Espuma que endurece más que el cemento para sellar los túneles
En el debate se menciona un sistema de espuma de poliuretano de alta densidad para bloquear la red de túneles subterráneos en Gaza. El material, que se expande al aplicarse y fragua hasta superar la dureza del cemento, se inyectaría en los accesos conocidos y en los respiraderos para impedir el movimiento de combatientes y el traslado de armamento. La discusión sobre su eficacia y sus consecuencias ha derivado en un intercambio de propuestas alternativas que van desde el uso de agua a presión hasta la inyección de gases, pasando por el empleo de aguas residuales, una técnica que, según se afirma, Egipto ya habría utilizado en el pasado para inundar los túneles transfronterizos.
Qué es la espuma de poliuretano y cómo actúa
La espuma de poliuretano es un polímero que se expande al mezclarse sus componentes y endurece en pocos minutos. Aplicada en grandes cantidades, puede rellenar galerías y bloquear el paso de forma permanente. En el contexto de los túneles de Gaza, su uso permitiría sellar tramos sin necesidad de introducir tropas en un entorno hostil, reduciendo el riesgo de bajas. El material se ha descrito como más duro que el cemento una vez curado, lo que lo convierte en un tapón difícil de retirar sin maquinaria pesada.
La principal ventaja es que actúa a distancia: se inyecta desde la superficie o desde la entrada de un túnel y se expande hacia el interior. Esto evita combates en espacios confinados, donde la superioridad tecnológica se diluye. Sin embargo, la efectividad depende de un conocimiento preciso de la red subterránea, que se estima mucho más extensa de lo que se ha cartografiado.
Alternativas sobre la mesa: agua, gases y aguas residuales
La espuma no es la única opción que se ha discutido. Algunos análisis han sugerido el uso de agua a presión, aprovechando la cercanía del mar, para inundar los túneles y forzar la salida de quienes se refugian en ellos. Otros han propuesto la inyección de gases más densos que el aire, como el dióxido de carbono, que desplazaría el oxígeno y provocaría asfixia, aunque su manejo presenta riesgos para la población civil en superficie.
Una tercera vía, ya empleada según se relata, es el uso de aguas residuales. Egipto habría inundado con ellas los túneles que cruzan su frontera para frenar el contrabando. Esta práctica se presenta como una opción de bajo coste y alta disponibilidad, aunque su eficacia a gran escala no está cuantificada.
El debate sobre la población civil y la responsabilidad
El uso de estas técnicas ha reavivado la controversia sobre la presencia de civiles en las zonas de operaciones. Una parte de los intervinientes sostiene que los túneles se utilizan exclusivamente con fines militares y que quienes permanecen en ellos son combatientes o colaboradores, por lo que no cabría hablar de víctimas inocentes. Otros argumentan que la red subterránea también sirve de refugio a familias y que bloquear las salidas de ventilación podría tener consecuencias letales para quienes no participan en los combates.
La discusión deriva hacia el origen de la financiación de la infraestructura. Se afirma que parte de los fondos internacionales destinados a ayuda humanitaria habrían sido desviados a la construcción de túneles, lo que genera un agravio entre quienes consideran que su dinero ha servido para financiar la guerra en lugar de mejorar las condiciones de vida.
El contexto histórico y las advertencias sobre el futuro
El intercambio de opiniones incluye referencias a la retirada israelí de Gaza en 2006 y a la posterior toma de control por parte de Hamás. Se menciona que la ausencia de elecciones en Cisjordania desde entonces responde al temor de Al Fatah a una victoria de Hamás, y se cita una encuesta según la cual un 67% de la población gazatí apoyaría los ataques contra civiles israelíes. Estos datos se utilizan para argumentar que la desconexión entre la población y las autoridades es menor de lo que se supone.
También se advierte de que el conflicto no terminará con la destrucción de los túneles. Se augura que, pasados meses o años, volverán a producirse atentados, porque las causas profundas permanecen intactas. La discusión se cierra sin un consenso sobre si el bloqueo de los túneles es una medida proporcionada o un castigo colectivo.
Datos clave
- La espuma de poliuretano se expande y endurece hasta superar la dureza del cemento.
- Egipto habría inundado los túneles transfronterizos con aguas residuales desde 2013.
- Un 67% de los gazatíes apoyaría los ataques contra civiles israelíes, según una encuesta citada.
- Israel se retiró de Gaza en 2006.
La eficacia de la espuma a gran escala no se ha demostrado con datos públicos. Tampoco está claro cuántos túneles quedan operativos ni cuántos han sido sellados. Lo que sí parece seguro es que el debate sobre los métodos empleados y sus consecuencias para la población civil no va a cerrarse con el último túnel bloqueado.