Educación, vivienda y prostitución: el ranking de inversiones de un hombre
Un forero sostiene que la educación multiplica cada euro invertido por varios órdenes de magnitud, que la vivienda habitual compensa su menor rentabilidad con el ahorro implícito del alquiler y que la bolsa solo funciona si se evitan las empresas españolas. La lista incluye un epígrafe propio para la prostitución y relega el alquiler de vivienda a un último puesto para quien no pueda aspirar a más. La propuesta no tardó en recibir una respuesta mayoritaria: sin contactos, el dinero en formación es dinero tirado.
Educación: ¿multiplica o es un timo?
El punto de partida del planteamiento es que una buena carrera, un máster en el extranjero y un inglés nativo abren puertas que el resto ni imagina. Cada euro en esa categoría, dice, multiplica su valor por varios órdenes de magnitud. La objeción llegó rápido y desde varios frentes. Un forero afirma que un MBA de una universidad a distancia de 1.500 euros y un executive MBA de una escuela de negocios de 60.000 euros producen el mismo papel, y que sin un padrino que tire del currículum el resultado es idéntico: ningún trabajo mejor y 60.000 euros menos en el bolsillo. La conclusión más repetida es que la formación sin contactos es tiempo y dinero perdido.
Hay matices. Un forero sostiene que un máster en Estados Unidos, Canadá o Australia sí rentabiliza la inversión, porque permite obtener visado de trabajo y los salarios locales duplican o triplican los españoles. Otro afirma que en España se valora más el apellido y el enchufe que el título, y que un máster en una universidad de primera línea no impide que se rían de ti en una entrevista. La distinción que emerge no es pública frente a privada, sino España frente a fuera.
Vivienda: el activo que se paga solo
La vivienda habitual es el punto de mayor consenso. Se argumenta que, además de revalorizarse cuando llegue el momento de venderla, proporciona un valor diario: vivir sin pagar alquiler. La rentabilidad puede ser inferior a la de la bolsa, pero sumado el lucro implícito de no pagar renta mensual, compensa con creces. La variante de comprar para alquilar a otros baja en la escala: puede dar dinero, pero es una inversión de peor calidad, adecuada para quien no pueda aspirar a las anteriores.
La objeción llega por la vía de la propiedad. Un forero sostiene que la vivienda solo vale en países donde uno es propietario y no simple inquilino usufructuario, y que España está entre los segundos. Es decir, que el activo inmobiliario rinde según el régimen legal y fiscal que lo envuelve, no solo según el precio del metro cuadrado.
Bolsa, coche y tiempo: lo que queda fuera del ranking
La bolsa aparece con una condición: acertar y evitar empresas españolas. No hay más desarrollo. El coche, en cambio, se descarta explícitamente como inversión y se reclasifica como gasto, salvo que se le dé un uso profesional. Quien defiende el vehículo como inversión lo hace por libertad de movimiento y por acceso a trabajos y lugares a los que el transporte público no llega, pero el planteamiento original no lo acepta en la lista.
La categoría más discutida es la del tiempo. Un forero sostiene que la mejor inversión es guardar el tiempo para uno mismo, dedicarlo a pensar y a acumular compañía propia en lugar de gastarlo en trabajos penosos que solo reportan dinero. La réplica es tajante: el tiempo no se acumula, es imposible. La discusión deriva hacia el ocio, la salud y el consumo. Sobre la salud, la respuesta es que se gasta lo que haga falta sobre la marcha, no como categoría de inversión.
El salario de subsistencia y la carrera de la rata
Un salario de 40.000 euros se describe como una miseria de subsistencia, suficiente para un piso de los años setenta con aluminosis, gotelé y terrazo. La cifra se usa para desmontar la idea de que la educación garantiza el despegue económico. En paralelo, se dibuja el recorrido del management: se llega por contactos, por ser amigo o hijo de, no por un MBA de 50.000 euros. El título es el medio para hacer contactos, no la causa del sueldo.
La versión más amarga la aporta quien se declara funcionario de cuerpo superior y observa a su alrededor: amigos en la carrera de la rata, cambiando de empresa o esperando promoción para subir un poco, y no son felices porque han vendido el alma. Frente a eso, se reivindican los oficios manuales —fontanería, electricidad— que, trabajando bien, meten en negro el equivalente a más de 100.000 euros anuales sin perseguir unicornios ni morir de estrés.
La lista alternativa: contactos, idiomas y no casarse
Frente al ranking original, aparecen contrapropuestas. La primera es la red de contactos como activo principal. La segunda, un billete de avión y los idiomas. La tercera, más doméstica: no casarse, porque solo con eso se vive tranquilo y se ahorra una pasta. También se menciona invertir en aprender a vivir con el menor dinero posible, prescindir de las convenciones sociales y leer filosofía y buena literatura. Y una más terrenal: las herramientas, porque un hombre con herramientas es un hombre libre.
El denominador común de casi todas las réplicas es el mismo: el dinero no compra tiempo, y el tiempo no se recupera. Quien lo defiende sostiene que el tiempo dedicado a uno mismo a solas, a pensar y a descubrir cosas que no imaginaba, se acumula como compañía propia. La respuesta desde el otro lado es que eso es precisamente desperdiciar el tiempo. La discusión no se cierra.
¿Cuánto vale un año de universidad frente a un año de contactos? La pregunta sigue sin respuesta, y los números que circulan no la cierran.