Boicot a Jovenlandia: la diana apunta a firmas españolas
La planta de Stellantis en Kenitra tiene capacidad para 535.000 vehículos al año, el mismo nivel que Balaídos, en Vigo. Esa cifra —y la lista de modelos que salen de allí: Dacia Sandero, Peugeot 208, Citroën Ami, Opel Rocks y Fiat Topolino— ha prendido una campaña que pide dejar de comprar todo lo que llegue de Jovenlandia. El problema aparece al leer la letra pequeña: media lista la firman empresas españolas o cotizadas en España.
Ebro, Borges y Agroatlas: las señaladas
El núcleo del boicot apunta a compañías con producción en el país vecino. Ebro Foods, dueña de SOS, Nomen y Brillante, opera la mayor fábrica de arroz del norte de África. Borges comercializa aceitunas y Agroatlas se señala como principal proveedor de verduras frescas para las grandes cadenas de distribución. La consigna es fácil de enunciar y muy incómoda de liquidar: mirar el origen en la etiqueta y descartar lo jovenlandés.
Ahí está el anzuelo del asunto: el desglose de qué compañías y qué productos entran de verdad en la lista es donde la campaña se vuelve un problema para más de uno.
Ni el inodoro se salva
La cruzada tiene su vertiente doméstica. Quien compró un inodoro Roca hace unas semanas se descubre fuera de su propia lista. En el automóvil, la contradicción es mayor: el Dacia Sandero, el Peugeot 208 o los microcoches eléctricos Citroën Ami y Fiat Topolino se montan en Jovenlandia. La fábrica de Kenitra, además, acaba de estrenar dos modelos Fiat —el SUV Grizzly y el crossover deportivo Fastback— sobre la plataforma Smart Car. Marca blanca, francesa o española, el origen delata a casi todas.
Etiqueta o calle: el boicot se parte en dos
No todos confían en el carrito de la compra como arma. Frente a la consigna de no comprar, hay quien sostiene que el boicot de supermercado no mueve un solo consejo de administración y que la presión real se ejerce en la calle. El contraargumento es contundente: cientos o miles de camiones jovenlandés cruzan España cada día cargados de mercancía. Gesto de consumo contra pulso colectivo. Las dos vías siguen abiertas.
¿Cambia algo un carrito de la compra en un mapa industrial que se reescribe desde hace una década?