La industria para cuando el viento no sopla
Con la reducción estacional del viento en verano, la industria española vuelve a enfrentarse a paradas técnicas. Las plantas de automoción en Valencia, Navarra o Zaragoza, que ya operan con márgenes de risa, sufren cortes cuando la eólica cae. A esto se suma una bajada del 35% en las retribuciones por desconexión, lo que encarece aún más la factura para los grandes consumidores.
El tejido industrial que queda en España es un esqueleto: química en Tarragona, siderurgia en Asturias y Cádiz, y un sector agroalimentario que resiste. Todos dependen de un suministro eléctrico estable y barato. Con la nuclear vista para sentencia y la eólica intermitente, la ecuación no sale.
Los partidos –PSOE, PP, Junts– convierten la energía nuclear en un juguete político. Mientras, las grandes electrolizadoras y hornos de arco se apagan. Y el dato que descoloca: las retribuciones por desconexión se han reducido un 35%, justo cuando más se necesitan para mantener la estabilidad de la red.
Con este panorama, la industria no para por falta de demanda: para por un modelo energético que no casa con la realidad de un país que necesita 24/7 de electricidad firme.