Más de 9.000 empleos destruidos: la industria española pierde pulso
Entre el final de 2023 y los primeros meses de 2024, el mapa industrial español se llenó de puntos rojos. Cierres de fábricas de Bimbo y Danone, parones en proveedores de Ford y expedientes de regulación de empleo en ArcelorMittal, Siemens Gamesa y la propia Ford. La suma de trabajadores afectados supera los 9.000, y la sensación es que la lista no está cerrada.
Cierres y ERE: el nuevo paisaje industrial
La oleada golpea sectores muy distintos: alimentación, acero, automoción y energía eólica. Bimbo y Danone cierran plantas; ArcelorMittal y Siemens Gamesa presentan ERE con miles de empleados; la red de proveedores de Ford se resiente. Hasta un conocido despacho de abogados, sector poco sospechoso de desindustrialización, anunció 200 salidas vía ERE en una semana. El hilo conductor no es sectorial, es transversal: la producción pierde gas en todos los frentes.
Las causas: energía, impuestos o un ajuste cíclico
Aquí el consenso se rompe. Una corriente señala la política energética: un ejecutivo que, junto a Alemania, reniega de la nuclear y deja el coste de la luz por las nubes. Otra apunta a la presión fiscal y la burocracia: cuando los impuestos se comen más de la mitad de la facturación, la competitividad es un chiste. Pero también hay quien recuerda que la subida de tipos ha pillado a muchas empresas con balances inflados y accionistas exigiendo recortes. El ciclo de dinero caro, y no la ideología, sería el verdadero verdugo. La seguridad jurídica aparece en todas las variantes.
Fondos Next Generation: el maná que no convence
La cuestión se enreda con los 150.000 millones de euros de los fondos europeos Next Generation, presentados como el impulso que necesita la industria. La lectura escéptica es demoledora: se está subvencionando con deuda un tejido productivo que sigue destruyendo empleo. Si el maná no acaba ejecutándose, el espejismo será doble.
La inteligencia artificial, ¿causa o excusa?
La automatización aparece como sospechosa habitual: traducción automática, conducción autónoma y código generado entran en el radar. Pero otra lectura matiza: la IA es la excusa perfecta en un entorno de tipos altos, y las empresas ni siquiera se fían de ella después del escándalo de Samsung con ChatGPT, que llevó a muchas a prohibir su uso a los programadores. La sustitución real de empleo por algoritmos, dicen, aún está lejos.
Dos años y medio después, el diagnóstico no cambia
Lo más inquietante del periodo llega al final del recorrido: dos años y medio después, la situación sigue exactamente igual. Las terrazas siguen llenas y el PIB maquilla la foto, pero las naves vacías, los 600.000 profesionales formados que emigraron y la búsqueda de empleo hecha a base de más de 50 llamadas en frío para arañar tres entrevistas dibujan otra realidad. El análisis se atasca ahí: nadie acaba de explicar por qué el maná europeo, la bajada de tipos y el tirón del consumo no logran revertir la hemorragia.