El mercado de segunda mano: estafas, ITV y una condena de dos años
En marzo de 2026, la Audiencia de Pontevedra confirmó una condena de dos años de cárcel para un comprador que adquirió un Peugeot 406 en Vigo, lo condujo sin ITV ni seguro (multa de 1.700 euros) y luego lo revendió usando el nombre del antiguo dueño para eludir sanciones. El caso es un termómetro de lo que opinan muchos: el mercado de ocasión en España es un pozo de trampas.
Los precios de los coches nuevos se han disparado y la tecnología (AdBlue, hibridación) es vista por algunos como una «estafa» que obliga a financiarse de por vida. La respuesta ha sido alargar la vida de los vehículos antiguos. Un mecánico de Toyota comentaba que los Prius alcanzan los 500.000-600.000 kilómetros sin problemas. Pero el envejecimiento del parque tiene efectos colaterales: las ITV se han vuelto disfuncionales, y los vídeos de «chapuzas» se multiplican.
Mientras, la política municipal juega al escondite: el alcalde de Madrid, Almeida, habría retirado la prohibición de circular sin etiqueta, lo que algunos interpretan como un guiño al clásico «coche a gasógeno». La contradicción es flagrante: se incentiva lo nuevo con etiquetas pero se permite lo viejo sin restricciones.
El dato que descoloca: si en 2005 un coche de 15 años era de 1990, en 2026 uno de 15 años es de 2011. Y un 2005 aún se menea mejor que un 2026, según los que los mantienen. La ruina del mercado de ocasión no es solo económica: es un síntoma de desconfianza en el sistema.