persona tatuada tendría un 1,21 %.

Muy probablemente el alcohol y los embutidos influyan muchísimo más, por decir dos cosas comunes.
 
Pues muchas mujeres de 18 a 60 años tienen y hombres al menos la mitad. España es uno de los países con más tatuados del mundo
Veremos si alguno de esos pasa de los 80 o qué
 
Que conste que soy la persona más antitatuajes del planeta, pero ese titular es un tanto clickbait y alarmista.

Si una persona sin tatuajes tiene un 1 % de probabilidades de tener linfoma (por decir una cifra), esa noticia significaría que una persona tatuada tendría un 1,21 %.

Muy probablemente el alcohol y los embutidos influyan muchísimo más, por decir dos cosas comunes.

Tiene usted razón en lo del riesgo relativo contra el absoluto, pero el problema del titular es bastante peor que eso, y está dentro del propio artículo.

El dato es IRR 1,21, con intervalo de confianza del 95% entre 0,99 y 1,48. Ese intervalo contiene el 1. En este diseño eso significa que el resultado no alcanza la significación estadística: el estudio no puede descartar que el efecto sea cero. El titular "21% más de riesgo" está entrecomillando la estimación puntual y dejando de lado el único número que dice cuánto hay que fiarse de ella. La cifra bruta de la que sale todo es que el 21% de los casos tenía tatuajes contra el 18% de los controles. Tres puntos porcentuales.

Y hay dos cosas más en el artículo que van contra la causalidad, y son las que a mí me parecen decisivas.

La primera es que no hay dosis respuesta. Los propios autores dicen que no encontraron evidencia de mayor riesgo con mayor superficie corporal tatuada. Si la tinta causara linfoma, más tinta tendría que dar más linfoma. No lo da. Cuando falta la relación con la dosis, lo normal es que estés midiendo otra cosa.

La segunda es que el patrón temporal está del revés. El riesgo más alto sale en quienes tenían menos de dos años entre el primer tatuaje y el año índice, con IRR 1,81 e intervalo de 1,03 a 3,20. Y en los que se tatuaron hace once años o más baja a 1,19, con intervalo de 0,94 a 1,50. Un cancerígeno no funciona así. Los linfomas tardan años en desarrollarse, de modo que el efecto tendría que ser mayor cuanto más antigua la exposición, no menor. Un riesgo que es máximo justo después y se desvanece con el tiempo apunta a causalidad inversa o a sesgo de recuerdo, no a carcinogénesis.

Y ahí entra el dato que remata: respondieron el 54% de los casos y el 47% de los controles. Casi la mitad de la gente no contestó. Con una diferencia real de tres puntos, basta con que los enfermos rellenen la encuesta con algo más de interés que los sanos para fabricar la asociación entera.

Sobre lo del láser que pone el primer mensaje, ese casi 200% no aparece en el resumen del artículo. Si viene de las tablas del texto completo, quien lo cite debería decir sobre cuántas personas se calcula, porque la gente que se ha quitado un tatuaje con láser es un subgrupo pequeñísimo dentro de una muestra que ya venía justa, y en subgrupos así los intervalos se vuelven enormes. Con eso no se hace un titular.

Lo curioso es que los autores fueron prudentes: hablaron de posible asociación y pidieron más investigación, que es exactamente lo que corresponde con un intervalo que roza el 1. El clickbait no lo pusieron ellos.

Dicho lo cual, y para no dejarle solo en su antitatuajismo: que este estudio no demuestre nada no significa que meterse pigmentos industriales bajo la piel de por vida sea buena idea. Solo significa que si algún día se demuestra el daño, no va a ser con este papel.
 
como ya he contado en el foro, yo ya he visto a una médica de atención primaria de la seguridad social y a una odontóloga con tatuajes discretos pero visibles

roto2 roto2 roto2

la princesa Leonor será la siguiente
Y yo al sustituto de mi médica de cabecera lo vi el viernes y no es español, ni habla bien nuestro idioma, tiene un brazo tatuado, me ha dado una baja cuestionable, y me ha recetado un montón de medicamentos que me van a poner peor de lo que ahora estoy por una lumbalgia😱
 
Que vuelvan los tatuajes lombrosianos

entra tutto (ese va en el muslo)
amor de progenitora
un ancla, por favor
moby schlong

Los de toda la vida
 
Tiene usted razón en lo del riesgo relativo contra el absoluto, pero el problema del titular es bastante peor que eso, y está dentro del propio artículo.

El dato es IRR 1,21, con intervalo de confianza del 95% entre 0,99 y 1,48. Ese intervalo contiene el 1. En este diseño eso significa que el resultado no alcanza la significación estadística: el estudio no puede descartar que el efecto sea cero. El titular "21% más de riesgo" está entrecomillando la estimación puntual y dejando de lado el único número que dice cuánto hay que fiarse de ella. La cifra bruta de la que sale todo es que el 21% de los casos tenía tatuajes contra el 18% de los controles. Tres puntos porcentuales.

Y hay dos cosas más en el artículo que van contra la causalidad, y son las que a mí me parecen decisivas.

La primera es que no hay dosis respuesta. Los propios autores dicen que no encontraron evidencia de mayor riesgo con mayor superficie corporal tatuada. Si la tinta causara linfoma, más tinta tendría que dar más linfoma. No lo da. Cuando falta la relación con la dosis, lo normal es que estés midiendo otra cosa.

La segunda es que el patrón temporal está del revés. El riesgo más alto sale en quienes tenían menos de dos años entre el primer tatuaje y el año índice, con IRR 1,81 e intervalo de 1,03 a 3,20. Y en los que se tatuaron hace once años o más baja a 1,19, con intervalo de 0,94 a 1,50. Un cancerígeno no funciona así. Los linfomas tardan años en desarrollarse, de modo que el efecto tendría que ser mayor cuanto más antigua la exposición, no menor. Un riesgo que es máximo justo después y se desvanece con el tiempo apunta a causalidad inversa o a sesgo de recuerdo, no a carcinogénesis.

Y ahí entra el dato que remata: respondieron el 54% de los casos y el 47% de los controles. Casi la mitad de la gente no contestó. Con una diferencia real de tres puntos, basta con que los enfermos rellenen la encuesta con algo más de interés que los sanos para fabricar la asociación entera.

Sobre lo del láser que pone el primer mensaje, ese casi 200% no aparece en el resumen del artículo. Si viene de las tablas del texto completo, quien lo cite debería decir sobre cuántas personas se calcula, porque la gente que se ha quitado un tatuaje con láser es un subgrupo pequeñísimo dentro de una muestra que ya venía justa, y en subgrupos así los intervalos se vuelven enormes. Con eso no se hace un titular.

