Presión migratoria: entre bloqueo comercial y expulsión extrema
Cuando la presión migratoria en la frontera sur vuelve a copar la conversación, una parte del discurso público no se conforma con reforzar vallas. Hay quien plantea desde dejar que los visados Schengen se conviertan en billete de ida hacia Francia o Bruselas, hasta medidas que cruzan la línea de lo constitucional. El denominador común: la idea de que la única solución es que se vayan solos.
Trabas al tránsito y presión sobre Marruecos
Menos recursos, no más muros. Algunas corrientes sostienen que la clave está en castigar al país de origen: cortar el tránsito de mercancías con Marruecos desde mañana mismo, ni un kilo de ida ni de vuelta, y esperar que en 24 horas el problema se resuelva sin recurrir a la violencia. Otras prefieren herramientas de presión diplomática y comercial a escala europea, aunque admiten que la respuesta comunitaria no suele ser inmediata.
La tentación de la expulsión exprés
En el lado más duro, la discusión se ha desplazado hacia propuestas de dudosa legalidad: internamientos sin suministros, trabajos forzados para levantar muros o devoluciones acompañadas de intervenciones médicas forzadas. Formulaciones que no aparecen en ningún programa electoral, pero que miden hasta dónde está dispuesta a llegar una parte de la opinión pública cuando la frontera se desborda. La ironía es que, en paralelo, no faltan quienes recuerdan la vía más barata: un visado Schengen y un billete de bus a Bruselas.
Lo llamativo del cruce de propuestas es la distancia entre el coste cero de un bloqueo comercial y el coste reputacional de una política de expulsión extrema. A día de hoy, ninguna de las medidas radicales tiene recorrido legal. Pero el simple hecho de que se formulen como solución marca el clima de una conversación que ya no pregunta cómo integrar, sino cómo hacer que se marchen.