¿Nos robaron la juventud con alcohol y drogas?
¿Alguna vez has sentido que tu juventud se esfumó entre botellones y fines de semana sin rumbo? Una corriente de análisis sostiene que la generación de los 90 y 2000 fue víctima de una ingeniería social que promovía el desfase como única forma de ocio. La película “Jostel” (hace 20 años) se convierte en símbolo de aspiraciones reducidas a borrachera y droga. Pero no todos compran el diagnóstico: hay quien señala la responsabilidad individual y la falta de iniciativa.
El modelo de ocio que nos impusieron
Se argumenta que la cultura juvenil española de finales del siglo XX y principios del XXI estaba diseñada para generar una masa de jóvenes conformistas, con consumismo de alcohol y drogas como válvula de escape. La España que había recibido oleadas migratorias internas desde zonas rurales trajo consigo un bajo nivel educativo y valores de supervivencia. El resultado: un ambiente donde ser «normal» implicaba emborracharse cada fin de semana, y quien tenía aspiraciones distintas quedaba marginado. Algunos cálculos señalan que hasta el 80% de los compañeros de juventud en ciertas provincias eran hijos de inmigrantes de la España maldita, desarraigados y sin red familiar.
El punto de inflexión: la pandemia
Los confinamientos de 2020 cambiaron las pautas. Según un sector del análisis, la generación que debía haber empezado su época de fiesta en 2020-21 descubrió un ocio más saludable y constructivo: gimnasio, lectura, relaciones auténticas. El llamado “Birú” (el virus) actuó como catalizador de un cambio que ya se intuía. La juventud actual, según esta visión, es más patriota, más consciente de la deriva europea y menos interesada en el alcohol. Se habla de una «generación sana y civilizada» en contraste con la anterior.
¿Robada o autoinfligida?
En el otro extremo, hay quien sostiene que el sentimiento de juventud robada es pura excusa. Señalan que siempre hay opciones: estudiar idiomas, irse al extranjero, apostar por la formación. El caso paradigmático es quien, habiendo pasado un curso en Alemania, no supo aprovecharlo y acabó en Elda, sin título y lamentándose. «Te han robado la juventud, pero también te la has robado tú», resumen. La culpa del país de mierda o la chusma que te rodea es un discurso que evita mirar al espejo.
El cálculo completo de lo que se perdió no está hecho, pero los números de abandono escolar y consumo de alcohol en menores de 30 años han caído significativamente desde los niveles de 2000. Lo que no cuadra es por qué la percepción de robo persiste en quienes hoy superan los 35. Quizá la respuesta está en que la nostalgia siempre pinta el pasado peor de lo que fue, y el futuro mejor de lo que será. O tal vez, efectivamente, hubo factores externos que moldearon un estilo de vida que ya no volverá. A buenas horas.