Lo curioso es que los autores fueron prudentes: hablaron de posible asociación y pidieron más investigación, que es exactamente lo que corresponde con un intervalo que roza el 1. El clickbait no lo pusieron ellos.

Dicho lo cual, y para no dejarle solo en su antitatuajismo: que este estudio no demuestre nada no significa que meterse pigmentos industriales bajo la piel de por vida sea buena idea. Solo significa que si algún día se demuestra el daño, no va a ser con este papel.

La epidemiología como ciencia es muy cuestionable. Porque resulta que encuentra correlaciones estadísticas y termina vendiéndolas como causalidad, cuando no siempre es así. Simplemente, no pueden demostrarla.

Lo primero es lo que te dice el compañero. "Quien hace X o come Y tiene un 17% más de riesgo de tener tal cáncer". Pero son riesgos relativos; la realidad cuando lo miras de verdad es que un grupo tiene un 1,7% de tener ese cáncer, y el otro un 1,83%, lo que es una diferencia objetiva absolutamente poco apreciable.

Porque esas diferencias van a aparecer sí o sí en cuanto dividas la población en dos grupos: los que hacen o no hacen X, los que comen o no comen Y, los que tienen tal característica.

Divide la población entre rubios y el resto, alopécicos o con pelo, más altos o más bajos de 1,75%, votantes de izquierdas o de derechas, o seguidores de un equipo de fútbol u otro.

Y siempre te va a dar una diferencia estadística a niveles que pueda parecer que hay algo de causa, que nunca la hay.

Es un tema que he investigado bastante a fondo con el tema de la alimentación, lo más complicado es que la increíble mayoría de creencias que tenemos vienen de estudios así.

Obviando, por ejemplo, que cada variable puede tener variables secundarias importantísimas. Por ejemplo (se me ocurre, no significa que sea así...), ¿la gente que lleva tatuajes lleva el mismo tipo de vida que la gente que no los lleva?

¿Acaso no podíamos imaginar un consumo más alto de alcohol o de drojas? Pues imagino que sí. Pero claro, en estudios epidemiológicos eso es absolutamente imposible de controlar.

O incluso profecías autocumplidas. Si divides a los comedores de pan en dos, los que comen pan "normal" y los que comen pan integral, vas a encontrar sí o sí que los que comen pan integral tienen mejor salud. Y el estudio va a decir (sacándoselo de la manga) que el pan integral es saludable.

Pero no funciona así, es al revés. El pan integral es mucho menos apetecible, y solo aquellos que se preocupan más por su salud lo consumen. Con lo cual en este grupo de gente vas a encontrar muchos menos fumadores, menos alcohol, mucho más deporte. Toman pan integral porque les han dicho que es saludable, no son saludables por comer pan integral.

Y luego está la barbaridad (porque lo es) de inferir de estos estudios una conclusión: tal alimento "puede" ser cancerígeno.

Vaya. Al menos, son honrados y es un reconocimiento de que no pueden asegurarlo.

Pero decir que "puede" ser cancerígeno tiene, implícitamente, el mismo significado que "puede no" ser cancerígeno. Pero el primero destroza mentes preocupadas y el segundo no dice nada.

Si la gente supiera cuantísimas cosas relacionadas con la salud que piensa que están estudiadísimas provienen de estudios que no tienen ni siquiera la capacidad de demostrar algo, le explotaría la cabeza.
 
La epidemiología como ciencia es muy cuestionable. Porque resulta que encuentra correlaciones estadísticas y termina vendiéndolas como causalidad, cuando no siempre es así. Simplemente, no pueden demostrarla.

Lo primero es lo que te dice el compañero. "Quien hace X o come Y tiene un 17% más de riesgo de tener tal cáncer". Pero son riesgos relativos; la realidad cuando lo miras de verdad es que un grupo tiene un 1,7% de tener ese cáncer, y el otro un 1,83%, lo que es una diferencia objetiva absolutamente poco apreciable.

Porque esas diferencias van a aparecer sí o sí en cuanto dividas la población en dos grupos: los que hacen o no hacen X, los que comen o no comen Y, los que tienen tal característica.

Divide la población entre rubios y el resto, alopécicos o con pelo, más altos o más bajos de 1,75%, votantes de izquierdas o de derechas, o seguidores de un equipo de fútbol u otro.

Y siempre te va a dar una diferencia estadística a niveles que pueda parecer que hay algo de causa, que nunca la hay.

Es un tema que he investigado bastante a fondo con el tema de la alimentación, lo más complicado es que la increíble mayoría de creencias que tenemos vienen de estudios así.

Obviando, por ejemplo, que cada variable puede tener variables secundarias importantísimas. Por ejemplo (se me ocurre, no significa que sea así...), ¿la gente que lleva tatuajes lleva el mismo tipo de vida que la gente que no los lleva?

¿Acaso no podíamos imaginar un consumo más alto de alcohol o de drojas? Pues imagino que sí. Pero claro, en estudios epidemiológicos eso es absolutamente imposible de controlar.

O incluso profecías autocumplidas. Si divides a los comedores de pan en dos, los que comen pan "normal" y los que comen pan integral, vas a encontrar sí o sí que los que comen pan integral tienen mejor salud. Y el estudio va a decir (sacándoselo de la manga) que el pan integral es saludable.

Pero no funciona así, es al revés. El pan integral es mucho menos apetecible, y solo aquellos que se preocupan más por su salud lo consumen. Con lo cual en este grupo de gente vas a encontrar muchos menos fumadores, menos alcohol, mucho más deporte. Toman pan integral porque les han dicho que es saludable, no son saludables por comer pan integral.

Y luego está la barbaridad (porque lo es) de inferir de estos estudios una conclusión: tal alimento "puede" ser cancerígeno.

Vaya. Al menos, son honrados y es un reconocimiento de que no pueden asegurarlo.

Pero decir que "puede" ser cancerígeno tiene, implícitamente, el mismo significado que "puede no" ser cancerígeno. Pero el primero destroza mentes preocupadas y el segundo no dice nada.

Si la gente supiera cuantísimas cosas relacionadas con la salud que piensa que están estudiadísimas provienen de estudios que no tienen ni siquiera la capacidad de demostrar algo, le explotaría la cabeza.

Le concedo casi todo el diagnóstico y le discuto la conclusión, porque creo que se pasa usted de frenada justo en la frase que sostiene el resto.

Lo del pan integral está impecable y además tiene nombre propio en la literatura: sesgo del usuario sano. Es exactamente lo que usted describe, la gente que adopta la conducta recomendada adopta a la vez otras diez, y el estudio le atribuye a la primera el mérito de las once. No es una sospecha suya, es un problema reconocido, con bibliografía, y usted lo ha deducido solo. Y tiene razón en que el confusor residual no se arregla ajustando, porque solo puede ajustar por lo que ha medido.

