La mili vuelve por la puerta de atrás: voluntaria, pero con la sombra de la obligatoriedad
El BOE del 19 de junio de 2026 ha confirmado lo que muchos temían: el servicio militar regresa a España, aunque con un enfoque voluntario y centrado en las cohortes de 2007 y 2008. La noticia, publicada por Ideal, detalla que Defensa reactiva la prestación con un año de duración y una paga que, según las primeras estimaciones, rondaría el salario mínimo. Sin embargo, el carácter voluntario del nuevo modelo ha generado un escepticismo generalizado: "primero voluntario, después obligatorio" es el mantra que se repite entre los analistas más suspicaces.
¿Voluntaria o caballo de Troya?
El argumento central de los más críticos es que la historia reciente demuestra que las prestaciones "voluntarias" rara vez se quedan así. La figura del "solo la puntita" —como ironizan algunos comentaristas— apunta a que el Gobierno progresista actual busca preparar el terreno para una futura obligatoriedad. La base legal, por cierto, nunca la derogó: la mili quedó suspendida en 2002 mediante la Ley 17/1999, no abolida. Un simple cambio de disposición podría reactivarla por completo. Mientras tanto, se recuerda que el servicio militar obligatorio ya existió hasta 2001 y que su regreso solo requiere una decisión política.
La diferencia con el Ejército profesional
Una de las preguntas clave que flota en el ambiente es qué atractivo puede tener una mili voluntaria frente al actual Ejército profesional. Los detractores apuntan a que la paga sería sustancialmente inferior a la de un soldado profesional y que las condiciones de vida en los cuarteles difícilmente competirán con el mercado laboral. "¿Quién va a ser tan necio de hacer la mili voluntaria pudiendo ser soldado profesional?", se preguntan. La respuesta probable: aquellos que busquen una formación rápida, un plus en su currículum o, simplemente, una experiencia que les saque del paro juvenil. Pero el escepticismo domina: se ve como un parche que, tarde o temprano, derivará en un reclutamiento forzoso.
El coste económico y el trasfondo político
No es casualidad que el anuncio coincida con un contexto de tensiones geopolíticas crecientes. Las referencias a un posible "Frente del Este" contra Rusia y la necesidad de "carne de cañón" para futuros conflictos aparecen una y otra vez. Sin embargo, desde una óptica económica, la vuelta de la mili tiene implicaciones presupuestarias: se evita incrementar el gasto en personal profesional, se externalizan parte de las necesidades de defensa hacia ciudadanos a bajo coste. Al mismo tiempo, se abre un debate sobre la discriminación por edad —los nacidos en 2007 y 2008 se llevan la peor parte— y sobre la igualdad de género: la nueva mili incluye tanto a hombres como a mujeres, lo que en caso de obligatoriedad generaría un escenario inédito.
El antecedente de los reservistas voluntarios
Conviene recordar que España ya cuenta con una figura de reservista voluntario desde hace años, pero con un número de plazas muy limitado y orientado a especialistas. La nueva mili se diferencia en que está dirigida a la población general —jóvenes sin formación militar previa— y se concibe como un programa masivo. El riesgo de que se convierta en un "servicio social" en lugar de una prestación militar real está sobre la mesa. De hecho, algunos ven en el énfasis en "resiliencia" y "crecimiento personal" indicios de que el Gobierno busca reemplazar la actual prestación social por un año de cuartel, con el consiguiente ahorro en políticas de juventud.
La pregunta que queda en el aire es si la mili voluntaria será realmente eso o si, como el conejo de la chistera, acabará convirtiéndose en una obligación. El BOE dice voluntaria, pero la historia y la desconfianza ciudadana apuntan a otra cosa. ¿Estamos ante el principio del fin del Ejército profesional tal como lo conocemos?