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Será en Octubre
La tortura del transporte público…
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El calor sofocante en el transporte público de Londres durante el verano se ha convertido en un problema recurrente, con temperaturas extremas en vagones y autobuses que llevan a los usuarios a buscar alternativas.
El verano londinense, ese periodo que se supone debe traer un respiro, se ha transformado en una prueba de resistencia para los habitantes de la capital británica. Las temperaturas, que en ocasiones han superado los 40º, han convertido el metro y los autobuses en auténticos hornos. Mientras el alcalde, Sadiq Khan, ha prometido aire acondicionado, la realidad es que esta mejora se limita, por ahora, a las cabinas de los conductores de autobús, dejando a los pasajeros a merced del aire recalentado que se cuela por las escasas ventanillas abiertas.
La red de metro de Londres, que transporta a cerca de cuatro millones de pasajeros al día, solo cuenta con aire acondicionado en cuatro de sus líneas: District Line, Circle Line, Hammersmith & City Line y Metropolitan Line. Aunque la potencia de este sistema no es desmesurada, al menos permite una mínima circulación de aire fresco. En contraste, las líneas más antiguas, como la Piccadilly o la Bakerloo, dependen de la ventilación natural de las ventanas, una solución poco eficaz cuando el calor aprieta. Esta situación ha llevado a algunos usuarios a tomar medidas extremas, como saltar a la parada más cercana antes de sufrir un colapso. La resignación británica ante estos inconvenientes es palpable, con pasajeros que aguantan estoicamente las altas temperaturas sin alzar la voz, a diferencia de los turistas, que observan la escena con desconcierto.
Ante la imposibilidad de viajar cómodamente, muchos londinenses han buscado alternativas para escapar del calor. Los ferris de Uber, conocidos como Thames Clippers, que navegan por el río Támesis, experimentaron un aumento de pasajeros de más del 83% durante las semanas más tórridas del verano. Estos ferris, que normalmente transportan a unos 10.000 usuarios diarios, se convirtieron en un refugio fresco. De manera similar, las bicicletas eléctricas de plataformas como Lime o Voi vieron un incremento en su demanda de entre el 50% y el 100% en los picos de calor de junio, julio y agosto. Según un informe del London Evening Standard, casi la mitad de los londinenses optaron por caminar o pedalear en lugar de utilizar el transporte público, a pesar del esfuerzo físico que esto supone con temperaturas y humedad extremas.
Las líneas de metro más afectadas por la falta de climatización parecen estar sufriendo las consecuencias. Líneas como la Piccadilly (-9%) o la Bakerloo (-3,3%) han registrado descensos notables en el número de usuarios en 2026. Aunque no existen datos estadísticos que vinculen directamente estas caídas con las altas temperaturas, los expertos señalan el calor como la causa principal de esta "deserción" de pasajeros. Es un claro contraste con la campaña publicitaria de principios del siglo XX, que animaba a los londinenses a usar el metro en verano para refrescarse, cuando la temperatura de los túneles rondaba los 14º. Hoy, la combinación de tráfico, aglomeraciones y cambio climático ha convertido al legendario "tube" en un lugar infernal.
La tortura del transporte público…