El manual de 1939 que decía que los moros son «como hermanos»
Un libro de texto de Historia de España publicado en 1939, el año en que terminó la Guerra Civil, explicaba a los escolares que el pueblo ibero procedía del norte de África y que de él descendían también los marroquíes. La consecuencia, según el epígrafe, era que los soldados marroquíes que combatían en el llamado Gran Movimiento Nacional peleaban «alegres y contentos» junto a los españoles porque «se encuentran como en casa». El texto, firmado por el Instituto de España, cerraba con una frase que hoy suena a otra cosa: «Son como hermanos nuestros y las tierras de Marruecos son como una continuación de nuestras tierras de España».
La cita, recuperada en un apartado de Historia, ha reabierto la discusión sobre cuánto de aquello era ciencia y cuánto propaganda. Porque el párrafo no describe una realidad: justifica una política. En 1939 Marruecos no era una continuación de España, era un protectorado. Y los regulares que Franco había usado como tropa de choque desde 1936 no eran hermanos, eran soldados coloniales a sueldo.
¿De dónde venían los iberos según el manual de 1939?
El texto afirma que el ibero, «o sea el venido del Norte de África», es el grupo que más dominó y dio base al pueblo español. De ahí deduce el parentesco con los marroquíes y, de ahí, la armonía durante los siglos de presencia musulmana en la península.
La respuesta más repetida en el apartado es un no rotundo. Hay quien sostiene que los iberos no procedían del norte de África: serían una cultura autóctona de la península, con influencias culturales llegadas de oriente a través de griegos y fenicios. Las poblaciones que sí llegaron miles de años antes lo habrían hecho desde Asia, como al resto de Europa. La tesis del manual no se sostendría ni en la arqueología ni en la genética.
Lo llamativo es el mecanismo: se convierte una hipótesis étnica en una herramienta de legitimación colonial. Si los marroquíes son primos, ocupar su territorio no es ocupar, es reunificar. El epígrafe se titula, literalmente, «Los moros y nosotros».
El protectorado, los regulares y la propaganda colonial
El manual no inventa el contexto, lo maquilla. Marruecos era territorio bajo control español y los regulares habían participado en la guerra. Había una oportunidad de hispanizar África y el relato la presentaba como un reencuentro familiar.
La comparación con Francia aparece pronto: hay quien señala que el discurso colonial francés también presentaba a corsos y meridionales como mediterráneos hermanados con los argelinos. Mismo esquema, distinta bandera. La diferencia es que el manual español lo metía en la escuela.
Hay quien recuerda que los marroquíes que Franco trajo no eran solo marroquíes: había ceutíes y melillenses de la Legión y Regulares. El matiz no cambia el fondo. Eran carne de cañón con un relato encima.
Qué queda hoy de aquel parentesco ibero-marroquí
Poco. La discusión deriva hacia la genética y ahí el manual se hunde. Hay quien asegura que los análisis de ADN sitúan el aporte norteafricano en España en porcentajes bajos, y los rasgos que se atribuyen a los iberos se reparten entre poblaciones mediterráneas muy distintas.
La conversación también se enreda en quién es más celta, si gallegos o asturianos, y en si un italiano y un español se distinguen a simple vista. Un participante asegura que a dos kilómetros nota la diferencia; otro responde con ironía sobre el sentido arácnido. Es el nivel.
Lo que sí queda claro es que el párrafo de 1939 no era inocente. Servía para que un niño de posguerra viera al soldado marroquí como un hermano y no como lo que era: la tropa colonial de un ejército que acababa de ganar una guerra.
El dato que descoloca: el manual llamaba a Marruecos «una continuación de nuestras tierras» en el mismo año en que el protectorado seguía siendo protectorado. La propaganda nunca necesitó ser cierta. Solo necesitaba ser útil.