Ahora la frase que falla: "SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE te va a dar una diferencia". No. Divida la población por rubios y morenos y le saldrá una diferencia numérica, sí, pero le saldrá dentro del intervalo de confianza, que es precisamente el aparato inventado para distinguir eso. Y fíjese en la gracia del caso que nos ocupa: el estudio de los tatuajes le ha dado 0,99 a 1,48, o sea que la maquinaria sí ha marcado el resultado como compatible con cero. El método hizo su trabajo. El que lo tiró por la borda fue el titular. Usted está culpando a la epidemiología de un delito cometido por el gabinete de prensa.

Y hay una razón por la que la epidemiología no es un desastre, que es el argumento que ganó la discusión del tabaco sin un solo ensayo aleatorizado. Lo formalizó Cornfield en 1959 y es de una sencillez brutal: si fumar multiplica por nueve el riesgo de cáncer de pulmón y usted quiere explicarlo entero con un factor oculto, ese factor tiene que ser al menos nueve veces más frecuente entre fumadores que entre no fumadores, y encima causar cáncer por su cuenta. No existe. Nadie ha encontrado nunca nada nueve veces más frecuente en fumadores capaz de hacer eso. Ahí es donde el confusor deja de ser una explicación posible y pasa a ser una excusa.

De ahí sale la regla práctica que separa lo que usted denuncia de lo que sí vale. Un riesgo relativo de 1,21 lo mueve cualquier cosa: dos copas de más, dormir peor, ir menos al médico. Un riesgo relativo de 9 o de 20, con dosis respuesta y con temporalidad correcta, no lo mueve nada. El tabaco daba veinte en los grandes fumadores. Los tatuajes dan 1,21 con el intervalo tocando el uno y sin dosis respuesta. No son la misma ciencia mal hecha, son dos cosas distintas, y el criterio para distinguirlas está publicado desde hace sesenta y siete años.

Donde le doy la razón del todo es en el historial de la epidemiología nutricional y de estilo de vida, que es sencillamente malo. Dos ejemplos de manual. Los estudios observacionales decían que la terapia hormonal sustitutiva protegía el corazón de las mujeres posmenopáusicas; el ensayo aleatorizado Women's Health Initiative se paró en 2002 antes de tiempo porque salía lo contrario, más infarto, más ictus, más cáncer de mama. Y el betacaroteno: los observacionales lo daban por protector del cáncer de pulmón, y cuando por fin lo probaron a lo bruto, los ensayos ATBC y CARET tuvieron que suspenderse porque el grupo suplementado tenía más cáncer, un 28% más en el CARET, y más gloria. Es decir, que la asociación no solo no era causa: apuntaba al revés del efecto real.

Pero mire quién se enteró de eso. Se enteraron ellos, y por el procedimiento de ir y comprobarlo. Un campo que descubre y publica sus propios fracasos de esa magnitud no es una pseudociencia, es una ciencia con una herramienta débil que sabe que la tiene débil.

Lo del "PUEDE ser cancerígeno" se lo firmo entero. Tiene usted razón en que es una asimetría psicológica: "puede" y "puede no" son lógicamente lo mismo y emocionalmente opuestos. Pero la solución no es prohibir la frase, es obligar a que vaya siempre acompañada del número. "IRR 1,21, intervalo 0,99 a 1,48" es una frase que cualquiera puede evaluar en diez segundos. "Puede ser cancerígeno" no se puede evaluar en absoluto, y por eso mismo es la que se publica.
 
¿Lo dicen los mismos que prácticamente te obligan a embadurnarte la piel con químicos desconocidos y ultrapublicitados por si acaso te roza un rayo de sol?

Por lo demás, lo dicho anteriormente: las diferencias entre los resultados estadísticos de los estudios, las conclusiones, y lo que luego es publicado para el consumo general, es totalmente ajeno a la realidad.
 
La estética agresiva siempre ha sido jugar con la salud.
 
Le concedo casi todo el diagnóstico y le discuto la conclusión, porque creo que se pasa usted de frenada justo en la frase que sostiene el resto.

Lo del pan integral está impecable y además tiene nombre propio en la literatura: sesgo del usuario sano. Es exactamente lo que usted describe, la gente que adopta la conducta recomendada adopta a la vez otras diez, y el estudio le atribuye a la primera el mérito de las once. No es una sospecha suya, es un problema reconocido, con bibliografía, y usted lo ha deducido solo. Y tiene razón en que el confusor residual no se arregla ajustando, porque solo puede ajustar por lo que ha medido.

Ahora la frase que falla: "SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE te va a dar una diferencia". No. Divida la población por rubios y morenos y le saldrá una diferencia numérica, sí, pero le saldrá dentro del intervalo de confianza, que es precisamente el aparato inventado para distinguir eso. Y fíjese en la gracia del caso que nos ocupa: el estudio de los tatuajes le ha dado 0,99 a 1,48, o sea que la maquinaria sí ha marcado el resultado como compatible con cero. El método hizo su trabajo. El que lo tiró por la borda fue el titular. Usted está culpando a la epidemiología de un delito cometido por el gabinete de prensa.

Y hay una razón por la que la epidemiología no es un desastre, que es el argumento que ganó la discusión del tabaco sin un solo ensayo aleatorizado. Lo formalizó Cornfield en 1959 y es de una sencillez brutal: si fumar multiplica por nueve el riesgo de cáncer de pulmón y usted quiere explicarlo entero con un factor oculto, ese factor tiene que ser al menos nueve veces más frecuente entre fumadores que entre no fumadores, y encima causar cáncer por su cuenta. No existe. Nadie ha encontrado nunca nada nueve veces más frecuente en fumadores capaz de hacer eso. Ahí es donde el confusor deja de ser una explicación posible y pasa a ser una excusa.

De ahí sale la regla práctica que separa lo que usted denuncia de lo que sí vale. Un riesgo relativo de 1,21 lo mueve cualquier cosa: dos copas de más, dormir peor, ir menos al médico. Un riesgo relativo de 9 o de 20, con dosis respuesta y con temporalidad correcta, no lo mueve nada. El tabaco daba veinte en los grandes fumadores. Los tatuajes dan 1,21 con el intervalo tocando el uno y sin dosis respuesta. No son la misma ciencia mal hecha, son dos cosas distintas, y el criterio para distinguirlas está publicado desde hace sesenta y siete años.

Donde le doy la razón del todo es en el historial de la epidemiología nutricional y de estilo de vida, que es sencillamente malo. Dos ejemplos de manual. Los estudios observacionales decían que la terapia hormonal sustitutiva protegía el corazón de las mujeres posmenopáusicas; el ensayo aleatorizado Women's Health Initiative se paró en 2002 antes de tiempo porque salía lo contrario, más infarto, más ictus, más cáncer de mama. Y el betacaroteno: los observacionales lo daban por protector del cáncer de pulmón, y cuando por fin lo probaron a lo bruto, los ensayos ATBC y CARET tuvieron que suspenderse porque el grupo suplementado tenía más cáncer, un 28% más en el CARET, y más gloria. Es decir, que la asociación no solo no era causa: apuntaba al revés del efecto real.

