Alerta 5: el mismo guion que ya vimos en febrero de 2020
¿Por qué vuelve el miedo a la calle justo ahora? El planteamiento que abre el asunto es que el Gobierno deja hacer, el PP pide más seguridad y represión, la televisión habla de bulos y la izquierda espera en silencio. El resultado, sostiene la tesis inicial, es el mismo esquema que en
febrero de 2020: primero el susto, después las restricciones y, por aclamación popular, el «es por nuestra seguridad». La discusión no va de si hay o no amenaza; va de quién se beneficia del relato.
De la pandemia al terrorismo: el patrón que se repite
El paralelismo se apoya en un detalle concreto: el
29 de febrero de 2020, una divulgadora que colaboraba con RTVE publicó un vídeo burlándose de quienes compraban mascarillas y llamó «bulo» a esa necesidad. Unos días después llegó el 8M, todos los medios y los expertos decían lo mismo, y luego se produjo el gran cambiazo de narrativa oficial: el vídeo desapareció y quienes repetían lo mismo pasaron a ser señalados como negacionistas. Ese giro es el corazón del asunto. No es el único ejemplo que se maneja: hay quien recuerda que durante la pandemia se «probó» el sistema de alertas de Protección Civil, y ahora se vuelve a hablar de alerta 5 en plena resaca del conflicto en Gaza.
Quién pide más seguridad y quién se queda callado
El reparto de papeles que describe el material es casi teatral. Por un lado,
VOX y su entorno piden mano dura; por otro, el PSOE guarda silencio y espera. Hay quien sostiene que la derecha entra al trapo de la narrativa y acaba pidiendo más cadenas y más protección de Papá Estado, justo lo que dice combatir. Y en medio, un mensaje que circula por redes avisando de un
SMS falso que anuncia una alerta 5 inexistente. La confusión no es un accidente: es el terreno de juego.
El confinamiento como solución universal
La broma recurrente es que todo se arregla igual: confinamiento sanitario, confinamiento climático y confinamiento antiterrorista. La sospecha que sobrevuela es que el toque de queda con militares en la calle convertiría al que se salta la norma en poco menos que un terrorista. Y el timing, insisten, no es casual: la guerra de Ucrania empezó justo después del terrorismo covid, y el terrorismo islamista vuelve a los telediarios cuando Ucrania pierde fuelle. Todo muy medido, porque la borregada solo puede asimilar una catástrofe a la vez.
El papel de los medios y de los expertos de guardia
La crítica más repetida apunta a los divulgadores y a los programas de tertulia. Se menciona un espacio nocturno que trajo a dos especialistas para tranquilizar a la audiencia, y se subraya que uno de ellos milita en VOX. La acusación es de manual: dicen una cosa y sugieren la contraria. Primero avisan de un bulo, luego deslizan que no es la primera vez que la versión oficial cambia, después piden calma, y de fondo recuerdan que Al Qaeda ha declarado la yihad a occidente. El resultado es un espectador alarmado al que se le dice que no se alarme.
El negocio del miedo y la moneda digital
En el fondo del asunto aparece el dinero. Hay quien sostiene que el escenario ideal para justificar la abolición del efectivo y la libertad de movimiento es un confinamiento obligatorio por amenaza terrorista. El euro digital, la deuda y el control de capitales se cuelan en la conversación como piezas de un mismo puzle. No hay pruebas de nada de esto, solo sospechas encadenadas. Pero la coincidencia de fechas y de relatos es, para muchos, demasiada coincidencia.
Al final, la pregunta no es si hay o no amenaza. La pregunta es cuántas veces más vamos a comprar el mismo guion con distinto decorado. Y la respuesta, de momento, la seguimos pagando a plazos.