Drogoprofe
Himbersor
Yo diría un pulsómetro y zapatillas
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Y de botellero, un litro de cristalDe momento gana el de la bici de 25 kg , que era la ligera de Bahamontes... usa unos calzoncillos de esparto para que duela mas... una camiseta de pryca y la boina que heredo de su abuelo.
Con las bicis los hombres hacéis el ridículo lo mismo que con los coches, con el padel, con las motos, con el tenis, con el fútbol, con el trabajo, y con todo lo demás. El problema no es el vehículo, es la obsesión por aparentar. Si os gastárais en terapias lo que os gastáis en las bicis, seríais más felices.
Yo tengo un amiguete que de pequeño sus papás le compraban zapatillas inferiores stilo, paredes.Aún no te has percatado de qué va esto de la vida; tanto hombres como mujeres seguimos jugando durante toda nuestra existencia, en cierto modo nunca pasamos de la infancia/adolescencia. Lo único que cambia son los juguetes, que pasan a ser de verdad. Es así y forma parte de nuestra naturaleza, lo hacemos incluso sin darnos cuenta.
A los tíos les gusta socialmente competir unos con otros, molar más, ser más guay, que la gente te admire, estar al nivel de tus colegas o por encima; cada cual se busca su juego y compite en él. Normalmente, aparte de una satisfacción personal, se busca un reconocimiento por parte de los demás.
A las tías, aparte de esto, que también, les va más el jugar a las casitas y los muñecos, manipular, organizar y llevar a la gente por donde ellas quieran.
El problema es cuando el juego se te va de las manos y se convierte en una obsesión, no encuentras el límite o cuando no llegas al nivel que quieres e intentas suplirlo metiendo dinero y un tiempo excesivos. Esto está fomentado por el marketing de los que venden los juguetes para adultos.
Tu propio comentario es el paradigma del “juego” de las mujeres: intentar manipular y cambiar la naturaleza innata de los hombres.
Ayer me encontré en mitad de la mancha conquense a un ciclista, no muy precavido.
Yo en mi coche a las 17:45, con el aire a tope que no daba abasto, tendríamos cerca de los 40ºC, todo amarillo por los rastrojos, ni una sombra, y de repente, a lo lejos en la estepa una figura tambaleante.
Un ciclista, un ciclista con una solanera del copón, pero se puede ser más imprudente.
Luego le dará un golpe de calor.
Le adelanté despacito, yéndome al arcén de otro sentido, que casi no existe en esa carretera, vamos que estaba en el sembrao en vez de en la carretera y encima me mira con desprecio.