El islam predica la igualdad racial, la historia dice otra cosa
Según se sostiene en el debate, durante siglos los peregrinos musulmanes del África subsahariana que iban camino de La Meca se convertían a mitad de ruta en mercancía. Llegados a la altura del Sáhara, algunos guías les ofrecían un viaje barato; terminaban vendidos antes de ver la Kaaba. Arabia Saudí no suspendió esa práctica hasta
1962, y lo hizo bajo presión de Occidente, no por un cambio ético interno, según esa misma versión. Es la cara más cruda de un asunto que recorre catorce siglos: el islam se presenta como la religión que enterró las jerarquías raciales, y sin embargo cada califato ha tenido una etnia en la cúspide y varias bajo ella.
Qué dice el Corán sobre la raza y qué pasó en la práctica
El versículo 49:13 afirma que la humanidad se hizo en pueblos y tribus para reconocerse mutuamente, y que el más noble ante Dios es el más piadoso, no el más blanco ni el más árabe. Un hadiz atribuido al profeta insiste: ningún árabe es mejor que un no árabe, ningún blanco mejor que un negro, salvo por la piedad. Sobre esa base, buena parte de los creyentes defiende que el
racismo no es islámico, sino un añadido de sociedades imperfectas. La objeción es que entre la doctrina y la realidad de los califatos hay un abismo que no se explica solo por la debilidad humana.
Por qué la identidad árabe acabó siendo el eje del poder
Los árabes se consideran descendientes de Ismael, hijo de Abraham con la esclava Agar. La tradición islámica carga de prestigio ese linaje y lo vincula a la construcción de la Kaaba. De ahí a la primacía árabe hay un paso que la historia recorrió sin complejos. En los primeros años de la expansión, las tropas ya eran mayoritariamente no árabes mientras la cúpula seguía siendo árabe. Es esa tensión entre masa conversa y élite originaria la que, para algunos intervinientes, terminó reventando: la
revuelta abasí del siglo VIII sería, en su lectura, el primer gran aviso de que la etnia pesaba más de lo que el discurso admitía.
Al-Ándalus y el dominio de minorías sobre mayorías
Al-Ándalus funciona como laboratorio. La mayoría andalusí —hispanogodos conversos— quedó sistemáticamente apartada, mientras una minoría árabe, poquísima en número, ocupaba la cúspide. Por debajo, bereberes y sirios, también musulmanes, completaban una pirámide donde la fe común no borraba la procedencia. La rebelión de Omar ben Hafsún, que se levantó contra el poder cordobés desde Bobastro y acabó regresando al cristianismo, se lee como la constatación de que, para el rebelde, la identidad étnica pesó más que la religiosa. El patrón se repite: grupos pequeños y cohesionados gobernando mayorías ajenas.
Bereberes y persas: el coste de ser musulmán sin ser árabe
Bereberes y persas aparecen como los dos pueblos que más habrían sufrido la islamización. El argumento sostiene que la marginación bereber —tratada como mano de obra en la expansión— contribuyó a derrotas tempranas frente a los francos y al afianzamiento del Reino de Asturias. En el caso persa, la tesis es que la pérdida de centralidad imperial explica que una civilización milenaria no haya vuelto a operar como potencia. Los mamelucos, circasianos o albaneses que gobernaron Egipto; los mongoles y turcos en Persia y la India; la camarilla alauita sobre una mayoría suní en Siria: el patrón de dinastías ajenas a su propio pueblo se repite durante siglos.
Esclavitud, harenes y guardias importadas
El islam reguló la esclavitud y la expansión se apoyó en el cautiverio como fuente de mano de obra y de soldados, según se sostiene en el debate. Los ejemplos se acumulan: los disturbios del
siglo IX protagonizados por población subsahariana trasplantada en masa, los eunucos que formaban las guardias personales de los gobernantes —turcos, eslavos, circasianos, en algunos casos cristianos— y a los que se enfrentaba entre sí para que el señor sobreviviera. La huella genética en las regiones árabes sería, según se afirma, el rastro de un comercio de gran volumen.
La endogamia y el matrimonio entre primos
Un punto menos discutido: el matrimonio entre parientes cercanos, autorizado por el Corán en la sura An-Nisa, favorece una endogamia que en ciertos países se ha cronificado. El argumento sostiene que las dificultades para encontrar pareja fuera del clan convirtieron la práctica en norma en amplias capas sociales. En comunidades segregadas por etnia, el fenómeno se agrava. Hay quien sostiene que la práctica tendría efectos sobre la salud y sobre la inteligencia media.
Quién tradujo a los griegos: el papel cristiano
Frente a la imagen del mundo islámico como guardián del saber clásico, se subraya que los principales traductores del legado griego fueron cristianos árabes y judíos, con nombres como Hunayn ibn Ishaq. Incluso la escritura cúfica, asociada habitualmente al islam, habría sido creada por misioneros cristianos en el siglo VI, según inscripciones fechadas en los años
512 y
568. De ahí extraen algunos la conclusión de que el islam no aportó la transmisión cultural que se le atribuye.
El cierre que descoloca
Hay quien recuerda que ciertos países árabes tenían mejor renta per cápita que España hace seis décadas y que la brecha se ha invertido hasta multiplicar por diez la distancia en el caso egipcio. Otros responden que quince años de guerra civil en el Líbano y errores de política explican buena parte del atraso sin recurrir a la religión. Un tercer grupo, minoritario, sostiene que a la mayoría de los creyentes su fe les da igual como teología: funciona como identidad y herramienta de cohesión. Y luego está la fecha que deja a casi todos sin respuesta.
1962.