El relato del sacrificio de España: lo que falla en la tesis del colapso
Hay un diagnóstico que circula con cada vez más fuerza: las élites han decidido sacrificar España y la están haciendo desaparecer, con la complicidad de un PSOE al que se tacha de organización criminal y de una inmigración que “entra a saco”. Todo vale para el relato, incluso una cita atribuida a Otto von Bismarck según la cual España es el país más fuerte porque los españoles llevan siglos intentando destruirla sin conseguirlo. El único problema es que el excanciller prusiano nunca dijo tal cosa, como recuerdan hasta en los rincones más insospechados.
La tesis del sacrificio tiene, eso sí, anclajes en problemas reales. La competencia en las oposiciones de la Administración General del Estado y la Seguridad Social se está endureciendo, y no solo por los nuevos aspirantes: la presión sobre la sanidad pública y las pensiones se cita como la próxima frontera del conflicto. Quienes comparten este diagnóstico dibujan un escenario distópico: funcionarios y pensionistas “compitiendo por el pienso” con los recién llegados, consultas saturadas y un Estado que no da abasto.
Frente a esto, la corriente escéptica recuerda que el mito del complot externo sirve para no hablar de lo incómodo. El voto a partidos que prometen cerrar fronteras, restaurar la autoridad y “preservar la etnicidad” se presenta como una respuesta mágica, mientras se ignora el envejecimiento demográfico, la productividad estancada y un modelo económico que no genera empleo de calidad. “Las élites y la boomerada”, resumen los más sarcásticos: una distracción que evita el análisis serio.
Si la tendencia sigue, habrá más competencia en los exámenes públicos y más tensión en las listas de espera. Pero la profecía de la desaparición necesita todavía algo que no aparece por ninguna parte: datos que respalden el apocalipsis. España envejece, cambia y se complica; de ahí a que alguien la esté “sacrificando” va un trecho que ni la cita falsa de Bismarck salva.