Atresmedia estrena «Zorras»: revolución sexual solo para ellas
En 2023, Atresmedia colgó en su plataforma de pago una serie promocionada como un catálogo de iniciación sexual:
«Zorras». Prácticas como el exhibicionismo y una lista de fantasías por completar. La campaña la vendía como
revolución sexual y, según la crítica que abrió el hilo, dejaba claro a quién iba dirigida: a ellas. A los hombres, sostiene esa misma crítica, no les llega esa parte del guion, sino la letra pequeña.
La polémica no está solo en el contenido. Está en el marco: una parte de los análisis sostiene que la serie forma parte de un
programa de ingeniería social que reescribe lo ocurrido hace medio siglo, mientras que otra lectura, más prosaica, apunta que Atresmedia solo persigue audiencia y suscripciones. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y eso es lo incómodo.
Qué es «Zorras» y cómo se promociona
El material de promoción funciona como un menú. Fantasías, prácticas concretas y un tono de deber pendiente: lo que queda por probar. Los adjetivos que acompañaron el lanzamiento en prensa fueron del tipo «sacerdotisa del sexo» o «diosa», aplicados a la autora de las novelas en que se basa la serie. No es descuido de marketing: es el
modelo a imitar que se coloca en el escaparate, según quien lo denuncia.
Hay un detalle que resume el tono. La lista de prácticas venía con una errata de bulto, según la crítica que abrió el hilo: la palabra aludida aparecía mal escrita,
shibari convertido en «sibari». Quien promociona una revolución cultural con la ortografía de las propias fantasías descuidada merece, como mínimo, que se le tome la medida.
La doble vara de medir en el sexo y en la ley
El reproche más repetido no va contra la serie, sino contra la asimetría del marco. Un exhibicionismo, según se argumenta, es delito perseguible si lo protagoniza un hombre; la misma conducta en una mujer aparece envuelta como fantasía deseable, una casilla más de la lista. El mismo acto, dos códigos.
A eso se suma el terreno legal. Un participante afirma, sin aportar la norma concreta, que el
consentimiento explícito se exige bajo pena de hasta 15 años de cárcel y decenas de miles de euros en posibles indemnizaciones, un escenario que, a su juicio, empuja a cualquier hombre a la cautela extrema. Hay quien va más allá y describe una suerte de laberinto de normas contradictorias: consentimiento, no cosificar, afecto, no abusar de posición de poder. Cumplirlo todo, dicen, es una gymkana.
Antena 3 ya no es lo que era
Antena 3 nació como cadena de perfil conservador. Telediarios con Luis Herrero, entrevistas a figuras de la derecha, programas de debate con Trevijano. Aquella etapa desapareció. El diagnóstico más común en el hilo es que la publicidad se ha ido a internet y las cadenas buscan suscriptores en sus plataformas de pago, con el nicho que antes ocupaban ya abandonado.
La comparación con Estados Unidos es inevitable.
FOX conservó durante años un público fiel que ahora se siente huérfano, y
Disney ha ido perdiendo dinero mientras la directiva intentaba revertir su línea de contenidos. La diferencia, apuntan, es que ninguna de esas empresas ha logrado desandar lo andado sin un conflicto interno mayúsculo.
Por qué Atresplayer apuesta por series turcas
El catálogo de la plataforma se divide entre producción propia y telenovelas turcas. Según un análisis del hilo, las segundas aguantan mejor la comparación: fórmula conocida, oficio y un producto que, dentro de sus límites, no pretende ser un manifiesto. Frente a eso, las apuestas propias de contenido social acumulan, a su juicio, un problema de tono que se nota en cada tráiler.
Un usuario que dice haber visto el primer episodio pirateado lo resume así: 25 minutos, guion predecible, actuaciones flojas y un lenguaje de guiño forzado al público joven. Su pronóstico es que el público joven al que se dirige se reirá de ella y que el retorno es difícil.
¿Qué relación se establece entre sexualidad y natalidad?
Un eje del análisis es demográfico. Se sostiene que desligar el sexo de la reproducción pasa factura, que existen en el planeta
4.000 millones de mujeres y que solo un porcentaje mínimo está en el punto de mira de esta ingeniería cultural. Fuera de ese foco, se afirma, hay sociedades con tasas de reproducción cinco veces superiores a la europea autóctona.
Añaden un efecto paradójico: la hipersexualidad temprana de los jóvenes llevaría a la indiferencia sexual en la veintena, cuando ya nada excita porque todo se ha consumido. La sospecha de un diseño deliberado sobre todo esto no se apoya en ninguna prueba aportada, y conviene tratarla como lo que es: una sospecha.
El orden moral rígido como tentación y su límite
En el tramo final aparece la salida incómoda: la tentación de un orden moral más rígido, con pudor y valores compartidos, frente al hedonismo de consumo. Es un lamento recurrente, y el propio análisis lo desactiva al instante: un sistema que no admite disidencia no es refugio para quien la practica.
Con estos mimbres, la pregunta de fondo sigue sin respuesta. No está claro si la serie es propaganda deliberada o simple negocio de una televisión que busca suscripciones. Quien defiende lo primero cita la coincidencia de mensaje en toda la parrilla; quien defiende lo segundo se limita a mirar el balance de Atresplayer. Nadie cierra el caso.