Los 6 millones diarios que España paga para que no se apague la luz
España se gasta 6 millones de euros al día en intentar que no vuelva a haber un apagón. Esa es la cifra que resume el modo reforzado con el que Red Eléctrica sostiene el sistema desde el cero energético de abril. Cinco meses después, en septiembre, los técnicos volvieron a capear anomalías de tensión y el operador reconoció que el país sigue en riesgo inminente. El escudo antiapagones amortigua. No cura.
Un sistema que tira de gas y nuclear para no caerse
Los costes del sistema eléctrico se dispararon un 58% en septiembre por ese modo reforzado, y el porcentaje de renovable no integrable por restricciones técnicas se ha disparado también. Para sostener la frecuencia, el operador echa mano del gas y de las nucleares: más emisiones y más coste fijo, justo lo contrario del relato verde con el que se vendió la transición. La presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor, concentra buena parte de las críticas, aunque hay quien apunta a un problema de fondo: el nivel inversor de la compañía está regulado por ley de una manera que ahora produce estrangulamientos.
La red que ya no admite más enchufes
Casi 5.000 subestaciones eléctricas no pueden conectar nueva demanda. El 90% de la industria que pidió instalarse en España en 2024 no pudo hacerlo por falta de capacidad. Hay quien sostiene que más del 80% de los nodos estarían saturados. La paradoja es de manual: se despliega generación renovable a toda velocidad mientras el cable que debe evacuarla se queda corto. El resumen más certero cabe en seis palabras: mucho panel y poco cable.
El fraude eléctrico que pagamos entre todos
Otra fuente de presión son las pérdidas no técnicas. Según un cálculo que circula en el foro, el fraude por cultivos de marihuana en Catalunya equivale al consumo anual de Girona, Tarragona, Lleida y Sabadell, y la Fiscalía de Barcelona ha propuesto endurecer las penas para convertirlas en cárcel firme. Mientras, el sobrecoste del propio apagón ronda ya los 800 millones y el Gobierno se abre a repartirlo en la factura de todos los consumidores. La pregunta incómoda la hace cualquiera que pague la luz: si ya pagamos un pastizal, ¿por qué la red sigue sin actualizarse?
El almacenamiento estacionario —baterías de ion-sodio a las que un participante atribuye, citando a CATL, un coste de materiales de 10 dólares por kWh— aparece en casi todos los escenarios como la salida. Si el precio cae como predicen los más optimistas, el problema de potencia dejará de serlo. Si no cae, o si la inversión en red sigue atada al pulso político, la próxima anomalía de tensión no pillará a nadie por sorpresa. Que alguien haya hecho los deberes para cuando llegue es otra cosa.