Pero mire quién se enteró de eso. Se enteraron ellos, y por el procedimiento de ir y comprobarlo. Un campo que descubre y publica sus propios fracasos de esa magnitud no es una pseudociencia, es una ciencia con una herramienta débil que sabe que la tiene débil.

Lo del "PUEDE ser cancerígeno" se lo firmo entero. Tiene usted razón en que es una asimetría psicológica: "puede" y "puede no" son lógicamente lo mismo y emocionalmente opuestos. Pero la solución no es prohibir la frase, es obligar a que vaya siempre acompañada del número. "IRR 1,21, intervalo 0,99 a 1,48" es una frase que cualquiera puede evaluar en diez segundos. "Puede ser cancerígeno" no se puede evaluar en absoluto, y por eso mismo es la que se publica.

Totalmente.

De hecho, en varias materias que me interesan y he terminado mirando la fuente directamente, resulta que el estudio en ningún momento sentencia lo que el titular sí. Ojo; otras veces se van de progenitora.

El problema es que las conclusiones se vendan como un "se ha demostrado", cuando nunca puede demostrar nada.


Le concedo casi todo el diagnóstico y le discuto la conclusión, porque creo que se pasa usted de frenada justo en la frase que sostiene el resto.

Lo del pan integral está impecable y además tiene nombre propio en la literatura: sesgo del usuario sano. Es exactamente lo que usted describe, la gente que adopta la conducta recomendada adopta a la vez otras diez, y el estudio le atribuye a la primera el mérito de las once. No es una sospecha suya, es un problema reconocido, con bibliografía, y usted lo ha deducido solo. Y tiene razón en que el confusor residual no se arregla ajustando, porque solo puede ajustar por lo que ha medido.

Ahora la frase que falla: "SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE te va a dar una diferencia". No. Divida la población por rubios y morenos y le saldrá una diferencia numérica, sí, pero le saldrá dentro del intervalo de confianza, que es precisamente el aparato inventado para distinguir eso. Y fíjese en la gracia del caso que nos ocupa: el estudio de los tatuajes le ha dado 0,99 a 1,48, o sea que la maquinaria sí ha marcado el resultado como compatible con cero. El método hizo su trabajo. El que lo tiró por la borda fue el titular. Usted está culpando a la epidemiología de un delito cometido por el gabinete de prensa.

Y hay una razón por la que la epidemiología no es un desastre, que es el argumento que ganó la discusión del tabaco sin un solo ensayo aleatorizado. Lo formalizó Cornfield en 1959 y es de una sencillez brutal: si fumar multiplica por nueve el riesgo de cáncer de pulmón y usted quiere explicarlo entero con un factor oculto, ese factor tiene que ser al menos nueve veces más frecuente entre fumadores que entre no fumadores, y encima causar cáncer por su cuenta. No existe. Nadie ha encontrado nunca nada nueve veces más frecuente en fumadores capaz de hacer eso. Ahí es donde el confusor deja de ser una explicación posible y pasa a ser una excusa.

De ahí sale la regla práctica que separa lo que usted denuncia de lo que sí vale. Un riesgo relativo de 1,21 lo mueve cualquier cosa: dos copas de más, dormir peor, ir menos al médico. Un riesgo relativo de 9 o de 20, con dosis respuesta y con temporalidad correcta, no lo mueve nada. El tabaco daba veinte en los grandes fumadores. Los tatuajes dan 1,21 con el intervalo tocando el uno y sin dosis respuesta. No son la misma ciencia mal hecha, son dos cosas distintas, y el criterio para distinguirlas está publicado desde hace sesenta y siete años.

Donde le doy la razón del todo es en el historial de la epidemiología nutricional y de estilo de vida, que es sencillamente malo. Dos ejemplos de manual. Los estudios observacionales decían que la terapia hormonal sustitutiva protegía el corazón de las mujeres posmenopáusicas; el ensayo aleatorizado Women's Health Initiative se paró en 2002 antes de tiempo porque salía lo contrario, más infarto, más ictus, más cáncer de mama. Y el betacaroteno: los observacionales lo daban por protector del cáncer de pulmón, y cuando por fin lo probaron a lo bruto, los ensayos ATBC y CARET tuvieron que suspenderse porque el grupo suplementado tenía más cáncer, un 28% más en el CARET, y más gloria. Es decir, que la asociación no solo no era causa: apuntaba al revés del efecto real.

Pero mire quién se enteró de eso. Se enteraron ellos, y por el procedimiento de ir y comprobarlo. Un campo que descubre y publica sus propios fracasos de esa magnitud no es una pseudociencia, es una ciencia con una herramienta débil que sabe que la tiene débil.

Lo del "PUEDE ser cancerígeno" se lo firmo entero. Tiene usted razón en que es una asimetría psicológica: "puede" y "puede no" son lógicamente lo mismo y emocionalmente opuestos. Pero la solución no es prohibir la frase, es obligar a que vaya siempre acompañada del número. "IRR 1,21, intervalo 0,99 a 1,48" es una frase que cualquiera puede evaluar en diez segundos. "Puede ser cancerígeno" no se puede evaluar en absoluto, y por eso mismo es la que se publica.

No exactamente, porque ese caso lo conozco.

El problema que tiene el estudio controlado es que no puedes meter a 100 tipos durante 5 años a echarse dos paquetes al día a ver si les produce un cáncer mortal de pulmón. Lo que implica que, directamente, no es viable obtener resultados irrefutables.

Y cuando se hicieron los estudios sobre el tabaco, se produjo algo que (casi!) nunca se produce. Estamos rodeados de informaciones sobre estudios donde la diferencia estadística es un 17%, 22%, 37%.

Y eso nos lleva, cuando juegas con la relativa y la absoluta, de que un cáncer que afecta al 1,3% afecte a un 1,45%. Auténtico ruido absoluto.

Sin embargo el tabaco, si no recuerdo mal no es que fuera el 17%. Era algo así como el 1.300%.

Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar. Pero cuando la diferencia estadística es tan brutal, y cuando no hay posibilidad de hacer estudios controlados, lógicamente sí que puedes agarrarte a ello.

Pero la mayor parte de las veces se trata de alarmar a la persona. ¡37% más de cáncer de nosequé!. Sí, del 1,3% al 1,7%. Y mirando solo una variable


Le concedo casi todo el diagnóstico y le discuto la conclusión, porque creo que se pasa usted de frenada justo en la frase que sostiene el resto.

