Negacionismo y cifras: por qué el 6 millones sigue discutiéndose
Una presentación de dos horas y siete minutos promete desmontar la cifra de 6 millones. No es un vídeo cualquiera: circula con la etiqueta de “revisionismo”, y su argumentario ya no se limita al clásico eslogan. Ahora se discute si fueron 5.235.000, si se les cayó un cero, o si el Holocausto es un invento con partida doble.
La cifra de seis millones de víctimas judías no es una ocurrencia. Se apoya en censos anteriores a la guerra, registros de deportación y archivos de los propios perpetradores. El giro “contable” del negacionismo consiste en tratar la Historia como una auditoría: si el número no cuadra, la factura se rompe. Pero la magnitud no cambia la naturaleza del crimen; mover una cifra no borra los hechos.
Otra maniobra recurrente es la comparación: si se habla de 6 millones, ¿por qué no de los 11 millones de esclavizados? La pregunta suena a sensatez, pero no aporta ningún dato nuevo. Solo convierte la memoria en un concurso de víctimas, una estrategia que el análisis económico reconoce al instante: cuando no se pueden discutir los hechos, se discute el método de cálculo.
Si la cifra exacta fuera irrelevante para la gravedad del asunto, ¿por qué tanto esfuerzo en moverla? Esa es la pregunta que el negacionismo no responde: si fuera un simple error contable, no haría falta una presentación de dos horas para decirlo.