Alemania encara un vuelco demográfico que la prensa ya no esconde
¿Puede un país cambiar de mayoría sin que nadie lo vote? La prensa alemana ha empezado a reconocerlo en sus páginas: las proyecciones demográficas apuntan a que la población sin antecedentes migratorios dejará de ser mayoritaria en unas décadas. No es un fenómeno repentino. La demografía es una de las variables más predecibles que existen, porque quienes poblarán el país en 2060 ya han nacido en su mayoría. Lo que cambia no es el futuro, sino que ahora se escriba en voz alta.
De mayoría a minoría: los números del vuelco
Los cálculos que maneja la prensa alemana son de una contundencia que no admite matices. Entre mediados de siglo y 2060, el envejecimiento y fallecimiento de la generación del
baby boom reducirá el número de alemanes autóctonos en varios millones. La horquilla que se publica es amplia: entre
17 y 20 millones de ciudadanos sin origen migratorio podrían fallecer antes de 2050, mientras que los nacimientos en ese mismo grupo apenas alcanzarían entre seis y siete millones si se mantiene la tasa de fertilidad actual, en torno a
1,3 hijos por mujer.
Al otro lado de la balanza, los nacimientos entre personas con antecedentes migratorios crecerían de forma notable. Hay dos razones: una mayor presencia de mujeres en edad fértil y una tasa de natalidad más elevada, que algunas estimaciones sitúan cerca de
1,8 hijos por mujer. Eso elevaría el número de nacimientos hasta unos nueve millones en el mismo periodo, a lo que se sumaría una inmigración anual que podría rondar las
400.000 personas.
El resultado ya se atisba en los datos actuales. En Alemania, alrededor del
40% de los recién nacidos tiene al menos un progenitor de origen inmigrante, aunque algunas estimaciones elevan esa cifra hasta la mitad de los nacimientos. Si las tendencias se mantienen, la proporción entre población con y sin antecedentes migratorios podría igualarse en torno a mediados de siglo, posiblemente antes de 2060. El fenómeno sería especialmente visible en grandes ciudades y áreas metropolitanas del oeste, mientras que las zonas rurales del este mantendrían durante más tiempo una mayoría de población autóctona.
El escenario de 2100: entre el 25% y el 35%
Las proyecciones a más largo plazo dibujan un panorama todavía más transformador. De mantenerse los patrones actuales de natalidad, inmigración y esperanza de vida, la población alemana sin antecedentes migratorios podría representar entre el
25% y el 35% del total hacia el año 2100. Algunos análisis subrayan que el cambio se produciría en un plazo históricamente muy breve: los 75 años que separan la actualidad del próximo cambio de siglo son menos que la esperanza de vida media en Alemania. Muchas personas nacidas hoy podrían presenciar esa transformación durante su vida.
La discusión pública, sin embargo, no ha seguido el mismo ritmo que los datos. Parte de la derecha política considera que el cambio poblacional tendrá profundas implicaciones culturales y sociales. Sectores progresistas sostienen que una sociedad más diversa es un proceso inevitable y positivo en un mundo globalizado. Varios observadores señalan que el verdadero impacto del cambio demográfico apenas se discute en profundidad dentro del debate público alemán.
¿Por qué se habla ahora de guerra civil?
La advertencia sobre un posible conflicto civil no sale de un análisis demográfico, sino del clima social que rodea a esos datos. Hay quien sostiene que la convivencia entre comunidades con trayectorias demográficas divergentes puede generar tensiones crecientes si no se gestionan. Otros responden que la integración y el paso del tiempo terminarán diluyendo las diferencias culturales. Entre ambos extremos, la mayoría de los análisis publicados coinciden en un punto: la sociedad alemana dentro de unas décadas será muy distinta de la actual, y el ritmo de esa transformación será uno de los factores clave que marcarán su evolución política durante el resto del siglo.
El debate sobre si esa transformación se ha votado o se ha impuesto recorre buena parte de las discusiones. Una corriente sostiene que los partidos proinmigracionistas han ganado elecciones sucesivas y que, por tanto, el electorado ha respaldado esas políticas. Otra responde que la inmigración masiva nunca se sometió a un debate explícito y que la ciudadanía no decidió los volúmenes concretos. Es una discusión que no se cierra, y que probablemente se repetirá en cada país europeo que afronte cifras similares.
Con estos diferenciales demográficos, la política alemana debería estar reordenándose en torno al tema. Sigue funcionando como si el asunto fuera secundario. Nadie explica del todo por qué.