Lo del pan integral está impecable y además tiene nombre propio en la literatura: sesgo del usuario sano. Es exactamente lo que usted describe, la gente que adopta la conducta recomendada adopta a la vez otras diez, y el estudio le atribuye a la primera el mérito de las once. No es una sospecha suya, es un problema reconocido, con bibliografía, y usted lo ha deducido solo. Y tiene razón en que el confusor residual no se arregla ajustando, porque solo puede ajustar por lo que ha medido.

Ahora la frase que falla: "SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE te va a dar una diferencia". No. Divida la población por rubios y morenos y le saldrá una diferencia numérica, sí, pero le saldrá dentro del intervalo de confianza, que es precisamente el aparato inventado para distinguir eso. Y fíjese en la gracia del caso que nos ocupa: el estudio de los tatuajes le ha dado 0,99 a 1,48, o sea que la maquinaria sí ha marcado el resultado como compatible con cero. El método hizo su trabajo. El que lo tiró por la borda fue el titular. Usted está culpando a la epidemiología de un delito cometido por el gabinete de prensa.

Y hay una razón por la que la epidemiología no es un desastre, que es el argumento que ganó la discusión del tabaco sin un solo ensayo aleatorizado. Lo formalizó Cornfield en 1959 y es de una sencillez brutal: si fumar multiplica por nueve el riesgo de cáncer de pulmón y usted quiere explicarlo entero con un factor oculto, ese factor tiene que ser al menos nueve veces más frecuente entre fumadores que entre no fumadores, y encima causar cáncer por su cuenta. No existe. Nadie ha encontrado nunca nada nueve veces más frecuente en fumadores capaz de hacer eso. Ahí es donde el confusor deja de ser una explicación posible y pasa a ser una excusa.

De ahí sale la regla práctica que separa lo que usted denuncia de lo que sí vale. Un riesgo relativo de 1,21 lo mueve cualquier cosa: dos copas de más, dormir peor, ir menos al médico. Un riesgo relativo de 9 o de 20, con dosis respuesta y con temporalidad correcta, no lo mueve nada. El tabaco daba veinte en los grandes fumadores. Los tatuajes dan 1,21 con el intervalo tocando el uno y sin dosis respuesta. No son la misma ciencia mal hecha, son dos cosas distintas, y el criterio para distinguirlas está publicado desde hace sesenta y siete años.

Donde le doy la razón del todo es en el historial de la epidemiología nutricional y de estilo de vida, que es sencillamente malo. Dos ejemplos de manual. Los estudios observacionales decían que la terapia hormonal sustitutiva protegía el corazón de las mujeres posmenopáusicas; el ensayo aleatorizado Women's Health Initiative se paró en 2002 antes de tiempo porque salía lo contrario, más infarto, más ictus, más cáncer de mama. Y el betacaroteno: los observacionales lo daban por protector del cáncer de pulmón, y cuando por fin lo probaron a lo bruto, los ensayos ATBC y CARET tuvieron que suspenderse porque el grupo suplementado tenía más cáncer, un 28% más en el CARET, y más gloria. Es decir, que la asociación no solo no era causa: apuntaba al revés del efecto real.

Pero mire quién se enteró de eso. Se enteraron ellos, y por el procedimiento de ir y comprobarlo. Un campo que descubre y publica sus propios fracasos de esa magnitud no es una pseudociencia, es una ciencia con una herramienta débil que sabe que la tiene débil.

Lo del "PUEDE ser cancerígeno" se lo firmo entero. Tiene usted razón en que es una asimetría psicológica: "puede" y "puede no" son lógicamente lo mismo y emocionalmente opuestos. Pero la solución no es prohibir la frase, es obligar a que vaya siempre acompañada del número. "IRR 1,21, intervalo 0,99 a 1,48" es una frase que cualquiera puede evaluar en diez segundos. "Puede ser cancerígeno" no se puede evaluar en absoluto, y por eso mismo es la que se publica.

Estuvieron 30 años recomendando los aceites vegetales (=de semillas) para cuidar el corazón. Con estudios epidemiológicos.

Hicieron una versión controlada (estudios de Minessota y Sydney) y los infartos subieron un 70%.

Recientemente se ha comprobado con pavor como encima se callaron estos datos.

Y ha pasado varias veces en la historia...


Le concedo casi todo el diagnóstico y le discuto la conclusión, porque creo que se pasa usted de frenada justo en la frase que sostiene el resto.

Lo del pan integral está impecable y además tiene nombre propio en la literatura: sesgo del usuario sano. Es exactamente lo que usted describe, la gente que adopta la conducta recomendada adopta a la vez otras diez, y el estudio le atribuye a la primera el mérito de las once. No es una sospecha suya, es un problema reconocido, con bibliografía, y usted lo ha deducido solo. Y tiene razón en que el confusor residual no se arregla ajustando, porque solo puede ajustar por lo que ha medido.

Ahora la frase que falla: "SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE te va a dar una diferencia". No. Divida la población por rubios y morenos y le saldrá una diferencia numérica, sí, pero le saldrá dentro del intervalo de confianza, que es precisamente el aparato inventado para distinguir eso. Y fíjese en la gracia del caso que nos ocupa: el estudio de los tatuajes le ha dado 0,99 a 1,48, o sea que la maquinaria sí ha marcado el resultado como compatible con cero. El método hizo su trabajo. El que lo tiró por la borda fue el titular. Usted está culpando a la epidemiología de un delito cometido por el gabinete de prensa.

Y hay una razón por la que la epidemiología no es un desastre, que es el argumento que ganó la discusión del tabaco sin un solo ensayo aleatorizado. Lo formalizó Cornfield en 1959 y es de una sencillez brutal: si fumar multiplica por nueve el riesgo de cáncer de pulmón y usted quiere explicarlo entero con un factor oculto, ese factor tiene que ser al menos nueve veces más frecuente entre fumadores que entre no fumadores, y encima causar cáncer por su cuenta. No existe. Nadie ha encontrado nunca nada nueve veces más frecuente en fumadores capaz de hacer eso. Ahí es donde el confusor deja de ser una explicación posible y pasa a ser una excusa.

De ahí sale la regla práctica que separa lo que usted denuncia de lo que sí vale. Un riesgo relativo de 1,21 lo mueve cualquier cosa: dos copas de más, dormir peor, ir menos al médico. Un riesgo relativo de 9 o de 20, con dosis respuesta y con temporalidad correcta, no lo mueve nada. El tabaco daba veinte en los grandes fumadores. Los tatuajes dan 1,21 con el intervalo tocando el uno y sin dosis respuesta. No son la misma ciencia mal hecha, son dos cosas distintas, y el criterio para distinguirlas está publicado desde hace sesenta y siete años.

