El gallo persa de León: 15 siglos de historia sobre una torre
En el año 2000, cuando bajaron el gallo de la torre de San Isidoro de León para poner una réplica, no esperaban encontrarse con una pieza de la Persia Sasánida del siglo VI. El hallazgo, basado en el diseño y en restos de polen en su interior, sugiere que esta veleta recorrió medio mundo antes de acabar coronando una muralla leonesa. La pregunta que nadie responde del todo: ¿cómo llegó hasta ahí?
Un regalo de Al-Ándalus a los reyes leoneses
La hipótesis más extendida es que el gallo, símbolo de fuerza militar, fue un obsequio del Califato de Córdoba a los monarcas de León. Colocado en la torre que formaba parte de la muralla defensiva, el ave de metal –originalmente recubierta de oro– aguantó a la intemperie durante quince siglos hasta que la erosión y el expolio aconsejaron su retirada. Hoy, el original descansa en el Museo de San Isidoro, con una sala propia y una iluminación que, según los visitantes, realza sus detalles.
La polémica: ¿auténtico o invento local?
Como era de esperar, no todo el mundo se lo cree. Algunos analistas señalan que el estudio científico que data la pieza no es de acceso público, lo que alimenta las dudas. “Es curioso que un supuesto estudio pagado con dinero público no sea accesible”, se argumenta. Otros, en cambio, recuerdan que el mismo museo alberga otras piezas excepcionales, como una caja de marfil vikinga o el vínculo con Berenguela de León, infanta que llegó a ser emperatriz de Bizancio. La coincidencia de que una ciudad del norte de España posea objetos de tres civilizaciones distintas (persa, vikinga y bizantina) invita a pensar que la historia de León es mucho más cosmopolita de lo que cuentan los libros de texto.
Lo que el dato no dice
Más allá del debate identitario –siempre presente cuando se habla de León y sus supuestas grandezas–, el gallo persa plantea una cuestión económica: el valor patrimonial y turístico de estas piezas. Mientras la réplica sigue girando en la torre, el original atrae visitantes al museo. Pero el escepticismo sobre su autenticidad puede lastrar ese potencial. Como suele ocurrir, la falta de transparencia en los estudios alimenta las leyendas urbanas. Y en este caso, la leyenda es demasiado buena para no contarla, aunque los datos no sean del todo firmes.
La pregunta que queda en el aire: si el gallo es realmente sasánida, ¿qué otros tesoros esconde la historia de España sin que lo sepamos?
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