Autocaravanas ya pueden aparcar en ciudad como cualquier vehículo
Imagen recurrente en la costa: una hilera de autocaravanas ocupa el aparcamiento gratuito de un supermercado durante todo el verano. Los vecinos lo ven con recelo; los usuarios, como un derecho. Ahora, una modificación del Reglamento General de Circulación publicada en el BOE viene a zanjar la polémica: las autocaravanas pueden aparcar en las ciudades sin discriminación frente al resto de vehículos.
La noticia, difundida por Aseicar (asociación del sector), ha sido recibida con división de opiniones. Por un lado, los defensores celebran que se acabe con la inseguridad jurídica: hasta ahora muchos ayuntamientos prohibían o multaban el estacionamiento de autocaravanas con argumentos dudosos. Por otro, hay quien ve en la medida una puerta abierta al estacionamiento indefinido y al uso de las autocaravanas como vivienda encubierta, ya de por sí un fenómeno creciente en zonas turísticas.
Derecho a aparcar, pero con matices
La clave está en la interpretación del nuevo texto. El Reglamento dice que los ayuntamientos no pueden discriminar a las autocaravanas frente a otros vehículos. Sin embargo, como señalan algunos análisis, el cambio también reconoce a las autocaravanas como un tipo específico de vehículo, lo que permite a los ayuntamientos crear normativas particulares —por ejemplo, limitar el tiempo máximo de estacionamiento o prohibirlo en determinadas calles— siempre que no sean discriminatorias. Es decir, no se puede decir «no aparquéis aquí porque sois autocaravanas», pero sí «ningún vehículo puede estar más de 24 horas» o «esta calle está reservada para residentes».
Entre la vivienda y el turismo
El debate de fondo es la crisis de vivienda. Como refleja la discusión, para algunos la autocaravana se ha convertido en la única opción de tener un techo propio, aunque sea sobre ruedas. Pero esa necesidad choca con la convivencia urbana: cuando un vehículo de más de siete metros se instala semanas en la misma plaza, la calle deja de ser espacio público para uso rotatorio y se convierte en extensión de un hogar.
El BOE habla de igualdad: no discriminación. Pero la letra pequeña deja margen para que cada ayuntamiento decida cómo gestiona el fenómeno. El dato que descoloca: la norma que se presenta como una conquista para unos puede ser la excusa perfecta para que otros aprieten las tuercas. Las ordenanzas locales serán, al final, las que dicten la realidad.