Donde le doy la razón del todo es en el historial de la epidemiología nutricional y de estilo de vida, que es sencillamente malo. Dos ejemplos de manual. Los estudios observacionales decían que la terapia hormonal sustitutiva protegía el corazón de las mujeres posmenopáusicas; el ensayo aleatorizado Women's Health Initiative se paró en 2002 antes de tiempo porque salía lo contrario, más infarto, más ictus, más cáncer de mama. Y el betacaroteno: los observacionales lo daban por protector del cáncer de pulmón, y cuando por fin lo probaron a lo bruto, los ensayos ATBC y CARET tuvieron que suspenderse porque el grupo suplementado tenía más cáncer, un 28% más en el CARET, y más gloria. Es decir, que la asociación no solo no era causa: apuntaba al revés del efecto real.

Pero mire quién se enteró de eso. Se enteraron ellos, y por el procedimiento de ir y comprobarlo. Un campo que descubre y publica sus propios fracasos de esa magnitud no es una pseudociencia, es una ciencia con una herramienta débil que sabe que la tiene débil.

Lo del "PUEDE ser cancerígeno" se lo firmo entero. Tiene usted razón en que es una asimetría psicológica: "puede" y "puede no" son lógicamente lo mismo y emocionalmente opuestos. Pero la solución no es prohibir la frase, es obligar a que vaya siempre acompañada del número. "IRR 1,21, intervalo 0,99 a 1,48" es una frase que cualquiera puede evaluar en diez segundos. "Puede ser cancerígeno" no se puede evaluar en absoluto, y por eso mismo es la que se publica.

No, porque absolutamente todo puede ser cancerígeno. Y con estudios epidemiológicos hechos sobre miles de personas durante décadas en las que no se puede controlar variables es absolutamente imposible determinar el factor.

Insisto, cuando sale algo como el tabaco, incluso siendo epidemiológico, pues puedes razonar que es muy muy muy probable que sea así. Y que no tienes otra forma de probarlo.

Pero ¿saber qué influye cuando las correlaciones son bajas? Seguía mucho a un investigador nutricional que decía que todo lo que estuviera por debajo del 100% en un estudio así debería considerarse ruido estadístico. Y que a partir del 10% ya terminaba siendo noticia...
 
Totalmente.

De hecho, en varias materias que me interesan y he terminado mirando la fuente directamente, resulta que el estudio en ningún momento sentencia lo que el titular sí. Ojo; otras veces se van de progenitora.

El problema es que las conclusiones se vendan como un "se ha demostrado", cuando nunca puede demostrar nada.




No exactamente, porque ese caso lo conozco.

El problema que tiene el estudio controlado es que no puedes meter a 100 tipos durante 5 años a echarse dos paquetes al día a ver si les produce un cáncer mortal de pulmón. Lo que implica que, directamente, no es viable obtener resultados irrefutables.

Y cuando se hicieron los estudios sobre el tabaco, se produjo algo que (casi!) nunca se produce. Estamos rodeados de informaciones sobre estudios donde la diferencia estadística es un 17%, 22%, 37%.

Y eso nos lleva, cuando juegas con la relativa y la absoluta, de que un cáncer que afecta al 1,3% afecte a un 1,45%. Auténtico ruido absoluto.

Sin embargo el tabaco, si no recuerdo mal no es que fuera el 17%. Era algo así como el 1.300%.

Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar. Pero cuando la diferencia estadística es tan brutal, y cuando no hay posibilidad de hacer estudios controlados, lógicamente sí que puedes agarrarte a ello.

Pero la mayor parte de las veces se trata de alarmar a la persona. ¡37% más de cáncer de nosequé!. Sí, del 1,3% al 1,7%. Y mirando solo una variable




Estuvieron 30 años recomendando los aceites vegetales (=de semillas) para cuidar el corazón. Con estudios epidemiológicos.

Hicieron una versión controlada (estudios de Minessota y Sydney) y los infartos subieron un 70%.

Recientemente se ha comprobado con pavor como encima se callaron estos datos.

Y ha pasado varias veces en la historia...




No, porque absolutamente todo puede ser cancerígeno. Y con estudios epidemiológicos hechos sobre miles de personas durante décadas en las que no se puede controlar variables es absolutamente imposible determinar el factor.

Insisto, cuando sale algo como el tabaco, incluso siendo epidemiológico, pues puedes razonar que es muy muy muy probable que sea así. Y que no tienes otra forma de probarlo.

Pero ¿saber qué influye cuando las correlaciones son bajas? Seguía mucho a un investigador nutricional que decía que todo lo que estuviera por debajo del 100% en un estudio así debería considerarse ruido estadístico. Y que a partir del 10% ya terminaba siendo noticia...

He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.
 
He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.

Correcto, imprecisión por mi parte. He tirado de memoria.


He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.

NO!!! Ese es EL PROBLEMA.

Porque en un estudio controlado se sabe perfectamente en que estado entran los participantes y se les mide todo lo medible.

Y se deja UNA ÚNICA VARIABLE entre los distintos grupos, y se les vuelve a controlar al terminar. Y, para que sea válido, el efecto tiene que ser proporcional.

En un estudio epidemiológico con miles, decenas de miles o incluso cientos de miles de personas no se hace nada de eso. Tienes decenas o cientos de variables que puedan influir, que luego segmentes por una de ellas no te da seguridad alguna.


He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.

Mi argumento (mi punto, que dirían los ingleses...) no son estos estudios en concreto. Quien le dedique cinco minutos a enterarse, lo mínimo que le pasará es que se quedará escandalizado. Y he tirado de memoria, no me he puesto a repasarlos.

El problema es que comparan experimentos epidemiológicos con controlados, cuando son dimensiones absolutamente distintas.

Y que, encima, de los epidemiológicos, que no tienen capacidad alguna para demostrar algo (solo en casos absolutamente brutales como el tabaco, y que no tienen posibilidad de hacer estudio controlado tienes que fiarte...), el titular que les acompaña te dice que no comas X por una desviación estadística absurda en la que están dirigiendo tu vida para que hagas o no hagas, cuando ni hay nada demostrado ni la correlación es realmente importante.

Y lo más escandaloso, que ha pasado varias veces como en estos casos. Experimentos controlados, con desviaciones absolutamente llamativas...y que tardas décadas en saber la verdad, porque quien lo paga o quien lo hace decide que es mejor que no sepas que aquello que él quería promocionar....es mortal de necesidad.


He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.

No es mi regla. Yo no sé suficiente estadística ni tengo experiencia en esto para afirmar algo así. Como te he comentado, lo decía un investigador profesional, harto precisamente de que a la gente se le dieran consejos basados en nada.


He ido a mirar sus números y le traigo lo que he encontrado, incluido lo que no le favorece y lo que a mí no me favorece.

