EXTREME DERROITION
Más derroído que ayer pero menos que mañana
Jorobar cuando yo era niño…
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El mundo cambió más que tú: el guion de estudiar, casarse a los 27 y comprar piso se rompió por la vivienda, los salarios y una demografía distinta. La sensación de disparate tiene causas medibles.
La vida ordenada que te contaron de niño —estudiar, trabajar, casarte, comprar piso, tener hijos, morir a los 85— no era una ley natural. Era un guion que funcionó durante unas décadas concretas del siglo XX y que hoy se ha descosido. No es que hayas cambiado tú: cambiaron las condiciones que hacían posible ese guion.
El Banco de España calcula que un hogar medio necesita más de 7 años de renta bruta para comprar una vivienda, cuando en los años noventa bastaban 4. El alquiler se come en las grandes ciudades más del 40% del salario joven, según los índices de precios de alquiler del INE. Sin acceso a vivienda, se caen en cadena la emancipación, la pareja estable y los hijos: no es una elección vital, es una restricción presupuestaria.
La herencia se ha convertido en la principal puerta de entrada al ladrillo. Entre 2015 y 2022, más del 40% de las compras de vivienda en España las hicieron personas que no necesitaron hipoteca, según registradores. Quien no hereda, alquila de por vida.
La edad media del primer hijo en España superó los 32 años en 2023, según el INE, y la fecundidad cayó a 1,12 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo. El número de matrimonios se ha reducido a la mitad desde 2007. Y cada vez más gente vive sola: los hogares unipersonales ya son el 26% del total.
La diversidad sexual y de género también es más visible. El CIS estima que alrededor del 6% de los jóvenes se identifica como no heterosexual. Eso no rompe nada: simplemente el guion heterosexual único ya no describe a todo el mundo, y nunca lo describió del todo.
El salario medio español ronda los 2.200 euros brutos al mes en 2024, según la EPA, pero el 30% de los asalariados cobra menos de 1.400. La productividad creció un 15% desde 2000 mientras los salarios reales apenas un 3%. Esa brecha explica la sensación de remar sin avanzar.
Las redes sociales añaden una capa de comparación constante. No es que antes no hubiera ricos ociosos: es que ahora los ves a todas horas en la pantalla del móvil.
Si el tema te afecta al bolsillo o a la salud mental, consulta a un profesional antes de tomar decisiones.
Jorobar cuando yo era niño…