Por cada 2.000 cribadas, una vida alargada y diez tratadas de más
¿Cuánto hay de cierto en que una mamografía diagnostique un cáncer que no existe? La afirmación circula en redes con cifras gruesas: entre el
50% y el 60% de los resultados positivos serían falsos y el examen comprimiría la mama con
1.019 kg/m², algo más de una tonelada por metro cuadrado. La cifra de presión es la más fácil de ridiculizar, y así se hizo. Debajo del exceso, sin embargo, hay un asunto serio: el
sobrediagnóstico en el cribado del cáncer de mama, un fenómeno que la literatura médica reconoce y que lleva años sobre la mesa.
Qué dice la revisión Cochrane sobre las mamografías
La cita más repetida contra el cribado sale de la revisión Cochrane de 2013. Su conclusión: por cada
2.000 mujeres invitadas a cribarse durante diez años, una verá prolongada su vida y diez mujeres sanas —que no habrían sido diagnosticadas sin el cribado— recibirán el diagnóstico de cáncer de mama y serán tratadas sin necesidad. Diez tratadas de más por cada vida alargada. La aritmética es incómoda, y algunos la llevan al extremo: de cada diez diagnósticos, nueve serían falsos y acabarían en amputaciones, quimioterapia y radioterapia. Ese salto, del sobrediagnóstico a la cifra redonda, es justo el tipo de redondeo que conviene mirar con lupa.
Qué recomendó el Consejo Médico Suizo en 2014
El argumento no nació en un tuit. En 2014 el
Consejo Médico Suizo aconsejó dejar de hacer mamografías de cribado porque los riesgos superaban los beneficios, y el
New England Journal of Medicine se hizo eco de la decisión. Los estudios que citaba apuntaban a una mortalidad similar entre las mujeres sometidas a mamografía anual y las que no pasaban por ella: la prueba no estaría salvando vidas y, a cambio, generaría un volumen alto de falsos positivos. Con esos datos en la mano hay quien afirma que no piensa hacerse una en su vida y, frente a las campañas anuales del
lacito rosa, que según esta corriente distraen más de lo que informan, el pulso sigue abierto.
El sobrediagnóstico explicado con el umbral del colesterol
Para entender qué es sobrediagnosticar hay un paralelismo que se repite: el del colesterol. Antes de 1980 se consideraba alto a partir de
7 sobre 10; después, el umbral se movió a
4 sobre 10. El resultado, según ese cálculo, fue pasar de mil pacientes al año a cien mil. Más pastillas, más análisis, más visitas. No hace falta creer en ninguna conspiración para ver el problema: basta con mover el listón y contemplar cómo se multiplica la clientela. Con el cáncer de mama ocurre algo parecido cuando un tumor mínimo, que quizá nunca habría dado síntomas, se trata como una amenaza inmediata.
Juan Gérvas, Peter Gotzsche y las cifras que se citan contra el cribado
Entre las voces que más han difundido esta tesis está la del médico general retirado y ex profesor de
salud pública
Juan Gérvas: las mamografías de cribado reducen una muerte por cada
1.000 mujeres, pero no bajan la mortalidad total por cáncer, y el daño se viene produciendo, según sus mensajes, desde
1995. Su frase más dura sostiene que, con beneficios marginales, daño sustancial y coste enorme, no hay justificación para financiar el cribado con dinero público en ningún grupo de edad. En la misma línea se cita al danés
Peter Gotzsche, autor de
Medicamentos que matan y crimen organizado. La coincidencia de nombres no convierte la tesis en dogma, pero explica por qué el asunto no se muere.
De la mamografía a la biopsia: por qué un positivo no es un diagnóstico
Falta un matiz técnico que suele perderse. Una mamografía positiva no es un diagnóstico: abre la puerta a una
biopsia, que es la que confirma la enfermedad, y cuando confirma, la curación es elevada. Cuestión distinta es que la ecografía mamaria no detecta todos los casos, y por eso el cribado se hace con mamografía. En el otro extremo están los que la prueba sí caza: se cuentan casos de mujeres a las que aparecieron
tres tumores en la mama gracias a una mamografía, sin la cual el desenlace habría sido otro. Cara y cruz del mismo examen.
¿Se han prohibido las mamografías en algún país?
No consta que ningún país las haya prohibido. Lo que sí ocurre es que la recomendación suiza lleva años sobre la mesa y que en algunos cantones no se practican, lo que da un terreno abonado para el bulo: una decisión sanitaria polémica, discutida en medios científicos, se convierte en redes en la prueba de un engaño global. La realidad es más lenta y más aburrida: recomendaciones que se revisan, estudios que se contradicen y sistemas sanitarios que, en la mayoría de los países, siguen financiando el cribado.
Al final la pregunta honesta no es cuánto daño hace una mamografía, sino cuántas mujeres hacen falta para que el balance salga a favor. Esa cifra nadie la tuitea con el mismo entusiasmo.