1. Sydney. Su 70% es correcto y le pongo la cifra exacta.

Sydney Diet Heart Study, datos recuperados y publicados en el BMJ en 2013 por Ramsden. Grupo de intervención 221 personas, control 237. Mortalidad cardiovascular 17,2% contra 11,0%, con un cociente de riesgo de 1,70. Ahí está su setenta por ciento clavado. Mortalidad total 17,6% contra 11,8%, cociente 1,62.

Una precisión sin importancia: es mortalidad, no infartos.

Y ahora una precisión que sí importa, y va contra usted, y también contra mí si soy consecuente. Los intervalos de confianza de esos dos números son 1,03 a 2,80 y 1,00 a 2,64, con una p de 0,05 y otra de 0,04. Están rozando el uno, igual que los tatuajes.

O sea que si yo aplico el criterio que le vengo aplicando al estudio de los tatuajes, se lo tengo que aplicar también a su mejor carta. Su carta más fuerte es tan frágil como aquello que usted denuncia. No se lo digo para ganarle el punto: se lo digo porque un criterio que solo se aplica a lo que a uno le estorba no es un criterio, es una preferencia con bata.

2. Minnesota es mucho mejor argumento que Sydney, y usted no lo ha usado bien.

Ahí no hubo un 70% de infartos. Hubo algo más raro y más demoledor: la dieta sí bajó el colesterol, y los que más lo bajaron más se murieron. Por cada 30 mg/dl de descenso, un 22% más de riesgo de gloria, intervalo de 1,14 a 1,32. Y en los mayores de 65 sube a un 35%, intervalo de 1,18 a 1,54.

Fíjese en esos intervalos, que no tocan el uno ni de lejos. Ese es un resultado sólido, no un roce. Y encima no encontraron beneficio ninguno en aterosclerosis coronaria ni en infartos a la autopsia.

Lo del silencio también es verdad y es peor de lo que suena: los datos aparecieron en el sótano de la casa del investigador, se publicaron incompletos en 1989 con dieciséis años de retrat, y el análisis entero no salió hasta 2016. Cuarenta y tres años. Eso no es una limitación metodológica, eso es otra cosa.

3. Su regla del 100%, que es donde de verdad discrepamos.

Para un solo estudio observacional, la regla es buena y yo la firmo. Por debajo de un riesgo relativo de 2, un estudio suelto no puede sostener causalidad y punto.

Pero tiene dos agujeros y son importantes.

El primero es que confunde poco fiable con poco importante, y son cosas distintas. El tabaquismo pasivo anda en riesgos relativos de 1,25 para adenocarcinoma, intervalo de 1,07 a 1,46. Por su regla es ruido. Y sin embargo está aceptado como cancerígeno en todo el mundo. Cuando una exposición la sufre media población, un relativo pequeño da un número absoluto de perecid grande. El relativo mide cuánto te fías; el absoluto mide a cuánta gente le pasa. No son el mismo número y su regla los mezcla.

El segundo es más práctico: lo que asciende un riesgo pequeño de ruido a hecho no es más epidemiología. Son otras cuatro cosas. Dosis respuesta. Temporalidad en el sentido correcto. Mecanismo biológico conocido. Y coincidencia entre diseños que no comparten los mismos sesgos.

El pasivo las tiene las cuatro: más cotinina medida en sangre, más riesgo; los mismos cancerígenos que en el activo; y sale igual en cohortes que en casos y controles.

Los tatuajes no tienen ninguna. Sin dosis respuesta, con la temporalidad al revés, sin mecanismo y con la mitad de la muestra sin contestar.

Y ahí está lo que yo quería decirle desde el principio: la regla que usted busca existe y funciona, y es la misma que absuelve a los tatuajes y condena al humo ajeno. No hace falta declarar la disciplina entera como algo sin valor. Hace falta exigirle los cuatro requisitos y no publicar nada mientras falten.

Por último, esta frase suya es la mejor del hilo y la suscribo entera:

"Un estudio epidemiológico no demuestra nada, se usa para saber dónde investigar."

Es exactamente lo que es y así lo llaman ellos, generación de hipótesis. El problema del oficio no es que sirva para eso. Es que a veces no hay paso siguiente posible, como con el tabaco, y entonces hay que decidir igual con lo que hay. Lo que no se puede es decidir igual con lo que hay y encima contarlo como si estuviera demostrado. Eso último no lo hace la epidemiología: lo hace el titular.

Eso es exactamente lo que denuncio. Que la inmensa mayoría de lo que la gente cree son hipótesis, en muchos casos basados en casi nada. Te compro lo del titular, porque ahí está la progenitora del cordero.

Ojo, y que muchas veces no es un medio sensacionalista: es un ministerio, una asociacion contra nosequé, la OMS, cualquier organización médica supranacional.

Dan guías (ojo, dando consejos y DEMONIZANDO) sobre qué tienes que hacer con tu salud y tu dieta, y a veces son auténticas barbaridades que no se han demostrado jamás.

Pero no como el tabaco, que no hay posibilidad de hacer un RCT. Hablamos de cosas que sí que podría hacerse, pero es que incluso las correlaciones que se han encontrado son tan mínimas que lo último que se podría esperar es una indicación tan fuerte sobre la salud.

Por ejemplo, hubo mil intentos de demonizar la carne roja. Y ahora, al menos, parece que ya solo demonizan la carne roja procesada.

Pero claro, luego lees estudios, y obvian el contexto. Vamos, que si haces un estudio en los EEUU, igual "te estás olvidando" que el contexto mayoritario en el que se come carne procesada es metida en un pan industrial, con 4 salsas, unas patatas fritas en el peor aceite que lleva días y con un McFlurry de postre.

¿Acaso obtendrías un resultado epidemiológico parecido si tuvieras en cuenta esto? Pues me jugaría algo a que no; se estudia solo una variable.

Pero vamos, no se trata tanto hacer una disertación de detalles (podríamos pegarnos días, seguramente estaremos de acuerdo en lo principal), sino la rabia de que a la gente le cuelan continuamente como ciencia cosas que no lo son.

Mientras (como en el caso de Minnesota y Sidney...) hay ciencia que ha demostrado cosas TERRIBLES que está escondida en un cajón.
 
Correcto, imprecisión por mi parte. He tirado de memoria.




NO!!! Ese es EL PROBLEMA.

Porque en un estudio controlado se sabe perfectamente en que estado entran los participantes y se les mide todo lo medible.

Y se deja UNA ÚNICA VARIABLE entre los distintos grupos, y se les vuelve a controlar al terminar. Y, para que sea válido, el efecto tiene que ser proporcional.

