El gobierno de Donald Trump ha alcanzado un acuerdo con la República Democrática del Congo para deportar a inmigrantes latinoamericanos indocumentados a Kinshasa, según revela una información del diario El País fechada el 21 de abril de 2026. La medida afecta a ecuatorianos y colombianos que, tras ser detenidos en suelo estadounidense, son enviados a un país del que no son originarios ni solicitantes de asilo. El plan, bautizado oficiosamente como «de Guatemala a Guatapeor», busca desincentivar la inmigración irregular mediante el envío a territorios donde la situación es aún más precaria.
Una práctica que ya tiene precedentes. El Reino Unido aplica un esquema similar con Ruanda, y ahora Estados Unidos lo extiende al corazón de África. La diferencia está en el perfil de los deportados: no se trata de migrantes africanos, sino de latinoamericanos que, al no poder ser repatriados a sus países por falta de documentación o por negarse a identificarse, terminan en un destino que ni siquiera está en su mapa. «Si no saben si eres dominicano o hondureño, van a buscar un país peor que el tuyo y para allí te mandan», se lee en los análisis que circulan sobre el caso.
Un coste calculado para generar imagen de dureza
La operación tiene un coste logístico elevado, pero fuentes cercanas al proceso indican que el objetivo no es la eficiencia, sino la disuasión visual. Enviar a un migrante colombiano a Kinshasa en lugar de a Bogotá multiplica el gasto, pero envía un mensaje claro: quien intente eludir las leyes migratorias puede acabar en un lugar mucho peor que su país de origen. «Rentable y sostenible no es, así que se trata más de dar un escarmiento y crear una imagen», coinciden los observadores.
Los testimonios de los deportados recogidos por la prensa describen la sorpresa al llegar a un continente que nunca imaginaron conocer. «Nunca pensé conocer África en estas circunstancias», declara uno de ellos. Una vez en Kinshasa, dependen de sus gobiernos para ser repatriados, aunque antes se negaban a regresar voluntariamente por miedo a amenazas en sus países. Ahora, la realidad del Congo les hace reconsiderar la opción del retorno.
El efecto llamada al revés: disuasión en cadena
La estrategia se inscribe en un contexto de endurecimiento global de las políticas migratorias. Mientras el Reino Unido envía solicitantes de asilo a Ruanda, Estados Unidos innova con un tercer país no limítrofe. La pregunta que flota en el aire es si España podría adoptar una fórmula similar, aunque con destinos como Marruecos o Argelia. De momento, la noticia ha generado un debate intenso: algunos la consideran una medida ejemplarizante y necesaria; otros, un abuso de los derechos humanos que externaliza el problema sin resolverlo.
Lo que es seguro es que el «efecto llamada» se ha invertido: ahora la amenaza de acabar en el Congo podría frenar a muchos potenciales migrantes. Pero el coste humano y económico de estas políticas aún está por calibrarse.
Debates relacionados en el foro