drojadisto
Madmaxista
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Lo primero que llama la atención de la esfinge es la desproporción de la cabeza, demasiado pequeña para ese cuerpo, situación que ha generado hipótesis de que en algún momento, seguramente hacia la IV dinastía, se hubiera tallado con la figura del faraón que hoy vemos.
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Algunos han sugerido que habría estado mirando en ciertos momentos del pasado a la constelación de Leo, lo que reforzaría la idea de que la figura original fuera la de un félido. El trato reverencial que se profesaba a los gatos en el antiguo Egipto, según se cuenta, vendría a refrendar esa línea.
Pero lo cierto es que no está del todo claro porque lo que nos sugiere la propia evidencia arqueológica y la cosmogonía egipcia es que podría tratarse, se dice, de un “chacal”. De una imagen de Anubis, aquel que juzga las almas de los perecid con su balanza, según la creencia.
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Si uno va a buscar la imagen de un chacal egipcio, no se parece en nada. Ni a las representaciones de Anubis, que comparten sugerentemente posición con la esfinge, ni a la propia esfinge.
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Si pensamos que realmente pudiera tratarse de un león, faltaría el mechón en la punta de la cola, por más que éste pudiera hallarse hoy ausente. Y si pensamos que es una representación de Anubis, resulta que no se parece mucho a un chacal.
Sin embargo, curiosamente, en Malta se conserva un linaje de cánido, similar al galgo: fisionomía delgada, aunque no tanto, hocico alargado, aunque no tanto y pelo corto. Suele presentar pelaje en tonos rojizos y, no por casualidad, se le llama “pharaoh hound dog”. ¿Misterio resuelto?
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Todavía no, porque si lo que buscamos es realmente el animal actual más parecido a las numerosas representaciones de Anubis que se conservan, siempre en tono oscuro, lo que hallaremos es el xolo (Xoloitzcuintle) mexicano.
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Así que parece que la relación entre México y Egipto no se limita a la afición por las pirámides sino que incluiría, si no una cosmogonía paralela, un gusto similar por los animales domésticos.
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Algunos han sugerido que habría estado mirando en ciertos momentos del pasado a la constelación de Leo, lo que reforzaría la idea de que la figura original fuera la de un félido. El trato reverencial que se profesaba a los gatos en el antiguo Egipto, según se cuenta, vendría a refrendar esa línea.
Pero lo cierto es que no está del todo claro porque lo que nos sugiere la propia evidencia arqueológica y la cosmogonía egipcia es que podría tratarse, se dice, de un “chacal”. De una imagen de Anubis, aquel que juzga las almas de los perecid con su balanza, según la creencia.
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Si uno va a buscar la imagen de un chacal egipcio, no se parece en nada. Ni a las representaciones de Anubis, que comparten sugerentemente posición con la esfinge, ni a la propia esfinge.
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Si pensamos que realmente pudiera tratarse de un león, faltaría el mechón en la punta de la cola, por más que éste pudiera hallarse hoy ausente. Y si pensamos que es una representación de Anubis, resulta que no se parece mucho a un chacal.
Sin embargo, curiosamente, en Malta se conserva un linaje de cánido, similar al galgo: fisionomía delgada, aunque no tanto, hocico alargado, aunque no tanto y pelo corto. Suele presentar pelaje en tonos rojizos y, no por casualidad, se le llama “pharaoh hound dog”. ¿Misterio resuelto?
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Todavía no, porque si lo que buscamos es realmente el animal actual más parecido a las numerosas representaciones de Anubis que se conservan, siempre en tono oscuro, lo que hallaremos es el xolo (Xoloitzcuintle) mexicano.
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Así que parece que la relación entre México y Egipto no se limita a la afición por las pirámides sino que incluiría, si no una cosmogonía paralela, un gusto similar por los animales domésticos.
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