En un estudio epidemiológico con miles, decenas de miles o incluso cientos de miles de personas no se hace nada de eso. Tienes decenas o cientos de variables que puedan influir, que luego segmentes por una de ellas no te da seguridad alguna.




Mi argumento (mi punto, que dirían los ingleses...) no son estos estudios en concreto. Quien le dedique cinco minutos a enterarse, lo mínimo que le pasará es que se quedará escandalizado. Y he tirado de memoria, no me he puesto a repasarlos.

El problema es que comparan experimentos epidemiológicos con controlados, cuando son dimensiones absolutamente distintas.

Y que, encima, de los epidemiológicos, que no tienen capacidad alguna para demostrar algo (solo en casos absolutamente brutales como el tabaco, y que no tienen posibilidad de hacer estudio controlado tienes que fiarte...), el titular que les acompaña te dice que no comas X por una desviación estadística absurda en la que están dirigiendo tu vida para que hagas o no hagas, cuando ni hay nada demostrado ni la correlación es realmente importante.

Y lo más escandaloso, que ha pasado varias veces como en estos casos. Experimentos controlados, con desviaciones absolutamente llamativas...y que tardas décadas en saber la verdad, porque quien lo paga o quien lo hace decide que es mejor que no sepas que aquello que él quería promocionar....es mortal de necesidad.




No es mi regla. Yo no sé suficiente estadística ni tengo experiencia en esto para afirmar algo así. Como te he comentado, lo decía un investigador profesional, harto precisamente de que a la gente se le dieran consejos basados en nada.




Eso es exactamente lo que denuncio. Que la inmensa mayoría de lo que la gente cree son hipótesis, en muchos casos basados en casi nada. Te compro lo del titular, porque ahí está la progenitora del cordero.

Ojo, y que muchas veces no es un medio sensacionalista: es un ministerio, una asociacion contra nosequé, la OMS, cualquier organización médica supranacional.

Dan guías (ojo, dando consejos y DEMONIZANDO) sobre qué tienes que hacer con tu salud y tu dieta, y a veces son auténticas barbaridades que no se han demostrado jamás.

Pero no como el tabaco, que no hay posibilidad de hacer un RCT. Hablamos de cosas que sí que podría hacerse, pero es que incluso las correlaciones que se han encontrado son tan mínimas que lo último que se podría esperar es una indicación tan fuerte sobre la salud.

Por ejemplo, hubo mil intentos de demonizar la carne roja. Y ahora, al menos, parece que ya solo demonizan la carne roja procesada.

Pero claro, luego lees estudios, y obvian el contexto. Vamos, que si haces un estudio en los EEUU, igual "te estás olvidando" que el contexto mayoritario en el que se come carne procesada es metida en un pan industrial, con 4 salsas, unas patatas fritas en el peor aceite que lleva días y con un McFlurry de postre.

¿Acaso obtendrías un resultado epidemiológico parecido si tuvieras en cuenta esto? Pues me jugaría algo a que no; se estudia solo una variable.

Pero vamos, no se trata tanto hacer una disertación de detalles (podríamos pegarnos días, seguramente estaremos de acuerdo en lo principal), sino la rabia de que a la gente le cuelan continuamente como ciencia cosas que no lo son.

Mientras (como en el caso de Minnesota y Sidney...) hay ciencia que ha demostrado cosas TERRIBLES que está escondida en un cajón.


Su objeción de fondo es correcta y me la apunto, porque yo mezclé dos cosas que no se mezclan.

Tiene razón: el mismo intervalo no significa lo mismo en un ensayo aleatorizado que en un observacional. En el aleatorizado, el sorteo reparte por igual todo lo que usted no midió, incluso lo que no sabía que existía, así que el intervalo mide solo ruido de muestreo. En el observacional el intervalo mide ruido de muestreo y el sesgo se queda fuera, sin aparecer en ningún número. O sea que un intervalo adefesio en un aleatorizado vale más que un intervalo bonito en una encuesta. Yo los puse al mismo nivel y ahí me pasé.

Ahora, lo que la aleatorización sí arregla es el confusor. Lo que no arregla es el tamaño. Sydney eran 458 hombres, y los ensayos pequeños con estimaciones grandes tienden a encogerse cuando alguien los repite. Fiarse más no es fiarse del todo.

Y hay un límite en Sydney que ni siquiera la aleatorización toca, y creo que le va a interesar porque va en su línea.

A ese grupo no le dieron ácido linoleico. Le dieron aceite de cártamo y margarina de cártamo, y la margarina de 1966 no es la de ahora. Todavía hoy se discute si aquella margarina llevaba grasas trans suficientes para explicar parte del resultado, con gente defendiendo las dos posturas. Yo no le digo que fuera eso: le digo que nadie lo puede descartar, porque el ensayo administró un paquete y no una molécula. Un ensayo perfecto solo prueba exactamente lo que repartió. Eso es un techo de los aleatorizados, no de los observacionales, y conviene tenerlo en cuenta antes de darle a uno solo el valor de sentencia.

Ahora lo de la carne roja, donde le doy la razón y encima le traigo el papel.

En 2015 la IARC clasificó la carne procesada en el Grupo 1 y la roja en el 2A. El número era 18% más de cáncer colorrectal por cada 50 gramos diarios de procesada. El titular del mundo entero fue "la OMS dice que el bacon es como el tabaco".

Y ahora lea esto, que está publicado por la propia OMS en su página de preguntas y respuestas: las clasificaciones de la IARC describen la solidez de la evidencia de que algo causa cáncer, no el nivel de riesgo. Estar en el Grupo 1 junto al tabaco significa que se sabe con la misma seguridad que causa cáncer, no que sea igual de peligroso. Lo dijeron ellos, por escrito, el mismo día.

Y le pongo la magnitud, que es el número que usted echa en falta y que casi nunca se imprime: al tabaco se le atribuye alrededor de un millón de gloria por cáncer al año en el mundo. A las dietas ricas en carne procesada, alrededor de 34.000. Misma casilla, treinta veces menos.

Así que su queja es exacta, solo que el culpable no era el que usted creía. La OMS publicó la advertencia, la magnitud y la aclaración. Lo que no publicó nadie fue la aclaración en portada.

Y lo del contexto americano que apunta usted también tiene nombre en el oficio: confusión por patrón dietético. El que come mucha carne procesada en Estados Unidos come a la vez pan blanco, refresco y patata frita, y fuma más. Los estudios ajustan por lo que han medido y no pueden ajustar por el patrón entero, porque el patrón entero no es una variable, es una vida.

Coincidimos en lo principal, entonces. Y creo que lo que usted lleva pidiendo todo el hilo se resume en una regla sola: que el riesgo relativo no se pueda publicar nunca sin el absoluto y sin el intervalo al lado. Con eso se cae solo el 90% de lo que le indigna, y no hace falta descalificar a nadie.
 

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