Me Toca: 211.750 euros para cronometrar quién friega los platos
¿Cuánto cuesta saber quién friega los platos en casa? Si el contador lo pone el Ministerio de Igualdad, la respuesta tiene seis cifras:
211.750 euros. Esa es la cantidad del contrato firmado con la consultora tecnológica Wairbut S.A. para desarrollar el portal y la aplicación móvil Me Toca, la herramienta con la que la ministra Irene Montero y la secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, Ángela Rodríguez Pam, quieren medir el reparto de las tareas domésticas dentro de cada hogar. Ambas tienen previsto presentarla en sociedad en los próximos días, según la información publicada por
OKDIARIO.
Qué es Me Toca y qué dice el contrato
El Ministerio la promociona con un eslogan de manual: «¿Agotada de que te toque siempre a ti las tareas del hogar? Descarga la app MeToca, crea tu equipo de trabajo y… ¡a compartir!». El procedimiento son tres pasos: descargar la aplicación, crear un
equipo invitando al resto de miembros de la casa y registrar las tareas habituales. A partir de ahí, la app genera gráficas con quién dedica más tiempo, qué tipo de tareas asume cada uno y el nivel de esfuerzo declarado.
El contrato se firmó con Wairbut S.A. por
211.750 euros bajo un concepto que suena a expediente: «Servicios informáticos necesarios para el desarrollo de un portal del Ministerio de Igualdad y desarrollo de una aplicación móvil de registro de tareas domésticas y cuidado en unidades de convivencia». Según los portales de aplicaciones, como desarrollador figura directamente el Ministerio de Igualdad. No hay proveedor externo visible para el usuario.
Veinte tareas, tres niveles de esfuerzo y un ránking familiar
La aplicación obliga a elegir entre
veinte conceptos: acompañamiento y enseñanza, arreglo de ropa, asistencia a reuniones, atención emocional, cambio de ropa de casa, comprar comida, cuidado y paseo de mascotas, cuidados y vigilancia, cuidado de personas adultas, equipamiento del hogar, fregar vajilla, gestiones del hogar, hacer la colada, jardinería, planchar, planificar actividades y comidas, poner y quitar la mesa, recoger y ordenar, reparaciones de la vivienda y tareas administrativas.
Cada vez que se completa una, se pulsa el botón de añadir, se selecciona el nivel de esfuerzo (
1, 2 ó 3) y la duración, en múltiplos de cinco minutos y con un máximo de
ocho horas. Después todo se suma y sale un ránking con quien más y quien menos colabora. Registrarse exige nombre o alias, edad y género: femenino, masculino o no binario. La estética, señalan las capturas, recuerda al
Tetris.
¿Por qué hay trabajo doméstico que no cabe en la app?
Porque la lista no es exhaustiva ni objetiva. Entre las actividades que no aparecen están sacar la basura, llevar el coche a la ITV, la fontanería, la pintura o los papeleos y las declaraciones de renta. Hay quien añade que parte de ese trabajo no consume tiempo pero sí organización, y que el esfuerzo depende de quién lo mida: hay tareas que uno hace porque le parecen imprescindibles y el otro no las ve necesarias.
Un caso resume el problema. Una persona relata que estuvo diez días trabajando fuera y que a la vuelta se encontró
cinco bolsas de basura perfectamente alineadas esperando en casa para ser llevadas al contenedor. La tarea estaba asignada, sí. Ejecutada, no.
¿Cuánto cuesta desarrollar una aplicación así?
Aquí empieza el segundo frente. Los 211.750 euros se comparan con un desarrollo que, sostienen las críticas, no debería pasar de un trabajo de fin de ciclo: una lista de tareas con cuatro gráficas y una base de datos pequeña. Se apunta a la tecnología empleada —Flutter— como prueba de que el coste real habría sido muy inferior. La comparación con Radar Covid, la app de rastreo de contactos de la pandemia, aparece en el debate.
Otra corriente saca la calculadora y reparte el dinero: si el desarrollo técnico costó una fracción, el resto se habría ido en intermediarios. Es un cálculo sin verificar, pero circula con la misma soltura que la cifra oficial. Y detrás, el argumento recurrente del coste de oportunidad: ese gasto no irá a pensiones, hospitales ni carreteras.
De una cumbre en Ginebra a las capturas filtradas
Rodríguez Pam ya avanzó en mayo que Igualdad trabajaba en este proyecto. Lo hizo en una cumbre en Ginebra, sin dar muchos detalles y con dos ideas de fondo: que las tareas del hogar recaen mayoritariamente en las mujeres y que la app debía replicar lo que ya hacen las aplicaciones para repartir gastos en un viaje de amigos. De aquella intención a las capturas con precios y listas de tareas hay un salto que resume bien la evolución del asunto.
¿Corresponsabilidad o injerencia en la vida privada?
El registro no obliga a nadie: la app hay que descargarla por decisión propia y el equipo familiar se forma con invitaciones. El problema no es la coacción, es la dirección. Una parte del análisis ve en la herramienta un modo razonable de hacer visible el trabajo doméstico que nadie contabiliza; otra lee en ella un paso más hacia la tutela de lo privado y avisa de que lo que hoy es opcional puede acabar siendo exigido.
También se discute el enfoque de fondo. La idea más repetida: satisfacer las necesidades básicas de un hogar no es un empleo, porque nadie paga por mantener a nadie con vida. Medirlo en minutos convierte la convivencia en una
hoja de cálculo con ganadores y perdedores. Hay incluso quien bromea con que el invento multiplicará las separaciones.
La app promete armonía doméstica por 211.750 euros y un ránking familiar de por medio. Fregar los platos uno mismo sigue saliendo gratis.